BUROCRACIA MOJIGATA

(segunda parte)

 

Mi agradecimiento a mi amigo Marcos Bucio por publicar mi Refranero gastronómico no es menor por el desenlace tan inesperado de que algún burócrata de la cultura mutiló mi texto original, pues estoy seguro de que él también juzgaría acremente al torpe corrector. Ahora que ya se agotó la edición de Sagarpa, ando en búsqueda de un nuevo editor para sacar a la luz una edición no censurada.

Como desde la misma introducción mi libro sufrió recortes puritanos, permítaseme reproducir la parte final de la misma:

“[…] Dejemos hasta aquí este texto introductorio, pues muchos de ustedes ya deben estar pensando que quiero meterme hasta la cocina y, de los que me conocen desde hace mucho, no faltará el que diga ante mis pretensiones de paremiólogo: ¡Ay cocol!, ya no te acuerdas de cuando eras chimisclán. Yo argumentaría, tratando de justificarme, que mi cercanía con estas materias no es solo por mi afición a los refranes, sino también por mi marcada inclinación al quehacer gastronómico (pues me gusta tanto la cocina como el comedor). ¡Claro!, reviraría un ignorante: Bueno pa’l metate, malo pa’l petate, y yo, ardido, contraatacaría: Si eso dice mamón tierno, que dirá bolillo duro.”

“Como quiera que sea, lo cierto es que decidí echar toda la carne al asador en este libro. Estaba que se me cocían las habas por entrarle a escribirlo, no obstante que sabía bien que no era un tema que me estuviera esperando peladito y en la boca. Fue éste un trabajo muy laborioso, pero jamás diría exhaustivo; por ello, ante las ausencias que encuentren en estas páginas, recuerden que Al mejor cocinero se le va un tomate entero. Al principio me puse muy salsa, pero cuando me percaté del tamaño de esta empresa, pensé en ofrecer sólo una versión resumida del Refranero gastronómico, más ello hubiera sido darles atole con el dedo. Yo quiero hacer buenas migas con mis lectores, quedar con ellos a partir un piñón, y, por tanto, evité esa tentación sintética.”

“Un colega académico, erudito culinario y experto en las lides del fogón, es del año del caldo, como de la cuarta edad; a ojo de buen cubero, parece que anda ochenteando. Trató de disuadirme de poner en letra impresa esta colección de adagios, por considerarlo tema baladí, pero yo, a chillidos de marrano, puse oídos de chicharronero y le advertí que seguiría adelante. Me echó ajos y cebollas, me acusó de quererme engordar el caldo yo solo, de pretender echarle mucha crema a mis tacos, y al final me picó, dando un giro a su argumentación: -No seas pretencioso, no te creas que eres ajonjolí de todos los moles, este es un tema de lingüistas; véte no’más, en el modo de agarrar el taco se conoce al que es tragón, y a ti te falta mucho-. Ante mi terquedad, aparentó suavizarse y ofreció darme una opinión más reflexiva a la vista de mis materiales, que con gusto revisaría, me dijo. A otro perro con ese hueso, pensé, ¡ni loco! Ya se sabe que desde nuestro padre Adán hasta los santos varones, unos amasan el pan y otros que se lo comen. Me dije para mis adentros: entre menos burros, más olotes. Pero como algo tenía yo que contestar, inventé que el Monsi, buen amigo, se había ofrecido ya a revisar el texto; ante la expresión escéptica de mi docto interlocutor, me pasó por la mente aquella sabia sentencia de que Para mentir y comer pescado, se necesita mucho cuidado. Cuando finalmente entendió que no me interesaba su opinión, aunque me quería comer vivo y darme hasta con la mano del metate, sólo añadió con despecho: Que con tu pan te lo comas.”

“A mí se me hacía agua la boca por empezar a escribir. Estos temas me apasionan y aunque estoy convencido de que no sólo de pan vive el hombre, también pienso a veces que no existe amor más sincero que el amor a la comida. Siempre busco quehaceres vinculados a la gastronomía mexicana, de manera que con este libro se me juntó el hambre con las ganas de comer. Como a cada puerco le llega su San Martín, pensé: mejor vamos a darle, que es mole de olla. Para que esta investigación resultara aceptable, debía esforzarme en ella, pues no le iba yo a dar gato por liebre al lector. Desde muy temprano empezaba a trabajar, pues el que se levanta tarde, no alcanza misa ni carne.”

“Como de mis pesquisas resultó mucha información que excedía a los refranes propiamente dichos, resolví incorporarla en esta introducción para abrir boca y para darle sabor al caldo, aunque ya se dieron cuenta ustedes de que en este prolegómeno metí de chile, de dulce y de manteca. Algunos pensarán, con razón, que el chiste no es comer mucho, sino hacer la digestión, y ése es mi reto. Era difícil aprovechar tantos datos disímbolos, si bien relacionados con la gastronomía, pero todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. En realidad, lo que más me preocupaba –después de la opinión de los lectores- era que esta propuesta no gustara al editor y me quedara yo como el perro de las dos tortas. Siempre tengo presente que del plato a la boca se cae la sopa.”

“Empero, ahora lo ven ustedes: ¡Este arroz ya se coció! Dejemos todo atrás y con optimismo inventemos: Porrón y cuenta nueva…”

Finalmente, conviene ilustrar ante los lectores el recorte sufrido por mi libro, reproduciendo a manera de ejemplo los textos suprimidos de algunos refranes o dichos o expresiones populares, y así podrán ellos mismos conformarse una opinión acerca de la burocracia mojigata. CONTINUARÁ…

José Iturriaga de la Fuente