

El Jazzville de Madrid presenta…
Yo tiré la primera piedra y no escondí la mano para que Laura y su voz brillaran en Madrid. Todo comenzó frente al mar Pacífico, en la terraza del bellísimo departamento de Maca. Esa noche todo caminaba plácidamente mientras terminábamos de deleitarnos con un pescado a la sal que la anfitriona y gran cocinera había preparado, cuando en la sobremesa “El Biólogo” Hernández, que aún enloquece con el mar de Manzanillo, le pidió a Laura —moción que todos secundaron— que cantara un blues y después, ante la petición de que continuara, ella puso unas pistas de su última grabación con sus músicos de El Club del Algodón y continuó cantando.
Semanas más tarde, durante una llamada a España con Maribel para darle las fechas exactas en las que estaríamos en su casa durante nuestras vacaciones, tiré la primera piedra al comentarle que estaría bien que Laura cantara en la comida que siempre que vamos nos organiza en su casa con los amigos, y que le diría a Laura que llevara sus pistas y cantara igual que lo hizo en Manzanillo.
Hasta ahí llegó la piedra lanzada, pero esa inocente idea creció como bola de nieve que rueda cuando Maribel lo comentó con Pau Costa y Úrsula Murayama quienes pensaron que la voz de Laura merecía un escenario mayor y un público más nutrido. Una buena tarde le avisaron a Laura —quien quedó sorprendida— que Pau había encontrado y tenía listo el lugar en Madrid donde podría dar un concierto.
Laura pensó entonces “tengo el repertorio y las partituras por cada instrumento”, pero con preocupación comprensible se preguntó: “¿con quién voy a tocar?, faltan los músicos”. Maribel disipó esa duda al comentar que ella conocía un músico que podría armar el grupo que la acompañara en la presentación. Así, en estas comunicaciones a distancia entre México y España, Laura envió sus partituras a un baterista, a un bajo, a un saxo y a un pianista —en ese momento todos desconocidos para ella— quienes tocarían el 2 de octubre en el Jazzville Club de Madrid. Así, la piedra lanzada en Manzanillo iba creciendo a lo largo del viaje interminable que hicimos y el concierto iba tomando forma. Laura, desde Portugal y Galicia, se comunicaba con sus músicos españoles. La participación de Diego Cordera fue determinante para lograr la venta de las entradas y las reservaciones, resolviendo los aspectos administrativos y fiscales para poder realizar el concierto y, gracias a su trabajo, en Santiago de Compostela nos emocionamos al ver en una plataforma el cartel del concierto, en el que se ve a Laura cantando frente al micrófono y con letras grandes el anuncio:
El JAZZ de Laura Koestinger

Con
Carlos Badanelli – batería
Miguel Sacristán – piano
Gonzalo Sánchez – bajo
Ignacio Sánchez – saxo
Jueves 2 de octubre – 21:30 H
Entradas a la venta en ticketandroll.com
Durante el viaje nos íbamos enterando de cómo iba la venta de las entradas que primero era a cuentagotas, sin embargo, a nuestra llegada a Madrid supimos que las localidades estaban agotadas, ¡tendríamos lleno total! El 29 de septiembre en nuestra casa de Torrelodones, en un acto que me pareció temerario ya que desconozco el mundo de la música, Laura le avisó a Maribel y a «El Biólogo» que el martes, 48 horas antes de su presentación, iría a conocer personalmente a los músicos para ensayar con ellos por primera y única vez. A su regreso nos avisó con una amplia sonrisa que el ensayo había sido muy bueno y que el concierto estaría fantástico.
El día del concierto Maribel preparó para la hora de la comida unas tortillas de patatas como solamente ella sabe hacerlo, las que comimos deleitándonos como siempre con su sabor. Después nos fuimos a la estación para tomar el tren que nos llevaría a Madrid y así llegar a casa de Úrsula donde habíamos dejado una de tantas maletas con la ropa que “La Diva de a Devis”, como le dice Jaime López a Laura, usaría esa noche.
En el tren, una vez más, me sorprendió lo tranquila que se ve Laura en sus días de concierto; “segura” —pienso— “debido a su gran experiencia y a la confianza en la calidad de su voz”. Con esa tranquilidad que contagia llegamos a casa de Úrsula donde Laura seleccionó su vestuario. El mío estaba decidido desde México cuando supe que la piedra lanzada había llegado a su destino.
Dos horas antes de que iniciara la presentación, en compañía de Pau Costa, Laura salió de la casa y caminando se dirigieron hacia el club de jazz que, afortunadamente, quedaba a diez minutos sobre la calle Jesús Aprendiz 19 del barrio Retiro-Pacífico. Como en una marcha de amigos, hacia a las 8.30, salieron con rumbo al Jazzville Úrsula y Pau, su hija Camila con su novio Abraham, Yolanda, Carol y «El Biólogo». En la terraza de un bar, mientras tomaban unas cañas, ya estaban esperando a que se abrieran las puertas del club de jazz Diego Cordera y su esposa Rocío, Ciro Murayama, Rogelio Olmedo y Cristina Matosas, todos ramas del árbol genealógico de la amistad.
Para imaginar las emociones que Laura con su voz y sensibilidad produjo en ese lugar, que estuvo a reventar, les sugiero no leer sino que escuchen en su imaginación algo del repertorio que seleccionó para esa noche: abrió con Please Send Me Someone to Love para continuar entre otras piezas con Night and Day, All of Me, The Man I love, Route 66, un gran arreglo en jazz de Bésame Mucho, Cry me a river, Autumn Leaves y, para cerrar como segundo encore, hizo una increíble interpretación de Summertime.
Las otras emociones de esa noche las produjeron el encuentro con grandes amigos españoles, ahí estaban emocionados de lo que escuchaban Santos Ruesga y Raquel, el poeta Miguel Sánchez y Nines su fantástica, inteligente y divertida mujer, así como su inseparable amigo Alberto Agudo y su novia a quien no conocíamos. Por supuesto, quienes estaban cerca de mi mesa: Maribel y su hijo Diego acompañado de su novia Natalia; Teresita y Elsa quienes cumplieron su palabra de estar presentes esa noche y, evidentemente, no podía faltar Javi —aunque lo metimos sin boleto—; tampoco faltaron Tere Costa, Alberto y Marisol con quienes felices nos abrazamos. El cierre de la noche fue en la barra del club brindando con Laura, Ciro, Rogelio, Cristina —a quien llamo con cariño “infartitos”— y Miguel Sacristán, el pianista, con quien trabamos una gran amistad que ahora se conserva vía mensajes cotidianos. Durante el brindis, al comentar el concierto que había dado Laura, me vinieron a la mente las palabras de otro gran amigo a quien no olvidamos, el escritor y poeta Roberto Diego Ortega con cuya pasión musical y finísima pluma escribió: “La elección de un repertorio contiene las líneas y las sombras de un autorretrato, la educación sentimental y musical, el despliegue de un gusto, del placer de la música y los privilegios del oído. Laura Koestinger pertenece a ese linaje musical”.
*Bailarín tropical apasionado de viajes, bares y cantinas, que desea que estas Vagancias semanales sean una bocanada de oxígeno, un remanso divertido de la cotidianidad.


