“La libertad, Sancho,

es uno de los más preciosos dones

que a los hombres dieron los cielos.

Con ella no pueden igualarse los tesoros

que encierra la tierra ni el mar encubre.”

Don Quijote de la Mancha

Como es por todos sabido, el pasado 8 de enero, el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comentó: “Mi límite es mi propia moralidad y mi propia mente es lo único que puede detenerme, no necesito del derecho internacional”. Resalto de esta cita, y no porque no haya nada más importante para señalar en ella, el rechazo al orden internacional, tan comentado en distintos medios de comunicación, impresos y digitales, por analíticos y comentaristas; han dicho: “el nuevo orden mundial rechaza el derecho internacional, un logro obtenido con el surgimiento de la ONU, tras la Segunda Guerra Mundial”.

Pues bien, más allá de las imperfecciones que en su historia la ONU pueda tener, dicho organismo representa la voluntad política internacional para establecer acuerdos o negociaciones entre países, en respeto a la libertad y la autodeterminación de los pueblos del mundo, evitando, con ello, en la medida de lo posible, el ejercicio de la fuerza o la violencia en las relaciones internacionales; resalto de dicha función de la ONU, y no porque no haya nada más importante que comentar al respecto, el ejercicio de la libertad y autodeterminación que se salvaguarda.

Mi pregunta, entonces, es, qué hemos hecho con la libertad, “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, diría a Sancho, Don Quijote; y, en específico, con respecto a ese “hacer”: ¿qué tanto podemos pensarnos responsables por la presencia de un dirigente (Trump) que, ante el conflicto, prefiere u opta por el uso de la fuerza o la violencia, en lugar de por estrategias más pacíficas?

Por supuesto, no somos responsables de las decisiones que, ante el conflicto, los demás tienen, ni mucho menos si se trata de un dirigente con tantos elementos en juego, como es el económico o el poder. Pero, detengámonos a pensar un poco en ello, desde un punto de vista colectivo quizá: en tanto que género humano; o histórico: en tanto que inmersos, todos, en procesos socioculturales… ¿Podría ser Trump responsabilidad nuestra?

Ahondo en ello: ¿podríamos evitar, en la medida de lo posible, que “nuevos Trump” surjan? ¿Podríamos ser, cualquiera de nosotros, Trump?, ¿no hemos optado, ante el conflicto, por el uso de la fuerza o la violencia, en lugar de por medios o estrategias más pacíficas? Insisto, no pretendo justificar las acciones de dicho dirigente, sino, poner en perspectiva el fenómeno que hoy día nos aqueja; sin duda, una línea muy delgada.

Por ello, pregunto, de manera central: ¿qué hemos hecho con nuestra libertad y con el ejercicio de nuestra autodeterminación?, dos valores que en el orden internacional la ONU salvaguarda; pero, ¿y en el escenario doméstico y cotidiano nuestro?, ¿hemos ejercido dichos valores con la suficiente responsabilidad?

Cuando hablo de ser responsables de nuestra libertad y de nuestra autodeterminación, me refiero al cuidado de la voz, no sólo propia, sino de los demás, de aquellos con quienes convivimos e interactuamos, ya sea para establecer acuerdos o, incluso, amarnos; me refiero a un ejercicio de autodeterminación que permita, no sólo el desarrollo de las potencialidades propias, sino, también, de las personas con quienes convivimos e interactuamos, que amamos, queremos o, incluso, necesitamos, por tener en común un espacio para compartir; me refiero, pues, a cómo ejercemos esa voz, y si la hemos cuidado, para que no desatienda la voz de los demás, pues -quizá no esté de más decir- todas son importantes.

¿No será Trump esa persona cuya voz fue callada o ignorada?, no por la censura explícita de su libertad, sino por no ejercer lo que nos corresponde, esto es, por habernos dormido en el laurel de las libertades que, no por decirlas, son desarrolladas ¿No podría ser Trump cualquiera de nosotros cuando, frente al conflicto, optamos por la fuerza o por la violencia, en lugar de por medios o estrategias más pacíficas? ¿No podríamos todos, desde algún ángulo de perspectiva, ser responsables de la presencia de un Trump, dirigente de uno de los países más poderosos del mundo, sino es que el más, al no ejercitar la libertad que en este momento vemos tan amenazada?

* Profesor de Tiempo Completo de El Colegio de Morelos.

Aristeo Castro Rascón