Gabriela Mendizábal Bermúdez* y Gloria Viveros Viveros*

En 1993, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), declaró el 17 de octubre como el “Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza”. En México, la pobreza es medida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social -CONEVAL. La pobreza no es vista simplemente como la falta de ingresos económicos, sino como un fenómeno multidimensional que comprende aspectos relacionados con las condiciones de vida que atentan contra la dignidad de las personas, limitan sus derechos y libertades, impiden la satisfacción de sus necesidades básicas y obstaculizan su plena integración social. Por ello, a través del CONEVAL, el gobierno identificaba (ahora será el INEGI) la pobreza con base en las siguientes dimensiones medibles: el rezago educativo, la falta de acceso a los servicios de salud, la falta de acceso a la seguridad social, la vivienda o el espacio inadecuados, la falta de disponibilidad de servicios básicos de vivienda y la falta de acceso a la alimentación.

Por lo tanto, las personas que viven en pobreza moderada son aquellas que presentan uno o dos indicadores de privación social (por ejemplo, rezago educativo o falta de acceso a servicios de salud, seguridad social, servicios básicos de vivienda o alimentación nutritiva y de calidad) y además no cuentan con un ingreso mínimo para cubrir la canasta básica alimentaria. Mientras tanto, la pobreza extrema se refiere a quienes tienen tres o más carencias sociales y, además, no cuentan con ingresos y recursos suficientes para adquirir la canasta básica de alimentos.

En ese sentido y de acuerdo con las últimas cifras reportadas por el “Informe de Pobreza y Valuación 2022” emitido por el CONEVAL, para el año 2020, el 50.9% de la población morelense, es decir, 1,003,503 millones de personas se encontró en situación de pobreza. Y además el 8.4% de la población se encuentra en pobreza extrema, es decir, 165,607 personas.

En otras palabras, de acuerdo con el Banco Mundial (Reseña: Ajuste en las líneas mundiales de pobreza, 2022) la línea de pobreza internacional se establece en 2,15 USD para el año 2022. Por lo tanto, se considera que las personas que disponen de menos de esa cantidad diaria viven en la pobreza extrema. Y en Morelos, según el propio CONEVAL (porcentaje de la población con ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria) el 49.9%, de la población, es decir 983,788 morelenses, cuenta con un ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria (1.62 USD diarios) lo que representa ser pobres.

Este tema es preocupante si además se analiza que el 67% de la población, es decir, 1,320,918 millones de personas se encuentra en informalidad laboral (Gobierno de México, Data México, “Morelos”) y desafortunadamente para tener derecho a la seguridad social se requiere estar trabajar en la economía formal y tener acceso al IMSS, ISSSTE o ISSFAM.

Vivir sin seguridad social para una persona en situación de pobreza puede significar enfrentar una serie de desafíos significativos, que automáticamente le colocan en una situación de vulnerabilidad, que genera un círculo vicioso difícil de romper: sin cobertura de salud, una enfermedad o accidente puede llevar a deudas enormes o a no recibir tratamiento necesario. En situaciones inesperadas, como desastres naturales o emergencias familiares, no tener un respaldo puede ser devastador. Sin protección por accidentes de trabajo, enfermedades profesionales, vejez, maternidad, etc. la vida es mucho más difícil. La falta de seguridad social conduce a la marginalización y a la exclusión social significa una carga adicional en la vida diaria de una persona en situación de pobreza, limitando sus oportunidades y exacerbando su vulnerabilidad.

La seguridad social es un derecho humano que debiera estar garantizado a todas y todos, pues su finalidad permanece la misma en cualquier parte del mundo como derecho universal: proteger los medios de subsistencia y brindar atención a la salud. Garantizar a las personas su derecho humano la seguridad social y no solo otorgar prestaciones de programas sociales es la medida que realmente puede romper el círculo vicioso de marginalización y pobreza.

*Profesora Investigadora de Tiempo Completo de la FDyCS de la UAEM.

**Estudiante de Maestría en Derecho en la FDyCS de la UAEM.

 

La Jornada Morelos