Cementerio de las vivas

 

Desde el 2022 y hasta este febrero, 23 mujeres han perdido la vida al interior del Centro Federal de Readaptación Social Femenil de Coatlán del Río. Los informes oficiales declaran presuntos suicidios, pero varios reportes de órganos civiles como el Instituto de Defensoría Pública y la Comisión de Derechos Humanos denuncian violaciones a los derechos humanos de las internas, negligencia en la atención médica y psicológica, violencia sistemática y precariedades en las condiciones en las que viven; estas declaraciones hacen reflexionar sobre los “motivos” que orillaron a esas mujeres a “suicidarse”. El foco se intensificó en septiembre de 2022, tras la intoxicación de 400 internas al ingerir comida descompuesta, lo que exhibió también la práctica sistemática del traslado de cientos de reclusas desde otros centros estales penitenciarios, como el de Sinaloa, para llenar esta cárcel federal privada de Morelos, separando a estas de sus hermanas, madres, hijos, familiares y abogados. Testimonios de familiares y exreclusas exponen el infierno que viven en carne propia cientos de mujeres dentro de las frías, monumentales y aplastantes paredes del Cefereso: tortura, negligencia burocrática, nulas actividades recreativas o de trabajo, falta de médicos, sentencias devastadoras y un evidente deterioro mental. En la prensa se habla del turbio negocio de las prisiones privadas, privatizadas en el sexenio 2006-2012. Este esquema opera bajo un modelo donde asociaciones privadas son las encargadas de construir y administrar las cárceles, mientras el gobierno paga cuotas fijas por cada persona encarcelada. Una manera muy leonina de administrar la sentencia, la vida y muerte de estas mujeres. El caso ha pasado omiso a la opinión. ¿Merecen estas mujeres el olvido por estar en un proceso de sentencia? En una reflexión que hacía eco de Nietzsche, el filósofo francés Michel Foucault no dejó de preguntarse ¿por qué pensamos que el sufrimiento de los criminales está bien? Según informes recientes, el 40% de las internas no tienen condena. Es decir, hay 434 mujeres en prisión preventiva: a pesar de que la justicia aún no las ha declarado culpables, se ven obligadas a pasar años en una prisión de máxima seguridad. Zygmunt Bauman aborda, en Vidas desperdiciadas, cómo las sociedades modernas, en su afán de progreso y control, generan “residuos humanos” o grupos marginados que son excluidos y desatendidos. Las suicidas del Cefereso 16, descartadas del sistema, reducidas a vidas sin valor y expuestas a una extrema vulnerabilidad, están siendo orilladas a una situación límite, donde el suicidio parece ser ¿la única salida? ¿Hasta qué punto el sistema penal deja de ser un mecanismo de justicia y se convierte en un aparato de castigo y exterminio silencioso, un contenedor de vidas desechables?

*Laboratorio de Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

La mártir escultura de bronce de Auguste Rodin 1885. Museo Soumaya, CDMX.

Foto: Jazmin Aguilar

Jazmin Aguilar