
Remolino de buenas noticias
La semana pasada queridos lectores, recibí un cúmulo de excelente información acerca del tema que me ocupa para cerrar la 2da. edición de mi libro Los Rostros de Guadalupe: Con el corazón azteca dentro del suyo, que bien pudiera ser un segundo tomo, aunque elegiré lo mejor para aumentar y enriquecer la primera edición. Información privilegiada que incluso de España me llega. Aunado a lo anterior, tengo el privilegio de consultar un libro original de 1785 que guardo como un tesoro porque contiene lo que se publicó y preparó durante el lanzamiento de Nuestra Señora de Guadalupe al mundo, 115-116 años después de la fecha que nos da la historia oficial. Pero fíjense que mientras más me adentro en su vida, crece para mí la historia real de nuestra Guadalupe que, con mucho, es más fascinante de lo que mucha gente piensa o quiere creer.
En otro orden de ideas, la Dra. Gloria Villegas Moreno, gran catedrática de Historia de México, dos veces directora consecutiva de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, autora de importantes obras, maestra mía en El Colegio de Morelos hará unos diez años y con el tiempo, orgullosamente mi amiga. Pues bien, en cada una de sus llamadas algo aprendo. En esta última ocasión me habló de varios destacados historiadores mexicanos de la primera mitad del siglo XX y me llamó la atención un nombre: Atanasio G. Saravia (1888-1969). Historiador, banquero y académico mexicano oriundo de la ciudad de Durango, Dgo. Villegas Moreno me hizo llegar la siguiente información que ahora se las comparto, porque es ni más ni menos que el abuelo de nuestra gobernadora Margarita González Saravia. Va.
Don Atanasio fue miembro de la Academia Mexicana de la Historia, ocupó el sillón 17 de 1920 a 1959 y fue su director de 1941 a 1959. Uno de sus logros fue que ante la inminente demolición del palacio de los Condes de Rábago que por cierto estaba en pésimas condiciones. Y por sus relaciones, don Atanasio supo que el Banco Nacional de México necesitaba un terreno para construir un edificio y lo mejor, logró que la institución donara a la Academia de Historia la fachada y la parte útil de la construcción, valioso material que fue trasladado piedra por piedra a su actual ubicación en la plaza Carlos Pacheco, ubicada en San Pablito, en el centro histórico de la CDMX.
El mismo Carlos Pacheco de la ciudad capital del país, el nuestro en Cuernavaca, luce airoso también frente al Palacio de Cortés. En su honor, por lo obtenido, dicha banca, institución en la que prestó sus servicios muchos años y de la que fue subdirector y director en 1959, a través de Fomento Cultural Citybanamex, se instituyó en su honor el premio “Atanasio G. Saravia” de Historia Regional Mexicana, en reconocimiento a las personas que se dedican al estudio histórico en esa especialidad.

Publicó además, 31 libros, numerosos estudios, ensayos y diversos escritos. Entre sus obras destacan: –Los misioneros muertos en el Norte de la Nueva España (1920), así como Apuntes para la historia de la Nueva Vizcaya, una de sus ediciones fue en 1993 a través de la UNAM. Y les comparto que tan ilustre personaje es, ni más ni menos, el abuelo paterno de nuestra gobernadora Margarita González Saravia.
Y nos vamos con la última noticia. Se trata del muy meritorio ingreso a la Academia Nacional de Historia y Geografía de un viejo amigo y maestro de muchas generaciones, el profesor Pablo Rubén Villalobos Hernández, ceremonia cargada de poesía, cultura y emociones realizada en el Aula Magna General Manuel Torres de dicha academia.
Entrevistado poco después, Pabló Rubén me confesaría: “Tu pregunta –dice a quien esto escribe- no es fácil de responder porque cada etapa de mi edad la he vivido plenamente pero eso sí te digo, lo más hermoso de mi existencia es haber encontrado la gran oportunidad de aprender a vivir y a convivir siempre tratando de ayudar y de ser útil, con cordialidad y respeto, aunque esto debe darse siempre de manera recíproca: ´Sine qua non´”, como buen profesor siempre, me recomienda poner este latinazgo entre comillas. Se lo hago notar, reímos ambos.
Luego sigue: “Profesor, lo soy por vocación, periodista por decisión de la vida de acuerdo con mis propias circunstancias que me abrieron las puertas, pero también encontré a lo largo de mi vida las manos tendidas. En el quehacer periodístico llevo 69 años, en el de poeta llevo más porque el poeta nace, no se hace y mi primera poesía la hice a los 14 años y aún a mis 85 sigo. Y si me preguntas, cómo veo la vida, te respondo: La vislumbro con el placer de continuar vivo, de disfrutarla y de continuarla sin temor a la muerte, pero le doy gracias a dios por la longevidad que me ha permitido, rodeado de amor y de cariño. Autor de más de 50 poemas, de la historia de 27 municipios de Morelos, más otras 16 publicaciones en el país y de otros 4 países. “En todos, hablo de todo lo que tiene cada espacio y siempre culmino con un profundo sentimiento de identidad a la tierra a la que respeto sobremanera”. Y hasta el próximo miércoles.

Aquí aparece don Atanasio G. Saravia, banquero e historiador que formó parte relevante de las más prestigiadas instituciones culturales de la época. Fotografía publicada durante la XVIII edición del Premio que, en su honor, lleva su mismo nombre y bajada del sitio www.banamex.com, proporcionada por la autora para acompañar esta columna.

