Un pensamiento poético

 

Primero está la noche con su caos de lecturas y de sueños.

Yo subo por los pianos que se dejan encendidos hasta el alba.

Gilberto Owen

En la anterior colaboración Una filosofía cardiaca comentamos la propuesta de Unamuno para apreciar en la vida misma, en la nuestra, contradicciones inaprensibles por el concepto: forma de expresión central para el pensamiento abstracto. El sentimiento, la emoción y nuestra propia razón, para Unamuno, no flotan en lo abstracto; al contrario, se sostienen en la carne y los huesos de nuestra existencia, la cual es finita. Dicha finitud de nuestra existencia, sobre la cual descansan nuestras facultades todas, no es, para Unamuno, aprensible por el concepto, sino por la expresión poética; ésta y no aquélla, decíamos, por su reconocimiento de límites en la función y alcance de la palabra o logos con respecto la vida misma o con lo que la palabra o logos no es. Veamos, ahora, a Zambrano.

En Filosofía y poesía, Zambrano asimila el proceso de abstracción a un acto violento. Para ella, el pensamiento se lanza a otra cosa, distinta de lo que se nos da por gracia; niega el pensamiento, en su modalidad abstracta, lo múltiple acaparado por nuestros sentidos todos y la admiración del devenir en donde la existencia fluye cual torrente.

Busca, así, liberarse, el pensamiento abstracto, mas no el pensamiento poético, de ese delirante movimiento, reproduciendo en la altura del Ideal, el confort que suscita lo idéntico, permanente y fijo: establece principios y condiciones para fundamentar lo múltiple, el devenir, la existencia y la vida misma, pero, en absoluta y ajena distancia; como Zambrano indica: “un género de mirada que ha dejado de ver las cosas”.

Zambrano ve en la abstracción una primera separación entre lo inteligible y lo sensible, dicotomía que allanará camino para futuras disputas acerca de lo que sí es cognoscible y lo que no puede serlo, “la inquisición del intelecto ha comenzado su propio martirio y también el de la vida”.

Incluso, en este sentido comparte Zambrano con José Vasconcelos el surgimiento del dualismo a partir del análisis. En Pitágoras, una teoría del ritmo, el segundo dice: “Esta comunión natural de las cosas y la conciencia, se interrumpe durante el trabajo del análisis… y cuando, más elevadamente, lo estudiamos con la razón, no hacemos sino precisar la distinción entre dos órdenes que se vuelven a cada paso más extraños: el objeto y el sujeto, la materia y el espíritu”.

La ambición por la unidad, característica del pensamiento abstracto, incluye legitimar la existencia de las apariencias mismas respecto a dicho principio, en desdén, claro está, de lo que no sea coherente consigo; la vida que responde al concepto, que supedita su modo de ser a éste, resulta una tautológica reproducción de la llamada ‘vida teorética’.

Zambrano rechaza un criterio de identidad sobre la existencia misma y en su lugar propone pensar lo real desde la existencia misma; no con conceptos que determinen una manera de concebir la realidad, sino desde la propia existencia reconstruir el concepto. De acuerdo con esta óptica, la vida genera teoría y no al revés; con la existencia y la vida se fundamentan conceptos, y no al revés.

* Profesor de Tiempo Completo de El Colegio de Morelos.

Aristeo Castro Rascón