Gonzalo Lira Galván

El nombre de Paul David Hewson puede significar poco para muchas personas. Sin embargo hablar de Bono, sin apellidos ni un nombre de pila identificable, de inmediato remite un momento histórico en la musica. Como vocalista de U2, Bono encabezó el frente europeo del post-punk, la corriente a la que originalmente representaba la banda irlandesa. 

Ataviado de negro y lentes oscuros, bajo el lente del fotógrafo holandés Anton Corbijn, la imagen de Bono se convirtió rápidamente en un icono del rock en la década de los ’80, no solo por la popularidad de su música y letras, sino también por el alcance de su voz para apoyar causas sociales en países vulnerados por las guerras.

Y aunque su sensibilidad artística siempre lo mostró como un hombre cercano a la gente, el misticismo de su figura pública también mostraba a un hombre duro y poderoso detrás del velo del poeta.

Han pasado 45 años desde el lanzamiento de Boy, su primer disco de estudio con U2 y a pesar de haber explorado su presencia escénica en videos musicales o actuando para directores como Wim Wenders, realmente son contadas las veces que Bono ha dejado a un lado al personaje que el público identifica para permitir que la mirada ajena se asome con mayor profundidad a la persona que yace debajo.

«Es algo interesante. Los hombres, conforme nos hacemos viejos, nos volvemos más flexibles. Nuestros egos se hacen más frágiles. Lo he notado en mí y en mis compañeros de la banda», nos dice Bono con voz amigable desde el Festival de Cannes, donde se estrenó el documental Bono: Stories of Surrender, disponible en la plataforma de Apple TV, que nos muestra al vocalista de U2 en el escenario de uno de los teatros más antiguos de Europa, reflexionando a través de música e ideas sobre su propia vida y la influencia de su padre en la misma. «Es una locura porque me dieron la oportunidad de ir al Teatro San Carlo, que la ópera más antigua del planeta, en Nápoles, cerca de la bahía de Sorrento. Mi padre amaba la canción Regresa a Sorrento y pude cantarla en ese lugar», nos dice visiblemente conmovido.

Es en un escenario histórico que Bono nos permite asomarnos a su propia historia, la de su familia, su padre, su madre, su esposa y el país que lo vio nacer. “Para mí este documental es como una ópera. Cada familia es como una ópera. Y la estrella de la película no soy yo. Es mi padre. Yo lo interpreto y él era un cantante. Fue un tenor bastante bueno. Siempre dijo que yo era un barítono que se creía tenor. Ese comentario resume mucho de lo que soy”, explica con cierto humor y melancolía.

El contexto que rodea la vida de Bono es relevante porque está aderezado de religión, sangre y rebelión. La vida de Paul Hewson se desarrolló en medio del conflicto norirlandés que enfrentaba a grupos protestantes que apoyaban la permanencia del país en el Reino Unido contra el movimiento católico que buscaba integrarse a la República de Irlanda. “ Vengo de una familia un poco extraordinaria en muchos sentidos, de un país que estuvo al borde de una guerra civil por razones sectarias. Mi padre era católico y mi madre protestante. Eso provocaba muchas tensiones y me llevó a ser alguien en contra de la violencia, que busca respuestas en un poder más elevado sin afiliarse a religiones convencionales. He escrito canciones sobre ese tema”, apunta Bono.

Es en entre canciones, confesiones y un reflexivo repaso por su vida que Bono: Stories of Surrender vulnera al personaje y nos muestra lados poco explorados de la persona debajo de esa coraza, mostrándonos a un ser humano con el que es fácil empatizar a través de su constante búsqueda de identidad. “Esta película es un intento por entender qué hago aquí sentado frente a ti y cuál es el vacío que intento llenar”, confiesa.

Pero no todo en Bono es activismo y letras dedicadas a la complejidad socio política del mundo que habita. Basta escuchar las baladas más románticas de U2 para saber que hay un dejo de sentimentalismo en sus intenciones artísticas, además de eventuales asomos a la música pop y más bailable que caracterizaron sus discos más cercanos al final del siglo XX e inicios del siglo XXI. “Me divierte mucho estar en la banda. Canto canciones sobre el amor. Yo conocí a mi esposa el mismo día que me uní a U2. Creo que fue una semana extraordinaria”.

La Jornada Morelos