Una esperanza de vida

 

Hoy es mi cumpleaños. Nací en 1982, así que hoy cumplo 42 años de estar en el mundo. Cuarenta y dos años pueden ser pocos o muchos. La esperanza de vida global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es de 71.4 años para ambos sexos. Entre hombres y mujeres hay una marcada diferencia: 74 y 68.9 años. Si vemos por países, Noruega tiene esperanza de vida de 82.9 años (84.3 mujeres, 81.5 hombres), mientras que en Chad (África central) apenas llega a los 59.1 años (57.5 hombres, 60.7 mujeres). Es decir, las mujeres noruegas superan los 84, mientras que los hombres chadianos no llegan a los 58: 26 largos años de diferencia.

Lo que se nos escapa cuando hablamos de promedios son, precisamente, esas particularidades e incluso más. Por ejemplo, si buscan cuál era la esperanza de vida en la Grecia antigua, verán que era de apenas 20-30 años, una tendencia que, según los datos, se mantuvo parecida durante los mil largos años de la Edad Media, hasta más o menos finales del siglo XIX. Después empezó a subir.

Pero ¿realmente las personas no llegaban a los 40 años en la Grecia antigua? ¿las personas ya eran ancianas a los 30 años en la Edad Media? En realidad no. En las antiguas Grecia y Roma no era raro que las personas llegaran a los 70 años, de hecho se consideraba que los hombres entraban en la vejez a los 60 y las mujeres a los 50. La confusión radica en que la esperanza de vida es una medida estadística que muestra un promedio, lo que significa que algunas personas mueren antes y después de ese promedio. En pocas palabras, la esperanza de vida no refleja cuánto vive una persona de forma individual (recomiendo mucho leer esta nota de la BBC al respecto: La confusión estadística que nos hace pensar que la longevidad es un fenómeno moderno).

Según el Instituto Nacional de Estadística de España, la esperanza de vida es un indicador que se usa para comparar la “mortalidad en distintas poblaciones y, en base a ello, sobre las condiciones de salud y nivel de desarrollo de una población”. Luego de la pandemia de COVID-19 (2019-2021) la esperanza de vida bajó 1.8 años. En un comunicado la OMS declaró que “la pandemia acabó con casi una década de avances en la mejora de la esperanza de vida en solo dos años”.

Eso me lleva a hablar sobre cómo avances científicos clave hicieron posible el incremento en la esperanza de vida. Según las Naciones Unidas el factor que más ha contribuido fue separar el agua potable del agua residual. Otro importantísimo son las vacunas. La historia de las vacunas es fabulosa. Edward Jenner inició este camino en 1796 con la vacuna contra la viruela, pero el español Francisco Javier de Balmis, a inicios del siglo XIX, encabezó la primera expedición internacional para vacunar a poblaciones en América y Asia. De acuerdo con un estudio publicado en mayo de este año en The Lancet, tan solo desde 1974 (fecha del inicio del Programa Ampliado de Inmunización PAI), la vacunación ha evitado 154 millones de muertes, incluidas 146 millones de muertes en niños menores de 5 años, de los cuales 101 millones eran bebés menores de 1 año (el estudio se publicó para conmemorar el aniversario 50 del PAI).

El descubrimiento de la vida microscópica, específicamente bacterias y la relación de algunas de ellas con el desarrollo de enfermedades fue otro de los grandes avances. Primero el descubrimiento de la vida microscópica en 1600 por Anton van Leeuwenhoek y después Robert Koch en 1884, quien identificó el bacilo de la tuberculosis y desarrolló postulados para establecer la relación causal entre patógenos y enfermedades. Finalmente, los antibióticos. El primero de ellos, la penicilina, fue descubierto por Alexander Fleming en 1928. La penicilina no solo salvó millones de vidas, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, sino que también sentó las bases para el desarrollo de otros antibióticos en la década de 1940. Los antibióticos transformaron la medicina, permitieron tratar efectivamente enfermedades que antes eran mortales.

Gracias, ciencia, por hacer posible que hoy celebre mi cumpleaños número 42.

*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante

Gabriel Millán