Este 20 de junio es el Yellow Day, el que se supone es el día más feliz del año según psicólogos y meteorólogos que consideran factores como el clima, el aumento de las horas de ocio, la cercanía de las vacaciones veraniegas, y otros factores como un impulso en los niveles de felicidad y optimismo de la gente.

Cualquiera pensaría que dado el ingreso de México, este 2025, al ranking de los 10 países más felices del mundo, según el World Happiness Report (Reporte Mundial de la Felicidad) que preparan la Red de Soluciones para el Desarrollo Sustentable de la Organización de las Naciones Unidas, el Wellbeing Research Centre, la Universidad de Oxford y la encuestadora Gallup; la cercanía del Yellow Day en el país, y en Morelos (un estado especialmente privilegiado por su clima, paisajes y otras bendiciones) vendría acompañada de más cascabeleo y no de escenas de gente peleando a golpes en las calles, gritos y reclamos múltiples, conflictos personales y sociales, y otros fenómenos lejanos a la alegría.

Lo cierto es que, más allá de las decenas de privilegios que pueden asociarse con la vida en Morelos, el estado parece tener problemas disuasores del disfrute de la vida y la percepción de felicidad.

¿Cómo se mide la felicidad?

El World Happiness Report, funda gran parte de su medición en algo que se conoce como la escala de Cantril, creada por un psicólogo norteamericano que intentó resolver uno de los problemas sociológicos más importantes: ¿cómo medir de forma objetiva algo tan aparentemente subjetivo como la felicidad?

Hadley Cantril planteó el concepto del autoanclaje, como clave en la medición. La idea es que en la escala de calificación los participantes son quienes definen el significado de los extremos inferior y superior. Los encuestados responden entonces conforme a su visión de lo mejor y lo peor posible y se ubican en cada escala conforme a sus propias percepciones.

Al considerar estos parámetros la medición incorpora factores no solo objetivos y de conocimiento, sino también los emocionales; los componentes internos del sujeto (rasgos de personalidad e historia personal) y los externos (las condiciones que plantea la realidad); pero también combina la percepción del presente como las expectativas de cada sujeto.

Los mexicanos se perciben felices gracias a sus familias

Es en esta escala de Cantril donde México se coloca como el décimo país más feliz. Aunque en las seis medidas de benevolencia que también mide el reporte los mexicanos no se desempeñan especialmente bien. México es el país 102 respecto a gente que ha hecho donativos; el 89 en voluntarios; el 61 en ayuda a extraños.

En la matriz de devolución de cartera (en que la Encuesta Mundial de Riesgo, plantea el hipotético caso de la devolución a su propietario de una cartera extraviada) es el 120 en que la devuelve un extraño; el 126 en que la regresa un vecino; y el 136 en que un policía es quien la entrega.

El reporte plantea que “en México y Europa un hogar de entre cuatro y cinco personas supone los niveles más altos de felicidad. Las parejas que viven con al menos un hijo, o las parejas que viven con hijos y miembros de su familia extendida, tienen una satisfacción vital promedio especialmente alta”.

También señala que los datos recabados en México “muestran la existencia de una relación en forma de U invertida entre la satisfacción con la vida y el número de personas en un hogar… los estudiantes universitarios de hogares biparentales muestran mayores niveles de autoestima y satisfacción con la vida que quienes viven en hogares monoparentales. El impacto de la configuración familiar en el bienestar señala la importancia de la calidad de las relaciones interpersonales que se establecen y desarrollan en las familias. En particular, las relaciones basadas en el afecto, la comunicación cercana, el contacto frecuente y el apoyo mutuo son una fuente de satisfacción familiar y, a su vez, de satisfacción con la vida en general”.

Un dato relevante del estudio muestra que sólo el 11 por ciento de los hogares mexicanos tienen un solo miembro y menos del 20% alcanza dos; el resto están formados por entre tres y seis personas. En contraste más de la mitad de los hogares europeos están formados por una o dos personas solamente. Este hallazgo lleva a suponer, explica el reporte, una relación entre el tamaño del hogar y la felicidad, concentrando los grados más altos de ésta en las familias de entre tres y cinco miembros. La satisfacción estimada con la vida en hogares de cuatro personas para el país sobrepasa el 8.3 de 10 puntos posibles.

Respecto a las esferas de la vida, el reporte sugiere que los mexicanos se muestran muy satisfechos con su familia (9 de 10 puntos); seguida de su trabajo, la vida en general, sus relaciones personales, la salud, la vida afectiva, la vida social. La esfera más baja de satisfacción es la economía que alcanzó menos de 7.5 y se va reduciendo conforme el hogar está integrado por más personas.

La felicidad en Morelos está comprometida por la falta de bienestar

En términos subjetivos, entonces, a los mexicanos en general les va bien; pero diversas encuestadoras, incluido el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), establecen una herramienta mucho más objetiva que mide la satisfacción que tienen las personas con su vida: el índice de Bienestar, que fue propuesto desde el 2010 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), como un indicador compuesto que se ha ido mejorando a través del tiempo.

Ese índice del bienestar incluye doce dimensiones: vivienda, ingresos, empleo, accesibilidad de servicios, seguridad, educación, medio ambiente, compromiso cívico y gobernanza, salud, satisfacción con la vida, balance vida-trabajo y relaciones sociales en la comunidad. Si vives en Morelos y leíste lo anterior, seguramente habrás expresado algo como “entonces estamos medio jodidos”, y tienes razón.

En el estado, la pobreza alcanza a poco más del 41% de los habitantes; el ingreso promedio de los hogares es el décimo peor del país. En materia de empleo, casi uno de cada cuatro trabajadores padece condiciones críticas de ocupación; el 65% de la fuerza laboral ejerce en condiciones de informalidad.

Más del 45% de los morelenses no tienen acceso a servicios de salud; la calificación que ponen los morelenses a su estado de salud es de apenas 8.2, la sexta peor en el país; la mortalidad infantil es de 13.6 menores de un año por cada mil nacidos vivos, la octava mayor en México.

Y de seguridad ni hablar, aunque hay una ligera disminución en la incidencia delictiva, años de abandono en la protección ciudadana, miles de homicidios dolosos (crimen que alcanzó en el 2024 su mayor incidencia), han hecho que más del 80% de los morelenses se perciban en riesgo de ser víctimas del crimen. Además, menos de la mitad de la población confía en las fuerzas policiales, con lo que Morelos es el tercer estado que más desconfía de las fuerzas del orden.

Hace apenas tres décadas, los morelenses podían presumir estar en los más altos niveles de escolaridad promedio, hoy la entidad se encuentra a mitad de la tabla nacional. No solamente otros estados han logrado que sus sistemas educativos tengan mayores éxitos, en Morelos la deserción escolar en general alcanzó niveles de hasta el 11 por ciento; incluso en los niveles básicos se reportó una alta tasa de abandono aún después de la pandemia por Covid-19.

En términos de medio ambiente, la contaminación del aire, especialmente en la zona metropolitana de Cuernavaca, ha crecido de forma alarmante hasta alcanzar reportes de mala calidad del aire prácticamente la mitad de los días de cada año. En la administración de Cuauhtémoc Blanco (2018-2024) también se registró el deterioro de la disposición de residuos sólidos y empezaron a abundar los tiraderos a cielo abierto; la invasión de reservas territoriales y áreas naturales protegidas también aumentó y el deterioro de bosques por incendios forestales y tala ilegal fue evidente todo el sexenio.

La percepción de corrupción es otro factor que pega en el bienestar de los morelenses, en el 2024, tres de cada cuatro consideraban corrupto el sistema judicial; y sólo uno de cada dos confiaba en los jueces y sus decisiones. La participación cívica y política en Morelos es la quinta peor del país.

La satisfacción con la vida en Morelos, durante el 2021, el último dato disponible del INEGI, fue la décima peor del país.

En contraste, los morelenses trabajan de más, por lo menos uno de cada cuatro tiene jornadas laborales superiores a las de ley (más de 48 horas a la semana), y el tiempo para el esparcimiento, entretenimiento y convivencia, es bajo.

¿Cuauhtémoc Blanco era motivo para ser infelices?

En el 2021, la empresa Arias Consultores publicó su encuesta sobre la percepción de felicidad por estado, y Morelos era el tercero peor.

En medio de la administración de Cuauhtémoc Blanco, apenas 36.8% de los morelenses se consideraban felices, el 51.4% neutrales, y el 11.8% infelices. Era la etapa de los escándalos de corrupción diarios, de la inseguridad rampante, de los excesos y la soberbia en el poder, del alejamiento entre gobernantes y gobernados, y de la polarización casi total de la población. Ya entonces, la aprobación del ahora ya exgobernador oscilaba entre en 31 y el 28% y los meses siguientes seguiría cayendo.

A finales de enero y principios de febrero del 2025, la encuestadora volvió a aplicar el instrumento, Blanco y su equipo habían dejado el poder hacía apenas cuatro meses y se anunciaban las primeras políticas públicas de la administración de Margarita González Saravia. El registro de Morelos mejoró. La entidad ahora era el sexto estado en grado de felicidad, con 44.6% y la infelicidad había descendido también a sólo 8.6% de los morelenses.

En términos de buena calidad de vida, los morelenses pasaron de 40.4% a 45.8%; y en bienestar fueron de 36.8% que lo consideraban bueno en el 2021, a 48.4% en el 2025.

Llama la atención que la percepción de felicidad, calidad de vida y bienestar varió mucho más que los resultados más o menos positivos que reportaron los primeros meses de la administración de la gobernadora. De hecho, si bien en materia de seguridad se logró de inicio contener el crecimiento de los índices en la mayoría de los delitos de alto impacto; en términos de economía, salud, educación, corrupción y calidad de vida, los indicadores en el momento de levantar la encuesta seguían siendo muy similares a los de años anteriores.

Morelos es de los estados que más razones tiene para ser feliz

Cualquiera que haya vivido unos años sabe que hay una diferencia relevante entre estar y ser feliz. El primer verbo refiere a una condición momentánea, dependiente de la coyuntura y formada mayormente por factores externos como el clima, la percepción de riesgo en el entorno, los vaivenes en las relaciones afectivas, los resultados de los esfuerzos y el trabajo personal, etcétera. Ser feliz, en cambio, supone una condición más permanente, de raíz, un estado de bienestar general que considera al futuro además del presente, una percepción de propósito, y en eso los morelenses y los mexicanos más en general, somos buenísimos lo que explica los resultados de la escala de Cantril y el lugar que el país tiene en el índice de felicidad mundial.

Para explicarlo un poco mejor, tendríamos que recurrir probablemente a observadores externos. Las maravillas de Morelos han sido narradas por decenas de viajeros a través de la historia, pero también son reconocidas por observadores actuales y especialistas que, pese a los problemas de coyuntura, siguen ubicando a Morelos como uno de los lugares más deseables para vivir.

La deseabilidad de Morelos se presenta por factores diversos pero los denominadores comunes son el clima, los paisajes y la accesibilidad a servicios de salud y educación.

En el caso de Cuernavaca y su zona metropolitana, los especialistas en bienes raíces, por ejemplo, promueven las propiedades de la zona por su amplio rango de precios, pero mucho más por las oportunidades de empleo, educación y acceso a una vida saludable, su clima y su historia que regala una amalgama cultural y artística inigualable.

Morelos tiene por lo menos una decena de ciudades y Pueblos Mágicos que son considerados entre los mejores del país para vivir. El lugar común es Cuernavaca, por su fama internacional, pero también por concentrar la mayor cantidad de servicios de alta calidad para sus habitantes.

A la capital del estado le sigue de cerca el Pueblo Mágico de Tepoztlán y su comunidad aledaña, Amatlán de Quetzalcóatl, por su mística, belleza y espacios acogedores, además de su cercanía a Cuernavaca.

Luego van Jiutepec, Tlayacapan (también Pueblo Mágico), Yautepec (particularmente Cocoyoc y Oaxtepec), Xochitepec (el tercero de los Pueblos Mágicos del estado), Jojutla, Xochitepec, Cuautla (por su potencial de crecimiento y plusvalía), Jojutla, y hasta las zonas residenciales de Temixco.

Otras riquezas que deben considerarse en Morelos son la gastronomía con un abanico enorme que ofrece desde espacios dedicados a la cocina internacional hasta las más tradicionales garnachas para las que incluso hay ferias y exposiciones.

Los espacios de esparcimiento de Morelos incluyen balnearios, restaurantes, bares, parques, zonas arqueológicas, museos, galerías, plazas comerciales, sitios históricos, turismo de aventura, senderismo, lagos y cuerpos de agua.

Por supuesto que años de desastres gubernamentales han provocado que los morelenses estén enojados, tristes, temerosos, molestos; pero se trata, según los datos, de estados pasajeros que parecen irse diluyendo con la esperanza de que nos irá mejor. Un optimismo, por cierto, que parece ahora estar mejor fundado con los anuncios de inversiones, de programas sociales, de fortalecimiento a la seguridad pública que, poco a poco, irán dando los resultados necesarios para recordarnos que somos felices y tenemos muchos motivos para ello.

De eso, finalmente, se trata el Yellow Day.

Daniel Martínez Castellanos