Morelos: entre la oficializante turismización y la privatizadora patrimonialización.

 

“Son incomparables sus paisajes, asombrosa su fertilidad y riqueza, inmejorable su clima; la sencillez, franqueza, amabilidad y finura de sus habitantes, proverbial; pero á todo esto hay que añadir la gloria de que en Morelos comenzó la agricultura en nuestros países, y que de Morelos, como de un foco luminoso, irradió la civilización”, afirmó ‒1911‒ el clérigo, arqueólogo e historiador Francisco Plancarte y Navarrete, segundo obispo de Cuernavaca.

Habiendo las consabidas excepciones, la infraestructura y los servicios turísticos en torno al patrimonio natural y cultural morelense son insuficientes y deficientes. Peor aún, el turismo en nuestra entidad deteriora y destruye dicho patrimonio, porque faltan conocimiento e inteligencia en su salvaguardia y su aprovechamiento, convirtiéndose en bienes de vulgares usufructo y explotación. Como destino turístico Morelos no es la mejor experiencia.

Se insiste en la evaluación, pero el problema es quién, cómo y para qué evalúa, cuáles son los índices, parámetros e indicadores de medición. La Ruta de los Conventos y la Ruta Zapata son sólo buenas intenciones; se presume una falsa cocina morelense y la tradicional es ignorada; el monopolio del transporte público federal y el oligopolio del transporte local son un lastre; el diseño de políticas públicas se basa en intereses, ocurrencias y caprichos.

Se requiere una nueva Ley de Turismo del Estado de Morelos, tan reformada desde 2008; la Secretaría de Turismo debe formar parte de la Comisión de Memoria Histórica y Cultural del Estado de Morelos; se debe revisar naturaleza, estructura, fines y recursos del Fideicomiso de Turismo de Morelos; los ayuntamientos, así como las escuelas de turismo y gastronomía, públicas y privadas, y los ciudadanos debemos asumir un mayor compromiso en la materia.

Hace unos días se hizo el “lanzamiento” de la marca turística “Morelos. La Primavera de México”. El eje de la “marca” es el nombre de la entidad con un exceso de ilustraciones poco claras e inconexas. Es un diseño poco elocuente que incluye iconografía de los reconocidos tenangos hidalguenses de Tenango de Doria. Además, la iconografía temática es un tanto lúdica y demasiado básica para representar la invaluable riqueza cultural morelense.

“A centenares de miles de nacionales y extranjeros les son no sólo conocidas sino familiares las maravillosas” regiones morelenses”, refirió ‒1937‒ el ingeniero Felipe Ruiz de Velasco y Leyva. Sin embargo, “es lamentable convencerse de que habiendo en el centro de Morelos una tan privilegiada zona que fue siempre la primera por su agricultura, industria, comercio y pudiendo rivalizar por la belleza de su naturaleza tropical, permanezca ignorada”.

Historia y evoluciones del cultivo de la caña y de la industria azucarera en México hasta el año de 1910; Felipe Ruiz de Velasco; primera edición; Editorial Cvltvra; México; 1937; 546 pp.

Tamoanchan. El estado de Morelos y el principio de la civilización en México; Francisco Plancarte y Navarrete; primera edición; Imprenta de El Mensajero; México; 1911; 196 pp.

Imagen: Casa de Borda. Lago artificial (fragmento);

Cuernavaca, Morelos / ca. 1930 / Archivo Jesús Zavaleta Castro.

Jesús Zavaleta Castro