Víctor Hugo Flores Armillas*

La mayoría de las personas que habita en las ciudades no sabe que las áreas naturales aportan grandes beneficios presentes en su vida cotidiana, como la captación de agua, provisión de especies medicinales o comestibles, conservación de la flora y fauna, además de la regulación del clima. Muchos de esos servicios ecosistémicos son posibles gracias a comunidades pequeñas que han recibido muy poco reconocimiento y apoyo, hasta ahora.

El caso de la Sierra de Huautla, que abarca casi 60 mil hectáreas del sur de Morelos, es un ejemplo de comunidades que han decidido ser guardianas de la naturaleza, aunque esto muchas veces limite sus opciones de desarrollo. Esta es una realidad que hay que comunicar a los morelenses más citadinos y a las autoridades.

La Reserva de la biósfera Sierra de Huautla es un Área Natural Protegida (ANP) de carácter federal, administrada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Se localiza en el sur de la entidad, en los municipios morelenses de Amacuzac, Puente de Ixtla, Jojutla, Tlaquiltenango y Tepalcingo.

La riqueza biológica en esta zona es diversa. Si bien, el ecosistema principal es selva baja caducifolia, se puede encontrar también, en las zonas ribereñas, bosques de galería e incluso algunos especialistas han hablado de encinares en las partes más altas de los cerros.

Hablando del tema social, dentro de esa Sierra hay poblaciones relevantes como Huautla, Rancho Viejo, Santiopa, Ajuchitlán y El Limón. Juntas, son hogar de poco más de 20 mil personas que se dedican a diferentes actividades, pero la agricultura de subsistencia es una de las principales. También se practica algo de ganadería en los lugares más cercanos a los centros de población, pero también como actividad de subsistencia. El maíz es el cultivo principal y, después de las cosechas y aprovechamiento de las personas, los residuos se destinan al ganado.

Esas comunidades pequeñas, que en algunos casos son zonas marginadas y alejadas de los centros urbanos de población, son grupos humanos donde casi todo mundo se conoce y en las que existe una amplia relación biocultural porque todo lo que han vivido o experimentado con la naturaleza, queda reflejado de manera muy clara en su cultura.

En la Sierra existen muchas especies vegetales que se aprovechan como plantas medicinales. También se consumen hongos comestibles y la fauna, los animales pueden ser aprovechados como medicina. De los montes obtienen leña para combustible o para artesanías. Es una relación muy estrecha que a veces no se conoce bien y se llega a juzgar mal desde las ciudades, como cuando se realiza cacería, que es una actividad permitida, bajo ciertos criterios, por la legislación.

Un trabajo que la sociedad morelense debe poner en marcha, aunque es posible que tome mucho tiempo, es comunicar de mejor manera y con más frecuencia cuál es la importancia que tienen para las ciudades las comunidades guardianas de las reservas naturales. El caso de la Sierra de Huautla es uno, pero lo mismo ocurre con el caso de las comunidades que habitan el Bosque de agua, en el norte del estado.

Se puede decir que si Huautla es importante para que cuenten con agua Jojutla, Puente de Ixtla y todas las ciudades del sur del estado; en el norte, Huitzilac es indispensable para que haya agua en Cuernavaca, Jiutepec, Temixco y Emiliano Zapata.

Los ciudadanos y autoridades de las ciudades debemos comprender que la gestión de estas áreas naturales a menudo restringe las opciones económicas de sus habitantes, quienes asumen el peso de generar servicios ecosistémicos sin recibir beneficios equivalentes.

Aunque existen mecanismos como el Pago por Servicios Ambientales de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), que compensa a ejidos y comunidades por conservar y mantener sus tierras, son insuficientes. Hay una gran oportunidad para la creatividad a nivel estatal.

Morelos carece, por ejemplo, de un fideicomiso local donde quienes se benefician del agua apoyen directamente a las comunidades conservacionistas. Esto requiere un gran proceso de comunicación y concientización para que los ciudadanos entiendan el origen de su agua. Medidas innovadoras, como destinar un peso de la tarifa de agua a estas comunidades (como ya se hace en Coatepec, Veracruz), podrían ser implementadas.

También es vital realizar esfuerzos entre autoridades, academia y gobiernos municipales para comunicar más claramente su valor a las ciudades. Una campaña de difusión fuerte sería muy positiva. A un nivel institucional, los municipios que aportan estos servicios deberían buscar más apoyos gubernamentales de sus vecinos y del estado.

Es un camino largo que requiere repetición constante para generar el reconocimiento y agradecimiento necesarios hacia estas comunidades protectoras de áreas naturales, como la vasta Sierra de Huautla. Solo a través de procesos de comunicación, acuerdos administrativos, cambios legislativos y la creación de nuevos instrumentos podremos asegurar un futuro mejor para todos.

*Centro de Investigaciones Biológicas-UAEM. Divulgador de la ciencia Facebook: victor.bios

La Jornada Morelos