

CUENTO
Había una vez, un plátano que soñaba con ser obra de arte. El vendedor de frutas que lo adquirió junto con otras pencas desconocía en qué condiciones de transporte había llegado a Miami, junto con sus otros congéneres recién desempacados. Este plátano, amarillo como todos los demás quería destacar, tener un destino fabuloso y ser tan famoso como Taylor Swift, cuyas canciones resonaban en la tienda donde se encontraba expuesto. Cuando llegó Maurizio Cattalan a comprarlo, sintió que algo grande iba a suceder. Este hombre no lo iba a poner en la batidora para hacerlo milk shake o cortarlo en rodajas para desayunarlo con cereales industriales, no, este plátano – común y corriente – dirían los envidiosos, iba a seguir vivo por más días. El plátano pensó entonces que lo correcto sería que alguien escribiera la historia de su vida, desde la semilla que se plantó años antes en un país bananero hasta… bueno, no anticipemos su final trágico porque éste es el cuento del plátano más famoso del año y no se puede cerrar 2024 sin conocer sus alcances. Aquel día, su comprador adquirió también una cinta americana gris. El plátano se encontraba desconcertado. ¿Se trataba entonces de un rapto? ¿La cinta lo iba a envolver para inmovilizarlo e impedirle gritar por su liberación? Cuando despertó al otro día, se encontraba estampado en una pared, sostenido por un solo trozo de cinta gris mientras desfilaban los visitantes de la galería de arte, atónitos. Un niño preguntó a sus padres quién había dejado ahí un plátano y si se lo podía comer porque la hora de la comida se acercaba. El plátano se indignó. Yo soy una obra conceptual, niño, no cualquier plátano. Comerme sería cometer un asesinato sobre mi persona. Los padres del niño lo regañaron. Te vamos a llevar a más exposiciones de arte contemporáneo John. Es parte de tu educación. Otros visitantes, en desacuerdo con la exposición del plátano, opinaron que a lo mucho se podía considerar como el símbolo del comercio mundial perecedero. El plátano se rebeló enseguida: es cierto que yo fui adquirido por treinta centavos, pero ahora valgo millones. Alguien me va a comprar en la subasta para que yo conozca mi valor real en este mundo.
Efectivamente, el plátano actor de su vida fue vendido por más de seis millones A un empresario chino de criptomonedas. El coleccionista aseguró que se iba a comer la fruta como parte de un performance. El plátano horrorizado por el anuncio no logró escapar de su destino funesto. El cuento infantil se estaba convirtiendo en una historia sangrienta. Sin su cinta gris, el sueño del plátano desaparecía. Fue devorado vilmente, como cualquier otro, frente a las cámaras por el chino, sin ningún remordimiento, después de haber conseguido mucha publicidad para el galerista, alimentado las notas periodísticas, las críticas de arte y a los comentaristas de redes sociales.
Algunos humanos, seguramente malintencionados o extremadamente lúcidos, afirmaron a continuación que se trató en realidad de una gran operación de ilusión para que todos focalizáramos nuestra atención sobre el plátano mientras la transferencia de fondos operaba sin cuestionar.
Como consuelo, nuestro difunto plátano se puede congratular de haber sido la fruta más comentada del año. Ahora, piden sus congéneres en las canastas se les pegue encima un trozo de cinta gris con la esperanza de volverse tan famosos como aquel que vivió una experiencia artística.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

