

Memorias del cutman californiano Jacob “Stitch” Durán: recuerdos de un territorio perdido y recuperado
(Primera parte)
Fernanda Isabel Lara Manríquez
En el año de 1848 México perdió ante los Estados Unidos de América el territorio de California [y más de la mitad de su territorio nacional], por ceder dicho espacio México recibió 15 millones de dólares. En el año de 2024 el PIB de California representó un ingreso de 4.2 billones de dólares, se dice que si fuera un país independiente sería la quinta economía del mundo, ¡vaya negocio! No solamente le da hogar a uno de los clústeres tecnológicos más importantes del mundo, a saber, Silicon Valley, sino que también es el espacio de producción de la cultura que afianza la dominación ideológica yanqui alrededor del mundo, es decir, Hollywood. Además, es un estado que cuenta con diversos puertos, lo cual le ha permitido erigirse como potencia dentro del comercio internacional, pero también es el territorio que más aporta a la agricultura de EE. UU.
En el censo de 2020 se estimó que en California había alrededor de 12.2 millones de mexicanos, pero hay pueblos o pequeñas localidades dentro de ese mismo estado en los que la población hispana es una mayoría. En su tesis de maestría, The “othering” effect: A critical analysis of the financial state of two “disadvantage unincorporated communities” in the San Joaquin Valley (2019), Shani Alford señala que para el año 2010 en el pueblo La Planada un 95% de la población se identificaba como hispánica o latina.
Es en La Planada, en 1951, a nueve años de la instauración del programa Bracero, donde los mexicanos María Inez Arias, nacida en Chihuahua y Benjamín Tamayo Durán, nacido en Guanajuato le dieron vida a Jacob “Stitch” Durán, reconocido ahora como el mejor cutman del mundo. Pero antes de conseguir ese título, vivió en carne propia la marginalidad, discriminación y trabajo arduo que implica ser un campesino de ascendencia mexicana en un país en el que se es extranjero en un territorio que nos fue despojado y que ahora parece recuperarse gracias a la expansión de la población llegada de México.

“Stitch” siempre soñó con ser policía, siendo un infante campesino, allá en La Planada, en los campos de fruta, su mente volaba con esa idea y con el deporte que hasta ese momento era dueño de su corazón, el béisbol. Durante su vida como campesino participó él mismo en las protestas de César Chávez y los trabajadores de la fruta para mejorar sus condiciones laborales, Jacob era apenas un adolescente en esos años. En 1965, con tan sólo 14 años, participaría en la huelga de los recolectores de uva, en años posteriores se organizaron boicots y hasta huelgas de hambre por la explotación laboral a los migrantes mexicanos en el campo. Por ello, durante la entrevista insistió en lo mucho que lo perturba las dificultades de la población migrante mexicana desde el regreso de Donald Trump.

Jacob “Stitch” Durán a sus 13 años. Archivo fotográfico de la familia Durán.
No obstante, la vida le presentó algunos giros y lo fue encaminando a su destino, el cuadrilátero. Para 1972, a sus 19 años se enlistó en el ejército y partió rumbo a Tailandia, la casa del Muay Thai o del boxeo tailandés. Allí, además de estar en las fuerzas especiales se enlistó en los deportes de contacto, siendo el primero, el Muay Thai. “Stitch” encontraría su mayor pasión y se convertiría en peleador en un país cuya cultura no puede entenderse sin comprender la relevancia que tiene el boxeo tailandés. Combatió en tres ocasiones, recuerda distinguirse por golpear muy duro. Sin embargo, la necesidad de mejorar sus habilidades en el cuadrilátero lo encontrarían con el boxeo, pues gracias al Muay Thai ya dominaba bien las patadas y los codazos, faltaba dominar con los puños.

Fiódor Yemeliánenko siendo vendado por Jacob Stitch Durán. Archivo fotográfico de la familia Durán.
Ya para el año 1976, con apenas 23 años regresaría a Estados Unidos, país donde el Kick Boxing, el Full Contact y el Muay Thai no eran siquiera nombrados. Ante la dificultad de combatir en Kick Boxing y para resolver las necesidades económicas inmediatas, “Stitch” trabajaría en una empresa tabaquera por varios años al tiempo que continuaba entrenando boxeo en sus tiempos libres.
Algunos años después regresaría a su natal California, pero a Fairfield, y con tan sólo su tarjeta de crédito abriría “The American School of Kick Boxing”, durante ese periodo comenzarían su gloria y sus aportes en el mundo de los deportes de contacto y las artes marciales mixtas. En entrevista recordó su participación en la carrera de Dennis Alexio, campeón mundial en múltiples ocasiones de Kick Boxing en la categoría de los pesados, recordando su interpretación de Eric Sloane en la película Kickboxer, con la actuación del legendario Jean-Claude Van Damme.
“Stitch” complementaba el entrenamiento a peleadores de Kick Boxing y a peleadores de boxeo, para lo cual su acercamiento con el entrenador Pedro Alvarado fue primordial. Pero el sueño de Jacob era partir a Las Vegas, la oportunidad se presentó, pero tenía que partir en dos semanas: “Le di mi escuela a uno de mis estudiantes, vendí mi casa, tomé mi dinero, puse a mi familia en una troca y manejé 9 horas a Las Vegas, le llamé a mi mamá, ‘mamá, tengo nuevo número’”.

