Urbanismo Social

 

El urbanismo social es un modelo de transformación urbana basado en la inclusión, la equidad y el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos. Sirvió como plataforma política de varias administraciones en ciudades como Bogotá y Medellín, en donde se llevaron a cabo proyectos de movilidad, recuperación de entornos degradados y la construcción de espacios públicos de calidad.

El enfoque fue innovador hace tres décadas, cuando el entonces académico Antanas Mockus ganó la alcaldía de Bogotá con una singular campaña para reconstruir una cultura ciudadana entre sus habitantes, la cual permitiera crear las bases para la transformación social. A su administración le siguió otro académico, Enrique Peñalosa, quien emprendió una serie de proyectos urbanos importantes, entre ellos la construcción de una red de transporte público conocida como Transmilenio (basándose en la experiencia previa de la ciudad de Curitiba, en Brasil), como la creación de parques, bibliotecas, ciclovías, además de continuar con algunos programas sociales de la anterior administración de Mockus.

Una década más tarde, los reflectores pasaron a Medellín, en donde el alcalde Sergio Fajardo puso en marcha una serie de proyectos de transformación urbana importantes, justamente porque tenían un enfoque social, posicionando la cultura como eje de operación: parques-bibliotecas, teleféricos, escuelas de calidad y parques educativos. El Metrocable se pensó como una red de transporte elevado para conectar las comunas más apartadas de las centralidades de la ciudad, facilitando el acceso a los equipamientos, empleos y educación. Así fue como Medellín empezó a conectar las áreas más afectadas por el narcotráfico, como la comuna 13, en donde estaba la base social de Pablo Escobar. Este sistema de transporte público se replicaría después en el Estado de México, la Ciudad de México, y se encuentra en proyecto en otras ciudades más.

Por su parte, los parques-biblioteca tenían la intención de acercar la cultura y el esparcimiento en zonas generalmente desprovistas de ambos. Se construyeron 10 proyectos en dos etapas y, si bien tuvieron distintos grados de éxito, se convirtieron en hitos en las distintas sub-centralidades en donde se localizaron. Aun cuando algunas presentarían problemas constructivos posteriores, podemos decir que en su conjunto aportaron un equipamiento fundamental para la calidad de vida de las comunidades.

Es importante advertir que estos proyectos tienen sus retos, como son el justificar las zonas de intervención mediante argumentos de equidad, de inclusión y de participación social. Otra cuestión importante es garantizar el mantenimiento y la sostenibilidad de estas iniciativas, como se constata en los parques Cuitláhuac y La Quebradora en Iztapalapa, abandonados después de su incipiente inauguración, y con el consecuente dispendio de recursos públicos.

En un caso similar, durante la gestión de Peñalosa se construyó el parque Tercer Milenio en el centro de la ciudad de Bogotá, en el sitio donde se localizaba un asentamiento precario conocido como El Cartucho. Si bien el cambio en el paisaje urbano fue notable, el destino de las personas desalojadas fue incierto, de modo que no se ofreció una vivienda alternativa a los antiguos pobladores, por lo que actualmente el parque se encuentra vigilado de manera permanente, esto para evitar que los residentes expulsados intenten recuperar su territorio.

Además de la infraestructura y la movilidad, es fundamental que el urbanismo social contemple estrategias de integración económica para las comunidades beneficiadas. La generación de empleo local, el fortalecimiento del comercio barrial y la capacitación en oficios pueden complementar los proyectos urbanos, asegurando que los habitantes no solo permanezcan en sus barrios, sino que también se desarrollen en ellos.

Para que esta visión social se materialice, es crucial que las políticas urbanas trasciendan los periodos de gobierno y se conviertan en compromisos a largo plazo. Solo a través de una planificación coherente, adaptable y centrada en las necesidades reales de la población, se podrá consolidar un urbanismo verdaderamente inclusivo y sostenible.

Para resaltar: “Para que esta visión social se materialice, es crucial que las políticas urbanas trasciendan los periodos de gobierno y se conviertan en compromisos a largo plazo.”

Línea dos del cablebus en la CDMX que cuenta con 10.5 kms. Imagen EFE

Alfonso Valenzuela Aguilera