

A / Una gaviota
En la terraza, una mujer sentada a una mesa de azulejos; unas hojas de papel, un cenicero, un estuche de anteojos, un libro con un sobre como marcador. Escribe con un plumón azul. Su letra es grande y desigual.
Alza el rostro y mira el mar. Hay gente en la playa. Una gaviota se afana contra el viento, que la lleva tierra adentro.
Mordisquea el plumón un rato, pero no encuentra nada más que escribir. Dobla la hoja en tres, cuidadosamente, alisa cada doblez contra la mesa. Sus manos son hermosas.
Con el mismo cuidado va rompiendo el papel, varias veces, siempre por la mitad. Después lo alza en las manos abiertas y deja que la brisa se lo lleve.
B / Recuerdo

La niña, sentada en el piso, lo mira con los ojos arrasados en lágrimas. Sólo lo mira. Él hubiera querido que dijera algo, que gritara. ¡Era tan pequeña! Le busca los ojos, nada más, y él le esquiva la mirada. Aprieta los dientes mientras guarda en la maleta una camisa, algún calzón.
La mujer mira hacia otro lado, como si no estuviera en el cuarto, como si no supiera lo que pasa –nunca ha estado donde debe.
(Eso había sido muchos, muchos años antes, pero ahora, de pronto, lo recuerda. Con la angustia que sintió, el duelo, la desesperación que nada remedian, nada enderezan, en nada mitigan el dolor del rompimiento. No con la mujer, buena para nada; con la niña, carne suya. Por el contrario, lo hacen crecer, y él se ve cada vez más borroso en el espejo… al tiempo que recuerda.)
*Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

