Polio: del pulmón de acero a la tullidora

 

La poliomielitis no una enfermedad del pasado; es una amenaza actual. Recuerdo con mucha nitidez a la primera persona que vi con secuelas de polio: un hombre de unos 30 años, con brazos y torso fuertes seguramente por el uso de muletas; zapatos negros y playeras blancas de tirantes que dejaban ver un par de tatuajes borrosos en los antebrazos, de color negro verdoso sobre una piel morena. Siempre usaba unos pantalones de vestir que cubrían unas piernas visibles secuelas de polio. Observaba a ese hombre con mucha regularidad afuera del local de una vidriería, mientras caminaba con mi madre la casa en Ciudad Chapultepec a la Unidad deportiva “Fidel Velázquez”. Mi madre, con 71 años, cuenta que en su infancia era frecuente conocer personas con secuelas por polio, algo que ni mi generación ni las más jóvenes vimos, de ahí que este hombre llamara tanto mi atención cuando era niño.

La polio se convirtió en un problema de salud pública mundial a finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX. Las epidemias en Europa y América paralizaron decenas de miles de niños. Alcanzó su punto máximo en la década de 1940 y 1950, antes de que existieran vacunas efectivas. A partir de la introducción de la vacuna inyectable desarrollada por Jonas Salk (en 1955) y después la vacuna oral de Albert Sabin (en 1961), la polio comenzó a disminuir. La vacuna oral tenía entre ventajas ser más barata, fácil de administrar y, al replicarse en el intestino, confería inmunidad intestinal que impedía la transmisión del virus salvaje. En 1962 Albert Sabin donó las cepas de la vacuna oral a México, con las que el Instituto Nacional de Virología produjo masivamente la vacuna. Gracias a la estrategia de vacunación sostenida (que arrancó con la primera Jornada Nacional de Vacunación en 1973), el último caso de poliovirus salvaje en México se registró en 1990, antes que la región de las Américas, certificada como libre de polio en 1994.

La poliomielitis es una enfermedad viral muy contagiosa causada por poliovirus. Se transmite principalmente cuando las heces de una persona infectada llegan a la boca de otra, lo que puede ocurrir al ingerir alimentos o bebidas contaminadas por heces infectadas. Los seres humanos somos los únicos huéspedes de este virus, que se replica en el intestino delgado. Si bien la mayoría de las infecciones son asintomáticas, aproximadamente una de cada cuatro personas presenta síntomas leves similares a los de la gripe. Los niños menores de cinco años son los más vulnerables a la forma paralítica de la enfermedad. El verdadero peligro, que ocurre en menos del 1% de los casos, es la invasión del sistema nervioso central, lo que puede provocar parálisis flácida irreversible, comúnmente en las piernas, e incluso la muerte si se afectan los músculos respiratorios.

Para tratar la parálisis de los músculos respiratorios y mantener con vida a las personas enfermas se creó el pulmón de acero (“My Iron Lung” como la canción de Radiohead). Eran cámaras metálicas herméticas que funcionaban como respiradores mecánicos. El aparato creaba un vacío alternante que obligaba a los pulmones a expandirse y contraerse. Aunque permitían la supervivencia, los pacientes podían pasar años, o incluso el resto de sus vidas, encerrados en ellos. Su uso masivo decayó drásticamente con la llegada de las vacunas y el desarrollo de ventiladores mecánicos modernos más eficaces y menos invasivos a partir de la década de 1960.

La parálisis flácida puede tener diversas causas, no solo por virus. Una de ellas son toxinas presentes en una planta que crece en México: Karwinskia humboldtiana. Esta planta conocida como «coyotillo», «tullidora» o «capulín», contiene neurotoxinas en sus semillas que pueden causar parálisis flácida ascendente en animales y personas. En nosotros causa un cuadro similar al síndrome de Guillain-Barré y a la polio, e igual que esta última puede provocar parálisis respiratoria y la muerte. En el Boletín epidemiológico del 1 al 15 de febrero de 1984 se describe un caso reportado por el IMSS: una niña de 6 años en Coahuila falleció tras consumir los frutos de esta planta y desarrollar una parálisis flácida simétrica ascendente que se confundió inicialmente con el síndrome de Guillain-Barré.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos causados por el poliovirus salvaje han disminuido en un 99.9% desde 1988, pasando de unos 350,000 casos estimados en más de 125 países endémicos, a solo 12 casos notificados en 2023, confinados a dos países: Afganistán y Pakistán.

Aunque la polio nos parezca una enfermedad del pasado no lo es. Sigue siendo una amenaza para todo el mundo y solo si continuamos con la vacunación contra polio la mantendremos a raya.

*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante

Imagen cortesía del autor

Gabriel Millán