

* Las niñas del coro ContraCanto han usado su voz para abrirse oportunidades en contextos adversos
*El profesor Luis Arturo Suaste Cherizola renunció a becas en Bélgica e Irlanda para trabajar en Morelos
* Cientos de aliados privados han sostenido este esfuerzo con donativos, terapias, pasajes y alimentos.
Si eres veraz, tendrás logro en tu corazón y lo que hicieres tendrá éxito. Ese antiguo aforismo chino, de más de 3 mil años, sirve para describir la fuerza interior que ha mantenido vivo y en expansión el proyecto educativo y musical nacido en Atlacholoaya Morelos, con el nombre ContraCanto. Se trata de un coro de niñas y adolescentes, creado hace tres años por el joven maestro Luis Eduardo Suaste Cherizola. Su logro más reciente: hace dos meses tuvieron su primera presentación fuera de México, en Canadá.
Ahora, existe la posibilidad de que ContraCanto, tenga presentaciones en Alemania y en República Checa, gracias a colectas que están organizando coros de aquellos países que escucharon, en México, a las niñas de ContraCanto, acompañadas de uno de sus grandes aliados artísticos morelenses: el ensamble de guitarras Scherzino, dirigido por Víctor Martínez Gardoqui.
En todo el mundo, cada artista y cada agrupación hace un recorrido complejo antes de obtener reconocimiento. En el caso de ContraCanto, es importante aclarar que no se trata de una iniciativa de un gobierno o de una empresa; es una idea que Arturo Suaste intentó materializar en tres lugares de Morelos antes de llegar y conocer a las niñas de la Telesecundaria Calmecac, en el pueblo de Atlacholoaya; comunidad conocida por albergar a la prisión más famosa del estado.

Ahí nació una pequeña alianza con apoyo de profesores, padres, funcionarios de la casa de la cultura, pero sobre todo del profesor Luis Arturo y las niñas, que tenían entre 11 y 14 años cuando el recorrido inició. Así nació la agrupación que reunió a 20 menores de Cuernavaca y Atlacholoaya, con un impulso que comenzó a conmover a muchas personas que no les conocían y que poco a poco fue uniendo a una comunidad mayor de voluntarios, donadores, terapeutas, nutriólogos, odontólogos y mecenas que muchas veces piden el anonimato. Todos ellos convencidos de que la música pude transformar vidas y abrir oportunidades a quienes no las tienen.
Crear y crearse oportunidades
La pandemia de COVID19 provocó la muerte prematura de 15 millones de personas entre los años 2020 y 2021. Además, el confinamiento obligatorio para frenar los contagios destruyó muchos planes y procesos en curso. Uno de esos proyectos inconclusos fue el que impulsaba, en Chicago, Estados Unidos, el joven profesor de dirección orquestal Luis Arturo Suaste.
Egresado de la Licenciatura en piano y composición, del Centro Morelense de las Artes, Suaste Cherizola había viajado a Estados Unidos para realizar estudios de posgrado. En ese periodo empezó a formar un coro de niños migrantes mexico-americanos, en el barrio de Pilsen, en Chicago, donde habitaban 40 mil mexicanos. Era un proyecto de gran potencial, que pudo ser una bandera pro-migrantes, en la primera presidencia de Donald Trump. Pero la pandemia llegó cuando Luis Arturo estaba en México tramitando una nueva visa y ya no pudo regresar a Estados Unidos.
Las vueltas del destino no marchitaron el impulso del joven profesor Luis Arturo, sólo reorientaron su energía hacia dos posibles proyectos: formar un coro infantil en Morelos y hacer audiciones para obtener una beca de dirección de coros en Bélgica o Irlanda. Fue así como comenzó a trabajar con las primeras integrantes del coro, que son de Cuernavaca.
Y la vida le devolvió al profesor una canasta de oportunidades. Por una parte, logró conocer y audicionar a las niñas con las que integró el coro. Por otro lado, fue aceptado y becado para realizar su maestría, tanto en Bélgica como en Irlanda. Pero no se fue. Eligió quedarse con su grupo. Su corazón se lo dictó y acertó.
“Para el momento en que tenía que irme a Europa, ya había comenzado el trabajo en Atlacholoaya y había desarrollado un vínculo fuerte con cada una de las niñas que forman parte del coro. Me pareció que esto era enriquecedor para todas las partes. Entonces, sentí una gran responsabilidad y decidí quedarme porque este esfuerzo tiene un gran potencial de crecimiento para las niñas, y también para mí. Yo no pierdo de vista que ellas me han hecho crecer mucho”, cuenta el fundador de ContraCanto.
De este modo, es correcto decir que el principal responsable del proyecto es el profesor Suaste Cherizola, quien se ha vuelto un experto en tocar puertas para conseguir fondos y seguir adelante. Organiza conciertos privados y públicos para obtener algo de dinero para el coro; hace gestiones ante autoridades educativas para obtener permisos de faltar a alguna clase; ayuda a conseguir citas de apoyo psicológico o de dentista; hace funciones de chofer, cargador, electricista, gestor de pasaportes y hasta tramita permisos de protección civil para que les dejen presentarse en lugares grandes. En los últimos meses, dedica parte de su tiempo a ayudar a que las niñas que están en preparatoria conozcan opciones para estudiar una carrera profesional.
“Yo creo que todo lo que hemos conseguido; la ayuda de gente que voluntariamente nos ha apoyado, ha sido porque se han conmovido al escuchar a las niñas”, dice el joven director y pianista, subrayando la idea de que nadie puede hacer nada grande estando solo.
El tejido de sus vidas
Las niñas de ContraCanto vestían blusas con flores bordadas, de colores, cuando sus voces se escucharon por primera vez fuera de México, el 24 y 25 de septiembre, en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe en Gatineau, Quebec, y en la iglesia Saint Baptist en Ottawa. Las flores bordadas permiten pensar en la manera como cada puntada arma un tejido y cada tejido tiene forma y resistencia interior.
El Coro de niñas de Atlacholoaya es un tejido de vidas singulares, con desafíos enormes y deseo incansable por salir adelante. Algunas de ellas han tenido que trabajar en el campo o en comercio desde niñas. Todas viven en un contexto de violencia social que, desafortunadamente, en octubre de 2023 cobró la vida de su compañera Karla Mareli Salazar González, de 16 años, quien se vio atrapada en una balacera en la calle, cuando se dirigía a una fiesta de 15 años.
Frente a estas adversidades, el director del coro pide ser cuidadosos y no adherir etiquetas a sus vidas. No quiere que se subrayen sus contextos étnicos, socioeconómicos o emocionales. Pide que se muestre cómo la educación –en este caso la educación artística— permite generar oportunidades que no existían o que no se generan espontáneamente, sin trabajo.
“Para mí el recuerdo más bonito fue cuando nos presentamos por primera vez juntas, en 2023, en una iglesia de Cuernavaca. Pero ahora hemos vivido muchas más cosas: acabamos de participar en el Festival Internacional de Coros, en Cuernavaca, y cantamos junto con coros de Canadá, Alemania y República Checa. Y luego pudimos ir una semana a Canadá. Son cosas inolvidables que recibes por hacer algo que te gusta, que es cantar”, dice a este medio Naomi Guadalupe Mundo Ávila, quien tiene 17 años y desea poder estudiar la carrera de Gastronomía, con especialidad en Repostería. “Me encantaría transmitir emociones, a través de platillos. Es algo que deseo aprender”: agrega.
También ya tiene 17 años Lilian Citlali Doroteo Méndez, estudia la preparatoria y, a través de una grabación, ganó en marzo de 2025 el tercer lugar en el concurso Birmingham International Music Competition, del Reino Unido.
“Hay muchas cosas que me ha dado el Coro, pero sobre todo han sido las amistades. Las más recientes son las que conocí en el Festival Internacional de Coros, que se han ido reforzando con el paso de los meses. Todavía no tengo claro qué estudiaré en el futuro, pero creo que será algo relacionado con educación”, indica Lilian en entrevista.
También cofundadora del coro es Alison Batalla Garcés, que hoy tiene 17 años, estudia preparatoria y quiere ser abogada. “Me gustaría estudiar derecho penal en la Universidad. Quiero alzar la voz por las personas a quienes es difícil que se les escuche, sobre todo legalmente”, cuenta Alison, quien subraya que fue una experiencia muy bella el que, gracias al coro, haya conocido a tanta gente, además de lugares tan distantes como Canadá.
Estas jóvenes, y sus compañeras del coro, ya tienen un sólido recorrido biográfico y artístico, con tres años de trabajo ordenado y disciplinado. En Canadá, junto con el ensamble Scherzino, presentaron ante más de 300 personas las piezas “Tierra Mestiza”, “Nereidas”, “Cascabel”, “Son de la Negra”, “La Bruja”, “Qué bonita es mi tierra”, “Amorcito Corazón”, “Piel Canela”, “Nana Pancha”, “Chuchumbé”, “Cielito Lindo”, y las latinoamericanas “Ay mi palomita” (Venezuela) e “Idilio” (Cuba).
Son muchos los corazones que han sincronizado sus latidos para materializar la historia de ContraCanto, en la que todas y todos han sido indispensables: la Embajada de México en Canadá; la Embajada de Canadá en México; la filántropa Onag Ash, el Grupo Q.M; la organización Fomento Social María Félix; la Asociación Sueño Lúcido; Banco de Alimentos, Terapeutas por Morelos, Dinámica Humana; Fundación Comunidad A.C.; Amigos de ContraCanto, así como otras personas en México y Canadá que prefieren mantener su apoyo anónimo.
“Nacimos con el deseo de no solicitar apoyos gubernamentales y hemos tocado muchas puertas de la sociedad civil. Con el tiempo sí hemos recibido ayudas institucionales, como fue la organización del Festival Internacional de Coros y dos de las niñas y yo hemos recibido becas PECDA (que es un programa federal que apoya proyectos culturales en las entidades federativas). Ahora estamos en otra etapa en la que seguramente necesitaremos mucha ayuda, que es replicar este proyecto en otras escuelas y en otras partes del estado. Es algo que nos hará tocar más puertas”, concluye Luis Arturo Suaste Cherizola.
Si alguna persona quisiera apoyar a este grupo, puede conocer más detalles en la dirección: https://www.suenolucido.org/contracanto
Al acercarse el 22 de noviembre, fecha que la UNESCO ha seleccionado como Día Mundial de la Música y que la iglesia católica reconoce como Día de Santa Cecilia, patrona de los músicos; es pertinente hablar de un coro que ha transformado vidas en Morelos.
Y al hablar de ContraCanto, Coro de niñas de Atlacholoaya, también es pertinente recordar que “si eres veraz, tendrás logro en tu corazón y lo que hicieres tendrá éxito”.

El proyecto ContraCanto es un esfuerzo educativo y de desarrollo humano, a través de la música coral. FOTO: Cortesía de ContraCanto

La mayor parte de los recursos con los que se sostiene ContraCanto provienen de sus conciertos y de donativos de la sociedad civil. FOTO: Cortesía de ContraCanto

Durante tres años, las niñas que son dirigidas por Arturo Suaste Cherizola, han perfeccionado su técnica musical. FOTO: Cortesía de ContraCanto

El pasado mes de septiembre, este coro de niñas y jóvenes de Atlacholoaya se presentó por primera vez en Canadá. FOTO: Cortesía de ContraCanto

En los conciertos en Ottawa y Gatineau, las niñas de ContraCanto estuvieron acompañadas del ensamble Scherzino, de Cuernavaca. FOTO: Secretaría de Relaciones Exteriores.

Experiencias como el primer viaje de ContraCanto fuera de México parecían metas inalcanzables cuando el proyecto nació. FOTO: Cortesía de ContraCanto.

La historia de ContraCanto contiene enseñanzas sobre cómo abrir oportunidades de desarrollo donde son escasas o no existen. FOTO: Cortesía de ContraCanto.

