La Camara de Diputados aprobó la reforma constitucional para prohibir el maíz transgénico y para buscar la soberanía alimentaria del cereal más importante en la alimentación de los mexicanos. Lo que más llamó mi atención fue el alto nivel técnico mostrado por los funcionarios de la Secretaria de Agricultura; por la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e innovación; y por muchas y muchos legisladores. Todas y todos, que no somos especialistas, aprendimos muchísimo sobre el alimento que más hemos consumido en nuestras vidas. Además de la historia, el conocimiento científico y técnico, quiero resaltar el entusiasmo, la pasión, la “enjundia” con la que muchas y muchos hablaron del maíz.

La semana pasada se legisló para elevar a nivel constitucional que “el maíz” es un elemento de identidad nacional y que el Estado está obligado a que nuestro país provoque su cultivo para alcanzar la soberanía alimentaria. También el gobierno mexicano ahora estará obligado a garantizar que el cultivo del maíz esté libre de transgénicos en todo el territorio nacional. Se fortaleció el derecho a la alimentación adecuada promoviendo el consumo de alimentos nutritivos, inocuos y “culturalmente” adecuados. Redundamos en el nuevo texto constitucional, cuando se agregó, que “se debe fortalecer la autosuficiencia, la soberanía y la seguridad alimentaria acorde con tratados internacionales en materia de biodiversidad.”

En la parte técnica, las explicaciones de los científicos dejaron muy claro que significa que el maíz esté libre de transgénicos dando una gran explicación biológica y genética del maíz y de los 40 años que se tiene estudiando especializadamente este tema en México. El maíz tiene 4000 genes y cerca del 85% de sus elementos son transponibles. Es decir, se mueven con el paso del tiempo y por eso en este cereal se siguen cruzando, “son genes brincadores”, nos explicaron. Este movimiento genético hace que haya mayor diversidad, mínimo 42 variedades distintas de maíces. Existen entonces muchas variedades de maíces criollos y nativos, tan solo entre 59 y 64 razas de “maíz nativo”. Los especialistas insistieron mucho en la importancia del manejo agroecológico y que nuestro país debe priorizar la protección de la biodiversidad, de esta manera se protege al mismo maíz.

Entonces el problema radica en la modificación mediante ingeniería genética del maíz, llamada transgénesis. En esta se introduce una especie donante diferente a la del maíz, por ejemplo, virus o bacterias, u otras de resistencia como glifosfato o plagas. De esta manera se da la contaminación genética de los maíces nativos, además de degradar la naturaleza y sus recursos. De manera radical se explicó que el maíz no puede ser un químico, debe ser orgánico. Adicionalmente existe una incompatibilidad con los sistemas tradicionales de pequeña y mediana escala cuando se planta maíz transgénico, y como ya se dijo, con este tipo de cultivo se superan las barreras naturales modificando no solo al mismo maíz, sino posiblemente a todo un ecosistema.

Además, el maíz sigue siendo el cereal básico de la alimentación de los mexicanos. Es parte de nuestra dieta. Se calculó un consumo de 196 kilos per capita por año. También la industria avícola, ganadera y porcina tienen un gran consumo. En el caso del consumo humano nuestra dieta lo consume en diversidad de alimentos de todas las regiones del país: atole, chilaquiles, corundas, elotes, esquites, molotes, garnachas, peneques, panuchos, tlayudas, pinoles, pozoles, sopes, tamales y desde luego tacos. El producto más consumido de todos los elaborados con maíz es lo más delicioso y único: la tortilla mexicana. No solo porque es delicioso comerse un elote, muchos de nosotros esperamos la temporada de cosecha para comer distintas variedades, sobretodo los de granos o dientes grandes. O, pensar en tacos de todo tipo, “los mexicanos todo lo hacemos taco”, desde luego las tortillas son el elemento esencial y base del alimento más consumido por los mexicanos.

En la parte cultural, al principio me hacia ruido la frase propuesta en la iniciativa cuando hablaba de sistemas de cultivo “culturalmente adecuados”. Se nos explicó que México es centro de origen y domesticación del maíz. No es poca cosa porque ha sido un proceso evolutivo de siglos que involucra cambios en las características morfológicas, fisiológicas y desde luego genéticas del maíz. Resaltaron en las exposiciones las evidencias históricas tanto arqueológicas como paleontológicas; así como la evidencia de la traición oral y de lenguaje asociadas al cultivo del maíz, pero también a su consumo. Teniendo 1500 años de antigüedad de acuerdo con esta evidencia lo sorpréndete que todavía tiene genes de la especie originaria llamada “teocintle”. Para la cultura madre “la olmeca”, el maíz era centro del universo, no solo era un alimento. La cultura náhuatl nombro al maíz “tlaolli”, que significa nuestro sustento. No nos quedó duda que el maíz es parte de nuestra cultura, no es solo es un alimento básico en nuestra dieta, es parte de nuestra identidad, del legado histórico de muchas generaciones.

Este debate legislativo fue un viaje al pasado, una mirada a nuestra cultura y un reconocimiento de nuestros ancestros. Por eso, aquellos que creemos en la conexión alma, espíritu y cuerpo no solo olimos a una deliciosa tortilla calientita, sino que nos adentramos en el alma mexicana donde el maíz, no solo es un tema alimentario, estamos agradecidos por tradición cultural con el, porque forma parte de nuestras creencias, es parte de nuestra “alma colectiva”, esencial para entender nuestra mexicanidad.

“Sin maíz, no hay país” resonó una y otra vez en la tribuna. Este discurso político que a muchos nos gusta, nos agrada por su alto contenido social, nos hizo recordar que son mas de 2 millones los productores de pequeña y mediana escala de este alimento. Término, después de esta importante reforma constitucional, absolutamente convencido de que en México se debe sembrar más maíz, que debemos ser soberanos. Mi compañera Xóchitl Zagal dijo algo que me llenó por las convicciones personales que tengo: “los productores de maíz son dadores de vida”. Y si, el maíz también es dador de vida.

En conclusión, como expusieron la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, y el doctor Julio Berdegue, secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, la reforma que se aprobó “no sólo cuida la diversidad genética de nuestros maíces sino rinde tributo a un elemento primigenio y central de nuestra cultura nacional. Reconocido por la UNESCO, como patrimonio intangible de la humanidad”.

Después de oír, ver, sentir y escuchar la pasión de nuestras y nuestros legisladores, yo digo que, sin maíz, no hay ni maíz. Si, también en el lenguaje chilango, ese lleno de frases populares decimos: “ni maíz paloma” para decir que “no”. Posiblemente negando un grano de maíz como acostumbramos desde niños a alimentar en las plazas publicas a las palomas; o quizá pensando en el maíz palomero, cuando nos queremos negar a algo. Y si: “sin maíz, no hay ni maíz paloma” porque el maíz ya es legalmente patrimonio nacional de las y los mexicanos.

Hugo Eric Flores