

Hace como 20 años tuvimos una perrita que se llamaba “Puppy”. Un día, la vecina que vivía justo al lado de nuestra casa tocó a la puerta muy enojada. Nos dijo que la Puppy se había metido a su casa y se había comido medio kilo de queso que tenía sobre la mesa. ¿Cómo que se metió a su casa? —le pregunté. Sí señor, se brincó la barda y se metió por la puerta de la sala que estaba abierta—contestó. ¿Pero cómo se brincó la barda si mide casi dos metros? Ni que fuera un gato. Además, mi perrita está bien alimentada, no tiene ninguna necesidad de andar robando comida—repliqué en tono molesto. Iba a continuar con mi discurso negacionista cuando de pronto apareció la Puppy caminando sobre el borde de la barda (como si fuera un gato) y relamiéndose los bigotes que aún tenía embarrados de queso. Brincó hacia el jardín de nuestro patio, nos lanzó una última mirada traviesa y se fue a recostar sobre su tapete. Ante tal evidencia no me quedó otra opción más que pagar el queso y pedirle una disculpa a la vecina, quien visiblemente molesta dio media vuelta y exclamó: Amarre a su perra porque si la vuelvo a ver dentro de mi casa le voy a dar sus escobazos.
Imagine usted, estimado lector, que aún con la evidencia frente a mis ojos, yo hubiera dicho que la perra que todos vimos brincar la barda con los bigotes embarrados de queso, pues bueno… sí se parecía a la Puppy, caminaba como la Puppy y se acostó en el tapetito de la Puppy, pero en realidad no era ella porque la verdadera Puppy andaba de viaje con el veterinario. Es más, segurito era un gato disfrazado de la Puppy. ¿Cuánto cinismo o estupidez (o ambos) se necesitan para negar la realidad de esta manera? ¿Cuánta falta de empatía y de respeto caben en alguien que miente tan descaradamente? ¿Cuánta irresponsabilidad y desprecio hacia una ciudadanía que se ahoga en su propia sangre mientras algunos políticos se atragantan de queso?
Ante las amenazas cumplidas de Trump de nombrar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas los políticos de la 4T invocaron una y otra vez sin descanso la Soberanía Nacional. ¿De qué hablan si hace poco más de seis años entregaron la Soberanía Nacional, completita, al crimen organizado? Tal vez se refieren a que los narcos sí cometen atrocidades terroristas (como soltar bombas desde drones, sembrar minas en caminos y veredas, asesinar y desaparecer personas, quemar negocios y vehículos, robar recursos naturales, provocar la migración de comunidades enteras sembrando terror entre los pobladores, y un largo etc.), pero son nuestros terroristas. No son los terroristas de ningún gobierno extranjero, sino nuestros y solo nuestros. Sólo nosotros podemos decidir soberanamente lo que vamos a hacer con ellos. Como por ejemplo entregarles territorios y gobiernos, llamarles “Señor” desde la máxima tribuna del país y abrazarlos (¿recuerdan cuando AMLO se refirió al Chapo como “El Señor Guzmán”?).
Si el actual gobierno de México hubiese reconocido que los cárteles mexicanos sí son terroristas se hubiera podido llegar a acuerdos con Estados Unidos (acuerdos que AMLO rompió) para combatir estas organizaciones. En cambio, los políticos de la 4T afirmaron, con los bigotes llenos de narcoqueso y los bolsillos repletos de narcodólares, que en México el terrorismo no existe y que no hay vínculos entre el crimen organizado y el gobierno. La evidencia de que tales vínculos sí existen ahora no sólo proviene de periodistas y analistas mexicanos “neoliberales, corruptos y conservadores”. No es sólo el New York Times el que está blasfemando en contra del gobierno mexicano. Ahora las acusaciones provienen desde la Casa Blanca, la oficina más poderosa del mundo. Por si esto no bastara, en su primera carta dese la cárcel el Mayo Zambada deja muy clara la complicidad entre el Cártel de los Chapitos y el gobernador de Sinaloa, y en su segunda carta exige al gobierno de México que pida su extradición o habrá un “colapso” en las relaciones diplomáticas entre los dos países. No pide por favor, no suplica. Por el contrario, exige, ordena, amenaza y advierte que de no cumplir sus exigencias, lo que él está viviendo también le podría pasar a cualquier funcionario público. Ese es el tono con el que el Mayo se dirige al gobierno de la Dra. Sheinbaum.
El hecho de que los cárteles mexicanos hayan sido declarados oficialmente como organizaciones terroristas no significa necesariamente, desde mi punto de vista, que habrá invasiones militares gringas en territorio mexicano. Pero sí compromete a México a cumplir con los tratados internacionales que ha firmado y ratificado para combatir el terrorismo, como la Convención Interamericana contra el Terrorismo y la Iniciativa Mérida. Lo que Trump nos está diciendo es: “ya no te puedes seguir haciendo tonto México, tú firmaste estos tratados y ahora los cumples. Parte de tu soberanía es cumplir con las leyes internacionales que has firmado”. Otra consecuencia importante y tal vez la que más espanta a los narcopolíticos mexicanos es que los narcotraficantes y los terroristas no son tratados de la misma manera por la justicia estadounidense. A los narcotraficantes aún se les respetan sus derechos humanos, se les facilitan abogados y los llevan a juicio, mientras que los terroristas son ejecutados en combate o encerrados en calabozos sin derecho a nada, y si llegan a tener un juicio, van derechito a la pena de muerte.
La Soberanía Nacional la volvieron a cacarear una y otra vez ante la amenaza (también cumplida) de Trump de imponer aranceles históricamente altos (25%) a todos los productos mexicanos. “Cooperación sí, sometimiento no”, decía la Dra. Presidenta. Otra vez, ¿de qué habla? ¿Acaso no pagamos ya aranceles muy elevados al crimen organizado (mucho más altos que el 25%)? ¿O cómo se llaman las cuotas que los narcos cobran por el aguacate, el pollo, el limón, el huevo, la gasolina, la madera, diversos minerales y metales, el tráfico de migrantes y muchos productos más? ¿Cómo se le dice al dinero que tienen que pagar los comerciantes por no ser asesinados o por no encontrar sus negocios reducidos a cenizas? Nosotros le llamamos a estas cuotas extorsiones y derecho de piso. ¿Pero acaso no son aranceles internos que todos terminamos pagando al crimen organizado? Tal vez a lo que se refiere la Dra. Presidenta es a que no vamos a pagar aranceles a ningún gobierno extranjero, solo a nuestros narcos porque nosotros decidimos soberanamente si pagamos o no estos aranceles, aunque nos cueste la vida el no hacerlo.

Durante el mes de gracia que Trump otorgó a la Dra. Presidenta para decidir si impondría o no los aranceles, nuestro gobierno capturó a miles de delincuentes, decomisó kilos y kilos de fentanilo y otras drogas, y envió a EE.UU. 29 capos de altísimo perfil y peligrosidad, demostrando en 30 días que sí se puede hacer lo que AMLO no hizo en seis años. Durante ese mismo mes la periodista de investigación Anabel Hernández reveló que los abogados que actualmente defienden al Mayo también son buenos amigos de altos funcionarios de la 4T. Se mostraron fotos en donde esos abogados aparecen muy sonrientes, saludando afectuosamente, abrazando y posando de “cachetito” con políticos 4T-ístas de muy alto nivel (incluyendo a la Dra. Presidenta). “No los conocemos. Son gente que te encuentras en la calle y te sacas fotos con ellos”, corearon al unísono la Presidenta y su séquito de incondicionales, todos con los bigotes embarrados de queso.
Creo que las consecuencias más graves para la clase política mexicana por las medidas impuestas en la administración Trumpista no van a venir del gobierno estadounidense, sino de los propios narcos por ver rotos los acuerdos que establecieron con la 4T en el sexenio anterior. Vaya, ahí está sobre la mesa la advertencia del Mayo: a cualquier funcionario público mexicano le puede pasar lo mismo que a él, es decir, ser secuestrado y llevado a EE.UU., en donde será tratado como terrorista. Ya veremos quién es el primer funcionario en recibir sus escobazos.
*Instituto de Ciencias Físicas, UNAM. / Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM.

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