
BUROCRACIA MOJIGATA
(Tercera parte)
He aquí algunos ejemplos de los dichos populares que fueron censurados en mi Refranero gastronómico publicado en el 2014:
aunque todos somos del mismo barro, no es lo mismo bacín que jarro.
Esta sentencia reconoce la igualdad de todos los seres humanos, pero asimismo reclama la validez de las diferencias sociales (“¡todavía hay clases!”, diría Pedro). Aunque todos los descendientes de Adán estemos hechos de barro, no se puede comparar a una bacinica (o bacín), y su prosaica utilidad doméstica, con un jarro que sirve para beber. Conviene recordar que las antiguas bacinicas no eran metálicas, sino de cerámica.
echarse un taco de ojo.
Cuando no tenemos la posibilidad de deleitarnos de cerca, haciendo uso del tacto, con una bella mujer, cuando menos nos consolamos viendo sus atractivos, contemplándolos. Eso es echarse un taco de ojo, aunque no menos deleitoso es el verdadero: dentro de la familia de los tacos de cabeza de res (el género más sano, pues no es carne frita y refrita, sino cocida al vapor), los expertos sibaritas siempre piden de ojo, delicioso, suave y sápido cartílago; solo que no haya, pues es lo primero que se acaba, sigue uno con trompa, cachete, lengua, sesos, paladar con hueso blando o molleja, que es una glándula de la vaca.
hay que cacarear el huevo.
La expresión proviene de que las gallinas cacarean después de poner un huevo, como enorgulleciéndose de su fertilidad. Es una recomendación clásica de político o de burócrata de alto nivel. Por eso gastan sumas extraordinarias en lo que pomposamente llaman “comunicación social”, que normalmente no es otra cosa que vulgar publicidad para ensalzar a una persona; a veces gastan más en esa difusión egocentrista que en las acciones sustantivas que realizaron y pretenden divulgar. Es decir, gastan más en cacarear que lo que costó el huevo. A los contribuyentes nos sale más caro el caldo que las albóndigas. Lo que realmente desean no es hacer el bien, sino quedar bien.
hijo de la TOSTADA.
Es alguien malo. Es sinónimo de hijo de la guayaba. Más agresivo sería hijo de la fregada, más aún hijo de la tiznada y todavía peor hijo de la chingada. Cabe recordar que el creciente mestizaje mexicano, durante el siglo XVI, provenía siempre de español con mujer indígena y con frecuencia no surgía al calor del amor, sino de la violencia física. Por ello empezó a ser usual el término insultante aplicado a los mestizos de hijo de la chingada (o sea de la perjudicada o violada o fregada), apenas suavizado ligeramente, a veces, como hijo de la tostada o de la tiznada (manchada con tizne y, en sentido figurado, manchada en su honra u honor). La utilización de la guayaba quizá solo surgió para mitigar la carga agresiva. Un hijo de la guayaba es una persona menos mala que un hijo de la chingada. Por otra parte, algo está de la guayaba o de la tostada cuando está muy mal, o a alguien le fue de la tostada cuando le fue del cocol, o sea asimismo muy mal. En ocasiones se utiliza la deformación jijo en lugar de hijo, pero los significados no cambian.
mala pa’l metate, buena pa’l petate.
Esta sentencia puede tener mucho de cierto en el orden en el que está expresada, pero es injusta en otros casos. Aclarémoslo. Una mujer que no guisa bien o que no le gusta guisar, probablemente manifiesta su condición femenina con mayor vehemencia en otros ámbitos, como es la cama. En cambio, al revés (buena pa’l metate, mala pa’l petate), no suele ser verdad: muchas mujeres se esmeran tanto en la cocina como en la recámara y su deseo de complacer a la pareja queda evidente en ambos espacios domésticos.
parir chayotes.
Si los partos suelen ser un trance muy difícil y doloroso, ya podemos imaginarnos lo que sería alumbrar un chayote, por supuesto de los espinosos (pues también los hay sin espinas, dentro de esta familia cucurbitácea de Sechium edule).
pedir chichi.
Los niños de pecho lloran para pedirle a su madre que los amamante (otros lo piden abiertamente, con palabras, pues incluso hay niños de hasta dos y tres años de edad que siguen siendo amamantados entre las mujeres del pueblo, sobre todo rurales; mi padre decía que llegó a tener en una mano el pecho de su madre y en la otra una chilindrina). A alguien se le acusa de pedir chichi cuando anda solícito y rastrero tras de un poderoso a la búsqueda de un favor, caso frecuentísimo entre los políticos.
si como lo mueve lo bate, ¡qué RICO chocolate!
Este sugerente aforismo alude al ondulante movimiento que una dama le puede imprimir a su cadencioso caminar, e identifica al verbo batir con hacer el amor. Todo indica que el resultado sería, en efecto, sabroso.
Como se puede ver en los ejemplos anteriores, hay varias alusiones a los políticos; quizá a nuestro anónimo censor no lo movió solamente una gazmoñería demodé para meter las tijeras, sino también un errado servilismo ante sus jefes. Pero se equivocó el corrector. Los políticos más inteligentes no censuran y a contrario sensu: quienes sí lo hacen, son cortos de entendederas. Quizá muestran así aquello de que al que le venga el saco, que se lo ponga.
Quisiera concluir recordando a un amigo español que, sabiendo de mis inclinaciones dicharacheras, me dijo: “No es lo mismo un bombín que un bombón, un botín que un botón, ni un cojín que un cojón”.