En notas pasadas he hablado de la compleja situación en la que se encuentra mi generación respecto a la falta de trabajos bien remunerados con las condiciones mínimas de ley, pero sobre todo el acceso a la vivienda. No es una exageración señalar que hoy día toda una generación, los millenial nos encontramos ante un escenario francamente lúgubre, a menos de que pertenezcas a un muy selecto grupo socioeconómico, el mercado de la vivienda está totalmente cerrado para nosotros.

Hace solo unos días revisaba el mercado inmobiliario en algunos municipios de Morelos, percatándome que las casas en venta oscilan entre los 2 y los 5 millones de pesos. Para poder pagar solo el enganche el interesado debe desembolsar de golpe un aproximado de 300 mil pesos y una vez hecho eso, solicitar un préstamo al banco de tu conveniencia el resto para saldar la deuda. Las redes sociales están llenas de comentócratas y gurús financieros que sin aspavientos señalan que comprar una casa para vivir en ella es un error, que lo que se tiene que hacer es comprar una vivienda, luego otra y finalmente una tercera para vivir de las rentas que estas generen.

Lo que estos “genios” de la industria inmobiliaria omiten deliberadamente es que hoy en México nadie o casi nadie de mi generación contamos con la suma mínima en nuestras cuentas para pagar el enganche de una casa. Para esos vendedores de humo es muy fácil señalar que es culpa de nosotros mismos por no echarle ganas al trabajo y por una supuesta actitud conformista. Son pocos quienes alejados de ese ámbito señalan que las condiciones estructurales heredadas del neoliberalismo son las que han impedido a toda una generación acceder a la vivienda aunadas las precarias condiciones laborales que la mayoría de nosotros padece.

Ya no se trata de una predicción sino una realidad, somos la primera generación que está viviendo peor que nuestros padres. Pero, así como señalamos nuestras condiciones, también hay que señalar a los responsables, en parte se trata de las políticas neoliberales implementadas en México desde los años 80. Por otra parte, nos encontramos ante la complicidad de la banca en busca de mayores ganancias para sus accionistas a costa de privar de un futuro medianamente estable para los millenials y quienes vienen después de nosotros.

Con acciones gubernamentales orientadas a regular el actuar predatorio tanto de los bancos como de las inmobiliarias, aquellos quienes no tenemos el privilegio de heredar, tendremos esperanzas de poder acceder a la vivienda en el fututo. Un primer paso importante, aunque tímido es el programa “Vivienda para el Bienestar” que tiene como propósito contribuir al mejoramiento de la vivienda de personas de 18 años y más, mediante la entrega de apoyos para el mejoramiento de la vivienda, aplicable por ahora en el Estado de México, pero con miras a expandirse. De mantenerse el sistema como hasta ahora, mi generación estará condenada a la más absoluta miseria. Y, sin embargo, antes de concluir esta nota, creo que es preciso señalar que con la escalada militar iniciada por la colonia de ocupación sionista en Medio Oriente y los recientes bombardeos de Estados Unidos en Irán, es probable, aunque no deseable, que las preocupaciones sobre el ingreso a la vivienda de una generación dejen de ser importantes si estalla una guerra a nivel mundial.

No hay un cierre amable o alentador para esta columna, el sistema bancario e inmobiliario es hostil y tratara de evitar todo tipo de regulaciones estatales con tal de mantener los altos márgenes de ganancia. Y con los tambores de guerra sonando en el mundo, comprar una casa quizás sea el menor de nuestros problemas, los llamados a la paz no dejan de ser suficientes, pero solo las acciones concretas de las potencias pueden evitar el estallido y la confrontación, muy a pesar del tímido cese al fuego al que se ha llegado.

* Historiador

H. Alexander Mejía García