

No sé si Clara Zetkin o Rosa Luxemburgo hubieran imaginado que más de 100 años después de aquella Segunda Reunión Mundial de Mujeres Socialistas en Copenhague donde propusieron conmemorar el 8 de marzo como el Día de la Mujer Trabajadora, siguiera teniendo vigencia esta fecha a nivel internacional para visibilizar los derechos humanos de las mujeres y sobre todo, los pendientes para garantizar la igualdad y la vida libre de violencias y discriminación.
A lo largo de las décadas, muchas de las consignas de la lucha feminista se han mantenido, transformado y otras se han incorporado a la luz de las nuevas formas de opresión contra las mujeres.
Hoy más que nunca es indispensable recuperar los planteamientos de Rita Segato, Silvia Federicci y Bell Hooks para enfrentar las violencias contra las mujeres con una mirada interseccional. El clasismo, el racismo, la Lgbt-fobia siguen permeando en varias esferas de nuestra vida: la familia, las fiscalías, la comunidad, la iglesia e incluso la academia donde se reproduce epistemología colonial. Es por esto que no debemos perder de vista las otras realidades e identidades que nos atraviesan: mujeres indígenas, afromexicanas, lesbianas, trans, trabajadoras del hogar, adultas mayores, mujeres privadas de la libertad, etc.
Ha habido avances sustanciales en los marcos legales para que las instituciones instrumentalicen el acceso a la justicia y la igualdad de oportunidades para las mujeres, sin embargo, esos derechos y esas garantías no llegan a todas por igual.
En materia de derechos sexuales y reproductivos (o no reproductivos como ahora bien se nombra), se ha logrado que el Estado impulse campañas de promoción y difusión de los métodos antifecundativos para la prevención de embarazos no deseados, así como la NOM 046 para la interrupción del embarazo producto de una violación. Sin embargo, muchas mujeres aún viven estigma y criminalización por el personal de salud cuando solicitan la aplicación de esta norma, sin mencionar que, aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya emitió una sentencia para que los estados dejen de criminalizar en sus códigos penales a las mujeres por abortar en cualquier circunstancia, el Congreso del Estado de Morelos sigue violentando los derechos humanos de las mujeres al evadir, una y otra vez, la despenalización del aborto. Entonces, sólo la mujeres con recursos suficientes, tiempo, y red de apoyo para trasladarse a la Ciudad de México a practicarse un aborto seguro, pueden ejercer su derecho a decidir su futuro de ser madres o no, a veces, con más de un hijo o hija a cuestas.
Otro avance importante en materia de Igualdad para las mujeres es el acceso a cargos de representación popular. Sin embargo, persisten altos índices de violencia política contra mujeres candidatas, o ya en el cargo de síndicas y regidoras en sus municipios. Estas violencias se profundizan si son mujeres indígenas o integrantes de la comunidad LBT.

El patriarcado como sistema de dominación capitalista ha llegado al límite, no sólo ha predado nuestros territorios, utilizado cuerpos de hombres y mujeres para la trata y explotación sexual, sino que ahora nos está matando. El feminicidio viene acompañado como dice Rita Segato, de una pedagogía de la crueldad, en la que nuestras vidas se convierten en cosas, a través de prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas.
No podemos permitir que la deshumanización avance, por eso mañana saldremos a las calles para gritar que nos queremos vivas, plenas, felices y en Morelos, ya, con derecho al aborto legal.
#JusticiaParaMafer
#VidaParaTodas


