Tres años de una columna mutante



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Hace tres años, el 13 de diciembre de 2022, se publicó la primera “Tenaza de cangrejo”, gracias a la invitación de Enrique Balp. Él leyó una mini crónica en mi muro de Facebook sobre cómo mi hermano y yo le quitábamos garrapatas a las dos perras que vivían en el patio y las poníamos en una lata de atún con alcohol para luego quemarlas. Le gustó, platicamos, me invitó a colaborar y por supuesto acepté encantado.

Luego de dos años de escribir colaboraciones quincenales, 2025 fue el primer año en el que invité a colaboradoras; 3 de las 25 columnas publicadas fueron de autoras invitadas. Los temas sobre los que escribí en 2025 incluyeron una crónica en tres partes sobre la carrera “Morelos TranxBike”, plantas, aves, fósiles, minerales, inteligencia artificial y varias sobre enfermedades, salud pública y el trabajo de comunicación de la ciencia que hacemos desde el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

El nombre de la columna —“Tenaza de cangrejo”— hace referencia a mi obsesión infantil con las tenazas. Cuando estudiaba la primaria, más o menos de unos 7 años, solía acompañar a mi madre al súper. Me gustaba pasearme por la sección de pescados y mariscos para ver y tocar esos animales marinos de cuerpo alargado, bocas abiertas y ojos acuosos que eran los peces y, claro, crustáceos con tenazas, como langostas, cangrejos y jaibas (sobre todo jaibas).

Cada que tenía oportunidad me acercaba sigiloso a las jaibas que reposaban sobre el hielo. Sus caparazones espinosos de color gris azulado me fascinaban, los ojos minúsculos, las pequeñas patas, el vientre blanco y, sobre todo, sus fantásticas tenazas. Cuando nadie me veía desgarraba rápidamente una tenaza del cuerpo de la jaiba, la guardaba en el bolsillo del short o pantalón y me iba rápidamente. Ya en la casa la tenaza formaba parte de un elaborado juego con mis figuras de acción inspirado en las Tortugas Ninja: les quitaba o cortaba un brazo para sustituirlo por una de las tenazas robadas que unía al cuerpo con plastilina. En el juego, esas figuras eran mutantes, mitad humanas, mitad crustáceos.

“Tenaza de cangrejo” también es mutante. Nació como un lugar para escribir de ciencia de forma coloquial, con referencias a los fenómenos de masas, a la cultura pop, a las tradiciones y claro, a los años 80 y 90. Pero no solo se habla de ciencia en la Tenaza, también de salud pública, de política, de experiencias personales, intereses y obsesiones.

Las columnas de opinión son espacios de mucha libertad. Quien escribe puede poner lo que quiera, porque es su opinión y uno puede opinar de lo que le venga en gana, sepa o no del tema. Sin embargo, esa misma libertad exige una gran responsabilidad con la veracidad de lo que se dice y un compromiso con la pertinencia de lo que se escribe: una columna no debería ser el diario de quien escribe ni su cuaderno de apuntes; no somos tan interesantes como para ello.

Para mí, una columna de este tipo debe ser un deleite. Debe ser escrita de forma seductora; debe ser lo suficientemente apetitosa para que quieras quedarte en ella y recorrer sus caminos. Una columna mutante como esta no solo debe dar información o datos, debe ser una experiencia sensorial completa. Debe problematizar, informar, deleitar a través de la escritura. Eso intento con cada entrega. ¿Se logra? Espero que sí, y espero que quien lea esto tenga deseos de volver cada 15 días, el martes, para leer otra Tenaza de cangrejo.

Feliz Año 2026.

*Comunicador de ciencia

Gabriel Millán