Alfonso Durazo, David Monreal y Marcelo Ebrard se abrazan en un encuentro con empresarios mineros. Los dos primeros son los representantes de las entidades de mayor extracción de oro y plata del país, Sonora y Zacatecas. Es el arranque de la cruzada de las corporaciones mineras y aliados para re ganar a la opinión pública mexicana.

A partir de que Marcelo Ebrard llegó a la Secretaría de Economía con el gobierno de la presidenta Sheinbaum, el capital minero pisa un renovado terreno de piedra firme. La minería quedó en el Plan México como un sector preponderante. Las muletillas propagandísticas de los representantes del poder minero, sus amigos del CIDE y no pocos políticos, se centran en que la minería es un pilar estratégico para el desarrollo del país, que la minería a cielo abierto será “consciente”, protegerá al medio ambiente y a las comunidades.

El gobierno actual prepara la negociación del T-MEC para el año próximo y ofrecerá a Estados Unidos y Canadá el flujo sin interrupciones de metales y minerales no metálicos que ha proporcionado por más de tres décadas. Cambiar esa dinámica significa turbar al gobierno de Estados Unidos y a los consorcios mineros de Canadá. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, que también cuida su relación con el bloque económico que gobierna con Trump, se comprometió con la presidenta Sheinbaum a que sus mineras cumplirán con las normas ambientales para “ser una minería sustentable” y, de no hacerlo, pidió que le pasara la queja.

Para la presidenta, una minería sustentable es aquella que cumple con el requisito de presentar sus planes de mitigación y remediación. Cabe aclarar que eso planes pueden extenderse a 50 años pues es el tiempo máximo de concesión que la ley les otorga. También se refiere a la revisión de las presas de jales que drenan al subsuelo metales pesados o bien pueden romperse. En el país hay más de 600 y, a la fecha, no hay personal suficiente de la autoridad ambiental para revisarlas.

En palabras de la titular del poder ejecutivo, lo sustentable en la minería es “Garantizar que por lo menos hay menores impactos ambientales de los que había en su momento”. Ese momento, ha significado horadaciones gigantescas en territorios, filtraciones al subsuelo de metales, pérdida masiva de hábitats, asesinato de muchas personas que denunciaron esa catástrofe y desplazamientos. Ella nos explica que los menores impactos ambientales serían que “Donde hay minas actuales del Grupo México y otros grupos mineros ¿Qué se tiene que hacer si sigue explotando esa mina a cielo abierto? Pues garantizar que el impacto ambiental se hace de acuerdo a la normatividad vigente”.

A finales de junio pasado, la presidenta dijo que la iniciativa de ley de prohibición de la minería a cielo abierto enviada al Congreso por expresidente, no prosperó porque esa minería implicaba problemas, pues al no permitir la explotación de ciertos recursos, hubiera afectado la extracción de litio, sal y arenas. “Si construimos trenes, requerimos bancos de materiales y después, se debe garantizar que el impacto esté bien y se hace de acuerdo con la normatividad ambiental”, y explicó que luego de sustraer los materiales de un determinado lugar se debe de restituir el lugar afectado.

El volumen de materiales pétreos que se necesitan para una línea férrea es un tema de cálculo, planeación y remediación ambiental manejable pero la realidad de la extracción de gravas, arenas y piedras en México es otra dimensión. Al 31 de diciembre de 2024, se reportaron 6, 407 concesiones para la remoción 345 millones de metros cúbicos anuales de materiales pétreos de los lechos de ríos, lagos y playas. Estos volúmenes son exportados.

De acuerdo con Waldo Terry y Melina Gil, especialistas en los impactos del extractivismo de materiales pétreos en México, entrevistados por el canal Rompeviento, no existe un solo río en México exento de concesiones para remover arenas. Sus efectos ambientales son irreparables porque se devasta la vegetación y generan desecación.

La iniciativa de prohibir la minería a cielo abierto en México apareció en el arranque de la campaña electoral para el segundo sexenio de la 4t. Pronto se esfumó sin análisis y discusión social. Ahora viene una segunda ilusión, la de la minería sustentable.

Aideé Tassinari Azcuaga