Historia de un encuentro luminoso

Segunda parte

 

Como el correo en España sí existe, al tercer día de mi envío recibí en Madrid el primero de los muchos mensajes de Manuel, en el cual agradecía el libro y la dedicatoria. Desde ese martes de principios de octubre de 2024 Manuel y yo hemos hecho crecer nuestra amistad gracias a la maravillosa vía que ambos hemos escogido para comunicarnos, que no es por mensajes escritos, sino de voz, con el fin de escucharnos; un intercambio de afectos que ha continuado durante estos meses, todo en respuesta a una solicitud, pues le pedí a Manuel que me mandara algunos videos donde él apareciera cantando.

En el primer envío recibí dos videos y, una semana después, dada mi insistencia, mandó un par más que al verlos y escucharlos te sobrecogen. En ellos Manuel aparece como lo que es, un extraordinario cantaor, un artista capaz de hacer vibrar a quien lo ve y lo escucha. Luego de disfrutarlos en repetidas ocasiones Laura, que es una conocedora de las plataformas electrónicas, buscó a Manuel Heredia en su canal de YouTube y pudimos gozar de varias de sus presentaciones, una de ellas extraordinaria, filmada en La Corrala, un teatro de enorme tradición en Granada donde cada verano se organiza un festival, un encuentro flamenco. En esta grabación aparece Manuel acompañado de otro gran artista, el guitarrista Marcos Palometas, un joven nacido en 1983 que pulsó su guitarra por primera vez desde los 10 años bajo las enseñanzas de Enrique Canastero y después bajo las de Manolo Sanlúcar. Esta filmación es un espectáculo imperdible de un artista, mi amigo, a quien se le reconoce no sólo en Granada sino en todo el universo del flamenco. Búsquenlo, si pueden, y conozcan a Manuel Heredia para comprobar que mi amistad no me hace exagerar.

En esta historia quiero compartir uno de esos mensajes, recibido hace algunos meses, que en principio se refería al próximo envío de una grabación de la canción sobre Lorca, no obstante, lo que escuché en su voz al continuar el mensaje me paralizó. Era algo inimaginable para este biólogo que escribe estas Vagancias. Las palabras totalmente inesperadas que escuchaba aquella mañana del 3 de noviembre de 2024 eran una petición, un favor, me decía que había gozado la lectura de mi libro y que por ello se atrevía a pedirme “Como el escritor de corazón y alma que usted tiene, Jorge Hernández ‘El Biólogo’, quisiese entonces pedirle un favor, si puede ser, como a mí me gusta cantarle al amor y al desamor, por eso, si puede ser, abusando de la amistad y el cariño que nos tenemos, que usted me escribiese unas letras para mí, para hacer de esas letras una canción para yo cantarla, traerla a mi terreno. Si puede ser, si no, pues na, no se puede y ya. Vale”.

La petición sentida al principio como un halago se convirtió, al pensarla, como si hubiera entrado en arenas movedizas, en terrenos desconocidos, ya que nunca había pasado de forma alguna por mi cabeza escribir una canción. Sin embargo, el cariño por mi amigo me hizo recorrer los pasillos de mi memoria en donde apareció algo que hacía tiempo había escrito, era un poema libre que tenía algo de gitano, según me dijo un amigo español. Revisé el poema, lo trabajé un poco más con la ayuda de algunos amigos para después, no sin antes llenarme de valor, enviárselo al gran cantaor y camaronero llamado Manuel Heredia —lo de camaronero se debe a que nació escuchando a José Monje, el Camarón de la Isla, quien tocó el alma de Manuel cuando este lo vio por primera vez a los 14 años y a quien continúa admirando y reconociendo por su arte, y por haber transformado y refrescado el flamenco como nadie.

El mensaje de respuesta de Manuel, luego de recibir mi letra, iba precedido de una carcajada que, dijo, era producida porque lo escrito por mí le había encantado. “Qué maravilla eso que escribiste” y repitió con emoción el principio de la letra: “Apenas te vi, no te he tocado todavía, y ya creces como una conspiración” y la leyó de nuevo para terminar su mensaje diciendo “Mi amigo Jorge Hernández ‘El Biólogo’, eso que me escribiste lo voy a llevar con mucho gusto a mi terreno”.

No encontré mejor manera de terminar esta historia, que Manuel Heredia explicando con sus propias palabras lo que ha pensado de ese nuestro encuentro, y por eso les comparto sus palabras enviadas en marzo pasado: “Hoy en este mensaje quisiera hablarte de lo que pienso del habernos conocido, ¿cómo describir ese encuentro? Fue un encuentro tan fortuito entre un cantaor y un escritor poeta, ¡habrá cosa más bonita que eso ocurriera en la Carrera del Darro, en la puerta de un tablao flamenco! Nos conocimos y nos tratamos como un par de horas o tres, en total, y ahora nos hablamos y nos queremos como si nos conociéramos toda la vida. Qué grandes amigos nos hemos hecho. Nos veremos pronto para pegarles un abrazo a ti y a tu esposa, que os dará este gitanito que os camela. ¡Sastipen Tali! , como decimos los gitanos (que en el calé de la lengua de los gitanos, significa Salud y Libertad). Que Dios te bendiga a ti y a todo lo que abarca. Para mí fue un encuentro maravilloso, te lo juro. En octubre nos vemos, Jorge Hernández ‘El Biólogo’, para que caminemos una vez más por la Carrera del Darro, ese lugar por donde hace muchos siglos funcionaba un aljibe construido por los árabes”.

Así, de esta manera luminosa, conocí a uno de esos hombres que tienen el don de sembrar vida por donde quiera que vayan.

*Bailarín tropical, apasionado de viajes, bares y cantinas, que desea que estas Vagancias semanales sean una bocanada de oxígeno, un remanso divertido de la cotidianidad.

Jorge “El Biólogo” Hernández