A/Censura

Con el tiempo, don Atanasio Argúndez y Ávila fue perdiendo el vigor que durante tantos años lo llevó a pelear, una tras otra, batallas que sabía perdidas desde un principio. Descubrió los habanos y los mojitos, y se tiró en la hamaca para dejar que los días se fueran sin sentirlos. Pasaba las noches insomne, construyendo discursos que nunca dijo o levantándose para escribir rabiosamente, con su elegante caligrafía, largos alegatos que pasaba en limpio antes de enviarlos a La Voz de la Costa.

El subdirector lo llamaba por teléfono; le agradecía cada una de sus colaboraciones, lo elogiaba, le mandaba abrazos, saludos a la señora y a los hijos… y luego cortaba lo que le parecía excesivo.

Don Atanasio revisaba cada publicación y en su original, con un lápiz rojo, de cera, encerraba los trozos omitidos y volvía a soñar con ellos, con vehemencia, y escribía de nuevo sobre lo que le habían quitado y volvía a mandarlos, y así una y otra y otra vez.

B/ Amorosa

Véala bien, ya no hay tantas como antes –y la garza, para lucirse, hizo más amplio el giro sobre las aguas grises.

–Todo empezó cuando aquella princesa se enamoró del lago. Pasaba los días en la orilla; caminaba abriéndose paso por los tulares, los pies en el agua, un loto abierto en las manos.

La garza posó su blancura en la punta de un árbol oscuro.

–Dicen que un día llegó una gran comitiva. Un rey de otras tierras, de un reino distante, pedía la mano de la princesa, y había razones de peso para que su solicitud fuera aceptada. La princesa sintió que algo por dentro se le rompía y fue a ver al lago, que le dijo: «Vístete de blanco, rema bajo la Luna hasta el centro y salta al agua. Yo voy a recibirte y nadie podrá apartarte de mí jamás.

Cayó al lago la princesa, llegó hasta el fondo y volvió a salir blanca, emplumada, con alas poderosas.

Dicen que cuando se acaben las garzas el lago se va a quedar sin su novia, se va a morir de tristeza, se va a secar.

*Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Felipe Garrido