
(Segunda parte)
Jorge D. Viveros Reyes
Don Sergio consiguió que nos dieran becas para tomar cursos en el CIDOC de IVAN ILYCH, nuestro horizonte se amplió porque encontramos un lugar de confluencia de ideas, de corrientes del pensamiento y acciones transformadoras. Estuvimos tomando cursos con Paulo Freire, Erik Fromm, Francisco Juliao entre otros; igualmente con dirigentes de organizaciones de movimientos cooperativistas y grupos como los Tupamaros, del movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno, con el que establecimos vínculos conjuntamente con José Revueltas. Invitábamos a personas de las diferentes tendencias a dar pláticas al CEFOSEM con grupos ampliados de trabajadores de diferentes fábricas. Con los asiduos del centro comenzamos a contrastar las ideas economicistas del socialcristianismo con las marxistas que, además de la fuente del CIDOC, arribaron a través de los grupos maoístas, guevaristas, trostquistas, etc.; a todos se abría la puerta y se permitía trabajar; convocábamos a la unidad; algunos llegaron con la lógica del “agandalle” y a generar sectarismos.
Al mismo tiempo Don Sergio tenía permanentes cambios; de oficiar misas para bodas, bautizos y celebraciones con ricos comenzó a darlas en patios de casas obreras. En al menos dos ocasiones al inicio de nuestra relación me invitó a platicar con empresarios dueños de grandes entidades como Bimbo, Mundet, Cervecería Modelo y otros en un pequeño grupo que muchos años después identifiqué como la Unión Social de Empresarios Mexicanos. El objetivo era hacerles ver la necesidad de que compartieran riqueza con sus trabajadores, de buscar el equilibrio entre los factores de la producción que a todos beneficiara; esto digo de manera burda, yo compartía que bastaba con que ellos cumplieran con los artículos de la Ley Federal del Trabajo y el 123 Constitucional.
El crecimiento del CEFOSEM y nuestra participación en la lucha por la reivindicación de los derechos en cada centro de trabajo dio inicio a los despidos y a la intervención en juicios ante la Junta de Conciliación y Arbitraje (solo había una en el Estado de Morelos). Pronto nos enfrentamos con la autoridad, con el gobierno coludido con los poderosos a los que representaba. La lucha salió de los centros de trabajo a las calles; se multiplicaron con la participación de trabajadores de distintos centros de trabajo que hasta entonces no se conocían, identificaron que todos eran uno mismo, que la defensa de los derechos les era común. La lucha económica se volvió, además, POLÍTICA. “charros, gobierno y patrón son el mismo CABRÓN” era la consigna. La conciencia se agigantó, se hizo expresión de clase.
Las movilizaciones y reclamos de los trabajadores llevaron a los patrones a buscar el apoyo de Don Sergio para aplacar a los trabajadores. “No soy juez, soy parte, estoy del otro lado”, replicó desde el púlpito en sus homilías en Catedral que para entonces tenía la atención mundial. Cada lucha de los trabajadores trascendía a través de su palabra llamando a la solidaridad; la limosna del domingo en todo el Estado se haría llegar para apoyar al movimiento en turno; los curas en cada iglesia reproducían la palabra y obra de Don Sergio; las comunidades eclesiales de base se vinculaban con los trabajadores, que, a la vez, acudían a sus reuniones y se quedaban en ellas que también salían a las calles, trascendían los templos. El gobierno federal y las fuerzas priistas nacionales subieron a la palestra en contra de Don Sergio; en contra, profusamente la prensa nacional llenó sus planas a excepción del Excélsior de Julio Scherer García que, incluso, le reproducía entrevistas. Desde luego, en la prensa oficial algunas plumas y moneros colgaban algunos textos e imágenes en los distintos diarios, haciendo la excepción.

Las pequeñas luchas de cada centro de trabajo sumadas, la elevación de la conciencia y la organización y la trascendencia de las luchas reivindicativas se convirtieron en expresiones de la lucha de clases.
Aquí le dejo porque seguir con esto requerirían ríos de tinta que no tengo en esta cama de hospital tan rica, cálida y profesionalmente atendida COMO TODAS por personal amabilísimo y atento permanentemente que nos arropan y estoy seguro me sacaran airoso de este evento.
Escribo este texto porque me conmovió gozosamente la petición de mi hija Edahi Viveros García de leer algo, cuando le dije que mandaría una disculpa por mi inasistencia al evento; le mando besos para el final de la lectura.
Escribo a vuela pluma, les mando abrazos a todas y todos.
* Artículo presentado en la primera sesión del Congreso Internacional Los Tiempos de Méndez Arceo / La fe encarnada y justicia social: el legado de Méndez Arceo.

