Memorial del Tepozteco
A / Resplandor Cuando el cielo y el mar eran una sola extensión de plata y fuego y la brisa de Punta Corta refrescaba la tarde, si el marinero ilustrado…
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A / Resplandor Cuando el cielo y el mar eran una sola extensión de plata y fuego y la brisa de Punta Corta refrescaba la tarde, si el marinero ilustrado…
A / Dentro y fuera Corrió la fama del marinero. De Punta Corta, de Los Mangos, de San Miguel de Adentro, de la selva que escondía los esteros de Agua…
Felipe Garrido* A/ La primera enseñanza Supe del marinero por una serie de notas que Joaquín Armenta, entonces mi amigo, publicó en un diario de la costa. En ese tiempo,…
A / PELIGROS DEL MONTE Hermosos son estos cerros de chaparral y piedras desnudas. De plata parecen cuando les da la luna. Y en el día reverberan; hacen temblar la…
A/ Vidas paralelas Como todos los días, Guadalupe le había tomado la delantera. Ahí estaba el hueco en la cama. Becas, ascensos, aumentos, mejores opciones… Así había sido su vida.…
A / Un baúl Ni la tía Ruth, ni la abuela Marta, ni siquiera su prima Elisa, la más vieja de todos, sabe quién es la muchacha que me mira…
El viernes 25 y el sábado 26 de abril se celebró en Tepoztlán, en su Nuevo Mercado Municipal, el IV Encuentro Nacional de Escritores en la Montaña. Coordinado, como los…
El viernes 25 y el sábado 26 de abril se celebró en Tepoztlán, en su Nuevo Mercado Municipal, con el generoso apoyo del Ayuntamiento de la ciudad, el IV Encuentro…
A / La felicidad A mucha gente en la isla le preocupaba la felicidad. Cada quien la buscaba como podía. Los turistas llegaban urgidos y compartían con los isleños modos…
A / Un demonio A Elizabeth Tercera las historias de diablos y demonios le producían un largo escalofrío que se le quedaba en el vientre. Y el Marinero Ilustrado lo…
A / Un jardín La tía Delfina tiene el jardín más bonito que hay en la Tierra. Tiene mangos, floripondios, limones, guayabas, tabachines, moreras y lichis, que son unas frutas…
A/ Insomnio —Tengo miedo—dijo la niña con una vocecita de algodón de azúcar, y alzó la mano para tocar al hombre que la veía, pero la bajó enseguida, arrepentida de…
A/ Una lavandera De la brasa del puro se alzaba una espiral ceniza mientras yo pensaba en el tiempo que pasa. En la azotea de enfrente, dos o tres pisos…
A / Teresa Todo, en un tiempo todo lo habría dado yo por unir mi vida con la de Teresa. La esperaba en el automóvil, a pocas cuadras de su…
Felipe Garrido* A/ Ya verás Llegarás de noche y tendrás que salir antes de que amanezca. Así te lo dijeron. Verás que es verdad. En este pueblo, en su vecindad…
A/Censura Con el tiempo, don Atanasio Argúndez y Ávila fue perdiendo el vigor que durante tantos años lo llevó a pelear, una tras otra, batallas que sabía perdidas desde un…
A / Una gaviota En la terraza, una mujer sentada a una mesa de azulejos; unas hojas de papel, un cenicero, un estuche de anteojos, un libro con un sobre…
A/ Redonda la vasija como la Tierra, como el Sol, como el Absoluto. Uno se sienta al aire libre, a la orilla de Pátzcuaro; enciende un puro y sigue con…
A/ Olvida que una calavera es un símbolo de muerte. Piensa con tus abuelos indios que el cuerpo que baja a la tierra es una semilla que debe ser sepultada…
A/ Interminable Rubén, dice la viuda del inmenso poeta, vivió de su profesión como abogado; de pleitos que tenía. Escribía cuando iba fuera, en pedazos de papel, sobre la cabeza…
Eskrivir komo se pronunzia Deseosa de contribuir a la NEM, doña KonΨis Ijar del Oio –así escribía ella su nombre, sin perdonar nunca el doña, aunque fuera aún bien joven–…
A/ A pesar del mito de Adán, nada es tan de barro, tan de vida profunda como la mujer. Por eso, Amaranta, me parecen tan bellas y tan exactas estas…
A/ Ya estaba casi en los ochenta, pero pocas cosas le hacían tanta ilusión como platicar un rato con su esposo. Lo disfrutaba. Se sentía escuchada. Con él podía desahogarse,…
A/ San Silvestre el Joven Del auténtico San Silvestre el Joven no queda otra memoria que la de un encuentro que tuvo con el falso San Silvestre el Joven, o…
A/ Iban pues tras la mujer del manto y, llegados a la Alameda, luego se atrevían a darle alcance y la llamaban o apoyaban una mano en su hombro. Apenas…