Coñocimiento, la potencia placentera de conocer nuestra cuerpa

 

Había una vez una mujer adulta se despertó en la madrugada, empapada en sudor. Se levanta y camina hacia el espejo con la certeza de que algo no encaja: su reflejo está incompleto. Ahí está la piel, las arrugas, la carne, pero no hay rastro de deseo, ni de placer, ni de historia propia. Como si toda su vida hubiera habitado un cuerpo prestado, amueblado por otros. Repasa con la mano el contorno de sus senos, de su vientre, y siente la ausencia como un hueco, como un silencio que no le pertenece. Reconoce entonces que nunca se miró a sí misma con sus propios ojos, siempre filtrada por la lupa masculina, siempre interpretada, corregida, juzgada. Su cuerpo existe, sí, pero en la memoria de otros. En su propia memoria, todavía es un fantasma.

Por eso es tan urgente hablar de coñocimiento. Porque muchas mujeres, incluso después de años de vivir en sus propias pieles, siguen explorando un territorio que les fue negado: su placer, su deseo, su autonomía. Xoch Guzmán nos enseñó que nombrar nuestra cuerpa, explorarla, conocerla, no es solo un acto íntimo, sino político: una forma de resistencia frente a siglos de normas que intentaron borrarnos, disciplinarnos, convencernos de que nuestro cuerpo no nos pertenece.

El coñocimiento no es solo conocimiento de la anatomía; es estrategia, autodefensa y reivindicación. Es permitirnos decidir, sentir, nombrar lo que antes fue silencio y prohibición. Reconocer, explorar y disfrutar nuestra cuerpa es también confrontar las estructuras que nos enseñaron a callar, a obedecer y a negar nuestra potencia. Cada descubrimiento, cada palabra que inventamos para describir lo que somos y sentimos, es un acto de subversión.

Así, la mirada patriarcal deja de ser la lente que define nuestra existencia. Nos reapropiamos de nuestro cuerpo, de nuestro placer, de nuestra historia. Y en esa reapropiación está la política más íntima, la autodeterminación, el autoconocimiento, autocuidado y libertad, como instrumentos de transformación y resistencia.

Porque conocernos, nombrarnos y sentirnos es desobedecer siglos de silencio impuesto; el placer y la autonomía son también actos de resistencia.

Ante el espejo Berthe Morisot (1876). historia-arte.com

Denisse B. Castañeda