

*La Asamblea Nacional Indígena, Campesina y Social pedirá que los granos queden fuera del próximo Tratado de Libre Comercio
* Los diputados ‘se están durmiendo’; urge revisar la legislación sobre agua y ejidos: José Alberto Malpica
* En Tlaltizapán, Morelos, sede del cuartel de Emiliano Zapata, ya nadie vende maíz o leche de establo
En el corazón logístico de la Revolución del Sur; en el lugar que seleccionó el General Emiliano Zapata como sede de su Cuartel General, entre 1914 y 1918; en la comunidad de Tlaltizapán, Morelos, ya no se puede comprar leche de vaca de establos locales, porque la ganadería prácticamente ha desaparecido.
En ese lugar histórico, donde el ejército carrancista entró “casa por casa” y mató a 250 civiles, en 1916, por no entregar a Zapata, ya tampoco se puede comprar maíz cultivado en la comunidad, porque los precios son tan bajos que sólo se siembra un poco para autoconsumo y la mayoría de los campesinos mejor siembra caña de azúcar.
“Entonces, si ya toda la leche que se bebe es de bote y si todo el maíz que se vende es importado, si ya no se puede sembrar aquí frijoles, chiles, sandías, pápalos ni limones; entonces, somos dependientes y la lucha de la Revolución ha fracasado”. Así lo expresa el representante indígena de Tlaltizapán; José Alberto Malpica Álvarez; profesor, campesino y pensador que acepta conversar con el suplemento PLAZA de La Jornada Morelos.

¿Qué son los apoyos?
Pocos días antes de que se cumplan 115 años del levantamiento armado que detonó a la Revolución Agraria, en 1910, Malpica Álvarez señala con precisión un problema que todos los campesinos, ingenieros agrónomos, sociólogos y otros académicos han señalado repetidamente: “Cuando se habla del modelo neoliberal nadie dice que a los agricultores de Estados Unidos el gobierno los apoya con muchos subsidios; con maquinaria, fertilizantes, agua, créditos. Aquí, en México, el país se volvió neoliberal y puso a los campesinos a competir sin ningún apoyo”.
Ese señalamiento claro es algo de lo que no se habla en las ciudades, ni en las oficinas de los políticos de escritorio: los subsidios a los campesinos son parte de la economía de grandes potencias como Francia, Alemania, Estados Unidos o Reino Unido. Esos países son neoliberales en muchos sectores productivos, pero tienen una economía protegida en la producción de alimentos porque la agricultura y la ganadería son actividad donde se invierte dinero, se tarda en criar, geminar y cosechar; y en el camino hay altos riesgos relacionados con plagas, clima y derrumbe de precios. En una sola temporada se puede perder todo.
El verdadero y central problema del modelo neoliberal mexicano es que no entendió que la producción de alimentos no se puede dejar suelta al libre mercado.
“Porque si los productores de otros países tienen muchos apoyos y subsidios, sus precios siempre son más bajos. Ya importamos casi la mitad del maíz y de otros granos que ya no se producen en México, por lo mismo de que está muy olvidado el campo, desde la reforma que hizo Carlos Salinas en 1992, lo que se sumó a otras causas. Luego llegó el Tratado de Libre Comercio y fue peor. Por eso estamos en esto de pedir mejores subsidios para el campo; mejores precios de garantía y mejores créditos”, agrega el profesor José Alberto, quien el 17 de febrero participará, en Cuernavaca, en el Museo Universitario de Arte Indígena Contemporáneo, en un Foro para hablar sobre las condiciones actuales del campo.
“Nosotros no somos del movimiento que está pidiendo la revocación de mandato. Nosotros lo que hacemos es una lucha pacífica para que logremos que la tierra, el agua y los productos tengan el valor que deben de tener. Se necesitan apoyos, aquí y a nivel nacional. Sobre todo eso y también controlar la corrupción, que le pega mucho a todo”, explica el representante indígena de Tlaltizapán, quien opina que los diputados se están durmiendo y hace falta trabajar mucho en la elaboración de las Leyes que permitan aplicar la reforma al Artículo 2 constitucional –referente a los derechos indígenas—; además de que hace falta revisar la Ley Federal de Agua y el artículo 27 Constitucional sobre la tenencia de la tierra.
“No se trata sólo de hacer política electorera, sino de atender los problemas verdaderos de justicia social”, subraya.
Esta última frase también encierra una verdad histórica: entre 1910 y 1921 los revolucionarios del norte, representados por Francisco I. Madero, tenían un propósito principalmente electoral, de combate a la dictadura y acceso al poder, concentrado en el lema: “Sufragio efectivo, no reelección”. En contraste, en el sur, los revolucionarios encabezados por Emiliano Zapata, fundaron su lucha en el fin de un modelo económico explotador y de injusticia social. Por esto su lema principal fue: “La tierra es de quien la trabaja”.
Pasado y presente
Desde el año 2012, el Congreso de Morelos reconoce a Tlaltizapán como comunidad indígena. Su posición geográfica, la inclinación de su terreno y la fertilidad de su tierra hicieron que desde la época prehispánica fuera un territorio disputado por los señoríos de Cuauhnáuac y de Oaxtepec. Por ello también existía una fuerte conciencia sobre la importancia de defender la tierra cuando se levantó en armas Emiliano Zapata.
Aunque el general revolucionario era oriundo de Anenecuilco y su vida se desarrollaba principalmente por las regiones de Villa de Ayala y Cuautla, encontró en Tlaltizapán los aliados, amigos y tejido social que le permitieron tener ahí su cuartel general durante 4 años.
Este respeto y afecto hacia los habitantes de Tlaltizapán se vio materializado en un mausoleo que Zapata ordenó construir frente al antiguo convento de San Miguel Arcángel para que ahí fuera sepultado junto con sus más fieles compañeros de lucha. El lugar permanece como referente histórico y en él reposan los restos de decenas de revolucionarios, pero no se ha cumplido el deseo del General Emiliano, de que ahí se depositen sus restos mortales.
“Aquí estaban sus amigos, compadres y parientes. Por eso Zapata eligió que aquí fuera su cuartel y Tlaltizapán lo quería mucho. El gobierno lo sabía y por eso tenemos el monumento de los mártires del 13 de agosto de 1916 porque en esa fecha el ejército sacrificó a mucha gente, cruelmente, con tal de sacarles información para capturar a Zapata”, narra el profesor José Alberto Malpica.
Otro de los valores estratégicos de Tlaltizapán era que su modelo de producción era integral, pues había sembradíos de maíz, frijol, calabaza, sandía, melones, cebolla, jitomate, chile, y también había ganadería que les aportaba carne, leche, cuero y otros productos. Hoy la carne llega principalmente desde Jojutla y la leche se tiene que comprar “de bote” o irla a buscar a otras comunidades, a muchos kilómetros de distancia.
El representante indígena, junto con otros líderes de Tlaltizapán , participan en actividades de apoyo a la organización llamada Asamblea Nacional Indígena, Campesina y Social (ANICS), que tiene presencia en 23 estados de la República y que, entre otras peticiones, exige la exclusión inmediata de los granos básicos del conjunto de productos que se pueden importar libremente, como parte del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Esta petición se sostiene con el argumento de que la libre importación de granos “ha demostrado ser un instrumento de sometimiento colonial y de destrucción sistemática del campo mexicano”.
“Tenemos que pensar en lo que vamos a poner en la mesa de nuestras familias. No podemos poner pura caña de azúcar en la mesa. Debemos hablar y reorganizar el campo porque ya no somos capaces ni de llevar a los mexicanos nuestro propio maíz, que es la clave de la alimentación por sus múltiples formas de prepararlo: pozol, tamales, atoles, tortillas. Si no lo tenemos y estamos importando tanto, lo que se siembra en el campo lo usamos para subsistir, no para vender, y ¿qué va a pasar en las ciudades grandes si un día no nos quieren vender?”, subraya José Alberto Malpica.
El 20 de noviembre, representantes indígenas y campesinos de Tlaltizapán participarán en una caravana rumbo a Xochimilco, en la Ciudad de México, para conmemorar el encuentro entre Emiliano Zapata y Pancho Villa, al mismo tiempo que pedirán un nuevo modelo de desarrollo rural, que ponga freno a la dependencia y a los despojos de agua y tierra.

Emiliano Zapata es un héroe revolucionario respetado en Tlaltizapán, donde tuvo su cuartel, entre 1914 y 1918.

Actualmente los campesinos de Tlaltizapán sólo siembran maíz para autoconsumo, no para vender

José Alberto Malpica, representante indígena de Tlaltizapán llama a realizar cambios integrales al campo mexicano.

La casona que fue Cuartel del Ejército Revolucionario del Sur hoy es un museo y centro cultural.

El mausoleo mandado a construir por Zapata resguarda los restos de sus compañeros más fieles, frente al convento de San Miguel Arcángel.

La imagen de Zapata y su amor por los campesinos está presente en los espacios públicos de Tlaltizapán.

