

“Dominarás la Tierra” o el fatal destino de las plantas
Es el año 2006. Un hombre, dueño de un Volkswagen Sedan 1976, está haciendo reparaciones al interior de su auto. Mientras mueve los asientos, desgastados por 30 años de uso, nota que el relleno no es una espuma, sino algún tipo fibra natural.
Ese hombre es Alejandro Martínez, quien ese año colabora con el grupo de la Dra. María C. Mandujano Sánchez en el Departamento de Ecología de la Biodiversidad del Instituto de Ecología en la UNAM. Las fibras que se salen del relleno del asiento le intrigan, porque le recuerdan a una cactácea que se distribuye principalmente en la zona donde colindan los Estados de Guerrero y Michoacán: Backebergia militaris (hoy nombrada como Pachycereus militaris).
Que las fibras del asiento de su vocho le recordaran a ese cactus no es casualidad. Seis meses antes, Alejandro participó en el trabajo de campo de estudios demográficos y de biología reproductiva de Backebergia militaris, marcando ramas de las plantas y recolectando semillas provenientes de cefalios desprendidos. En esta en planta, el cefalio es una estructura que se desarrolla en la “punta”, parecida al sombrero de los soldados ingleses. Está formada por fibras y únicamente en ella se producen las flores de la planta; ahí se fecundan y surgen frutos que tendrán las semillas para nuevas plantas.
Alejandro comparó en el microscopio las fibras que encontró en el relleno de los asientos de su Volkswagen con las recolectadas en campo. El resultado no podía ser más impactante: la forma de ambas coincidía, es decir, se trataba de fibras del cefalio de Backebergia militaris.
Intrigado por este hallazgo, se preguntó si estas fibras naturales se habrían utilizado industrialmente. Al observar más de cerca la cubierta marrón en algunas fibras, identificó fragmentos quebradizos similares a los residuos de pegamento, lo que sugería que estas fibras fueron tratadas para su uso como relleno en asientos automotrices. Esto lo llevó a investigar la historia de la fabricación de su vehículo, considerando la posibilidad de que durante las décadas de los 60 y 70 se hubieran utilizado fibras naturales mexicanas para este propósito.

Posteriormente, en una visita a la comunidad de Oponguio, a orillas del Lago de Pátzcuaro, conoció a Carlos Villaseñor Zamorano, un promotor del desarrollo comunitario y ambiental en Michoacán. Villaseñor le habló de la existencia de una empresa llamada Artifibras S.A. de C.V., con sede en Uruapan, dedicada desde 1968 a la fabricación de productos para la industria automotriz, entre ellos el acolchonado de asientos usando fibras naturales y sintéticas, unidas con látex natural. Aunque no logró obtener información más detallada de la empresa, el hallazgo de fibras en su auto y la información de Artifibras confirmaban la posibilidad de que B. militaris se hubiera empleado con fines industriales, posiblemente por empresas como Volkswagen, Ford y General Motors. Sin embargo, el uso de esta fibra habría cesado debido a la sobreexplotación del recurso y a cambios en el uso del suelo, como la expansión agrícola, ganadera y frutícola.
Con mucha tristeza puedo lo ocurrido con B. militaris no ha sido, ni será, el único caso de sobreexplotación de una especie vegetal. Ejemplos sobran: el henequén (Agave fourcroydes) en Yucatán; la Dioscorea mexicana en el istmo de Tehuantepec; la vainilla (Vanilla planifolia) en Veracruz, son algunos casos de plantas que han sido explotadas comercial e industrialmente, con enormes consecuencias ecológicas.
Hasta cuándo seguiremos creyendo —erróneamente— que la biodiversidad es un “recurso”, y que la especie humana está aquí para “señorear” sobre todo lo existente…
*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante
La información e imágenes están tomadas de la nota de Alejandro Martínez «Backebergia militaris (Audot) Bravo ex Sánchez Mejorada (Cactaceae) un recurso industrial en grave riesgo de extinción», publicada en Cactáceas y Suculentas Mexicanas, Volumen 52 No. 4, de 2007.

