

Tonada de plumas
Eva Flores*
Iba a caballo con su padre. Cruzaban la Sierra de Álvarez, en San Luis Potosí, desde un pequeño poblado en medio del matorral para llegar a la estación del tren e ir a la ciudad a surtirse de telas para confeccionar su ropa e insumos para su familia. Ella me contaba que cada que subían por el bosque de encinos y pinos, el frío y las nubes les tapaban el camino y un trino armonioso, largo y metálico surgía de lo alto de los árboles, caía en el cañón y rebotaba entre los cerros: “parecía que entraba al cielo” me contaba doña Queta, mi abuelita.
Años más tarde, cuando apenas diferenciaba los zanates de los cuervos, un día en el bosque lo escuché: un ¡clarín jilguero! (Myadestes occidentalis), con ayuda para identificarlo, supe que era el ave de la que me hablaba mi abuela. Resulta también que los cantos son únicos en cada especie y son claves para su identificación. Los clarines, con sus 13 especies distribuidas en América y Hawaii, pertenecen a la familia de los mirlos y zorzales (Turdidae), aves solitarias, de colores pardos y más escuchadas que vistas, son reconocidas por su notable habilidad para el canto.
Las aves utilizan un repertorio amplio de sonidos para comunicarse. Generan sonidos mecánicos: tamborilean como los pájaros carpinteros, traquetean como los tucanes, chasquean sus picos como los mosqueros o aletean rítmicamente como algunas palomas. También producen sonidos vocales que pueden incluir trinos (pájaros), silbidos (zopilotes), graznidos (patos), ululaciones (búhos y tecolotes) y más. ¿La razón? Para defender su territorio, su parvada o sus nidos, para el cortejo, llamadas de alerta, reclamos para alimentarse, entre otras.
Lo que es fascinante, es que, al igual que los humanos, las aves (Passeriformes) que cantan, aprenden a hacerlo imitando a su madre, padre y otros miembros de su bandada, como el cenzontle (Mimus polyglottos) en Norteamérica o el ave lira en el sudeste australiano que imitan vocalizaciones de otras aves, animales o ruidos de su entorno. Es posible gracias a un núcleo en el cerebro especializado para el aprendizaje y la producción del canto llamado HVC, incluso los loros y colibríes (Psittaciformes, Apodiformes) poseen una estructura cerebral similar. ¿Cómo lo hacen? Debido a que el sistema respiratorio de las aves es el más complejo entre los vertebrados pues está equipado con sacos aéreos que dirigen el aire continuamente en una sola dirección durante la exhalación e inhalación. Así como las cuerdas vocales en los humanos, las aves poseen un órgano encargado de producir sonido llamado siringe que, a diferencia de aquellas, está ubicada justo en la entrada a los pulmones, equipado con membranas elásticas y varios pares de músculos que pueden trabajar de manera independiente, aseguran que las membranas estiren en diversos grados permitiendo que algunas aves modulen hasta doscientos cambios de tono por segundo o vocalicen a dos voces.

El canto de las aves ha influenciado el arte a lo largo de la historia. Las culturas prehispánicas desarrollaron una variedad de instrumentos musicales que emulaban el canto de las aves, como botellas-silbato de cerámica de la cultura Chorrera, en Ecuador, que usan agua para producir sonidos y en México, la flauta de barro y los silbatos de cerámica, ocarinas y flautas de múltiples orificios. Estas piezas además de su propósito musical se usaban en ceremonias religiosas y rituales.
Compositores como Olivier Messiaen dedicaron piezas enteras a transcribir los sonidos de diversas aves en su música, como en «Catalogue d’Oiseaux». Antonio Vivaldi, en «La Primavera» de Las Cuatro Estaciones, utilizó violines para imitar el canto de los pájaros. En la actualidad, la ambientación sonora de obras teatrales, películas e incluso videojuegos incorpora grabaciones de cantos de aves. El canto de la gavia común (Gavia immer) muy recurrido para escenas de suspenso en la naturaleza y que produce sensaciones escalofriantes. Otro ejemplo, que recién descubrió mi hijo, es el videojuego The Legend of Zelda: Breath of the Wild, donde se usa el canto del tapacaminos cuerporruín mexicano (Antrostomus arizonae) para ambientar ciertas escenas.
Otra influencia de estos artistas emplumados es en la bioprotésica vocal, un conjunto de tecnologías con aplicaciones médicas, es decir, se estudian los estímulos musculares y los procesos cerebrales que las aves realizan durante sus vocalizaciones para aplicarlos al diseño de dispositivos que reproducen el aparato vocal de las personas.
Desafortunadamente, el aprecio humano por el canto de las aves ha llevado a su explotación. Muchas especies son capturadas ilegalmente para ser vendidas como mascotas, bajo la falsa creencia de que cantan porque están felices. En México, el mercado de aves canoras es una industria que impacta la biodiversidad. Por ello se han hecho esfuerzos legales para regular su aprovechamiento. En este sentido, los clarines son de las especies más comercializadas a pesar de su prohibición en varios estados. Estas aves no solo sufren de la desaparición del 40% de los bosques templados, sino que, al ser extraídas de su hábitat, también pueden morir debido al estrés, alimentación y otras condiciones inadecuadas.
Muchas aves desempeñan un papel clave en la dispersión de semillas y el control de plagas, contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas. La extracción de estas aves tiene consecuencias ecológicas negativas como la alteración de las cadenas tróficas por la reducción de sus poblaciones pero que no se ha estudiado tan a fondo en la actualidad.
Si bien, hay estudios que fundamentan que escuchar el canto de las aves tiene efectos positivos en la salud mental y que la exposición a sonidos silvestres reduce el estrés, la ansiedad y mejora el bienestar emocional, no es necesario capturar a sus protagonistas para disfrutarlas. La conservación de los espacios naturales y la promoción del ecoturismo ético, son estrategias clave para fomentar el contacto con la naturaleza de manera responsable.
El canto de las aves es un tesoro natural que ha inspirado a la humanidad en múltiples formas, sin embargo, su apreciación debe ir de la mano con la conservación de su hábitat y el respeto a su libertad. Basta con tomarse unos minutos cada día para notarlos y espero que el bosque templado y canto del clarín nunca desaparezca.
Recordemos el caso de la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) en Norteamérica extinta a causa de la cacería masiva y la deforestación de su hábitat en el siglo pasado y del mundialmente conocido canto de la extinción, del ave hawaiana, el ‘ō’ō de Kaua’i (Moho braccatus) que su último individuo un macho cantó por última vez en 1983 en espera de la respuesta nupcial de una hembra que nunca respondió. Cuando muere una lengua -o un canto- la humanidad se empobrece, diría León-Portilla.
*Observadora de aves, por invitación de Gabriel Millán. Instagram: @ojodelumbre

Brown-backed Solitaire Myadestes. Foto: Guevara-Medina Miguel Ángel – Algunos derechos reservados (CC BY-NC-ND) naturalista.mx

