El maestro tibetano de meditación budista Chögyam Trungpa dice que sólo dedicamos un 20% de nuestros pensamientos al presente, y que el 80% restante estamos entre vivir en el futuro o en el pasado. No sé cómo Chögyam Trungpa haya obtenido esos datos, pero siendo el maestro sagrado que es, no pienso ir a cuestionarlo al más allá donde posiblemente ya haya reencarnado en un animal o ser humano según sus actos virtuosos y su acumulación de karma, de igual manera le deseamos el mejor viaje.

Ese 80% que resta de nuestros pensamientos es vital y crítico, ya que estamos entre viajar al pasado o al futuro, algunos dicen que si viajas al pasado y tienes pensamientos de culpa y arrepentimiento tiendes a la depresión, y que si viajas al futuro y tienes pensamientos de preocupación donde no puedes controlar lo que vendrá y constantemente de aterra lo desconocido, tiendes hacia la ansiedad. ¡Menudo diagnóstico! Pero yo pienso ¿Quién está libre de sentirse pleno en el presente si no tiene el futuro resuelto y ningún pasado es perfecto? Bueno resulta que hay otro maldito grupo de pensadores quienes dicen entonces, que vivir en el presente causa estrés porque estás intentando resolver los problemas del pasado, resarciendo lo que fuiste a deshilachar alguna vez, o juntando provisiones en tu bunker para la guerra futura que has de atravesar.

Otra de las cantaletas comunes en mi generación es la excusa de no querer tener hijos porque (y en su voz me dicen convencidos) ¿Y es que qué futuro les depara?”

Siempre me ha sorprendido ese poder televidente de quienes argumentan esto, si ellos pueden saber qué va a pasar o poseen un Delorean que nos digan ya, para empezar a ahorrar agua, sembrar maíz, blindar nuestro cuartel o los pocos LPs que atesoro en una cápsula del tiempo.

Volviendo al tema del presente, pasado y futuro, yo tiendo mucho al pasado, es decir; a lo depresivo. Una amiga muy querida me dijo que era porque yo había nacido en otoño, que era normal que fuera nostálgico, y que cada estación trazaba según nuestro alumbramiento un estado anímico que habríamos de cargar por siempre. Me hizo sentido, no es que cargue en mi pasado pensamientos de arrepentimiento, claro que tengo algunos remordimientos, pero nunca han sido lo suficientemente fuertes como para cuartear mis metas a futuro, o en palabras de K. Lamar en Die Hard: “I got some regrets but my past won’t keep me from my best”

Mi viaje al pasado tiene mucho en realidad que ver con ordenar el tiempo, es como si a través de estos pequeños relatos dejara una línea de tiempo de lo que pasa en mi vida, de quién he sido. Aunque debo de confesar que seguido y antes de dormir veo mi galería de fotos en aleatorio, deslizo el dedo y según la foto donde caiga mi índice me quedó rumiando unos momentos, pensando en lo que pasó ese día, a menudo son recuerdos buenos, y duermo con una sonrisa en el rostro.

Por el contrario, pocas veces viajo al futuro, quizá cuando no sé de dónde vendrá mi próximo cheque, y aun así ese hecho nunca me ha quitado el sueño, mi viaje es siempre al pasado. Otra palabra que se asimila a nostalgia y con la cual me siento más identificado es Saudade de origen portugués, esta palabra es difícil de traducir al español, algunos la asimilan con añoranza, melancolía, pero la fragancia de su esencia trasciende las paredes de este significado. Experimenta saudade no sólo es echar de menos, sino también trascender ese sentimiento para tomar conciencia de la importancia que han tenido determinadas personas y momentos en nuestras vidas. Es entonces cuando evocamos a esos ojos con los que no volveremos a conectar nunca, a la piel que jamás rozaremos o al olor del lugar donde crecimos, el patio de nuestra infancia donde el sol golpeaba el horizonte y nos acariciaba la inocencia. Saudade puede ser el punto de encuentro entre la alegría del recuerdo y la tristeza de la ausencia.

Para mí es el atardecer en una playa con amigos, mientras de fondo suena la brisa de voz de Caetano Veloso, la espuma del mar golpea mis pupilas y recuerdo porque es que merece la pena vivir.

Roatán, Honduras

Febrero 2025

Andrés Uribe Carvajal