nanopartículas para la conservación del patrimonio cultural

Esmeralda Lizet Martínez Piñeiro[1]

México es un gigante cultural al estar entre los siete países con más sitios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Con este poder viene una gran responsabilidad porque debemos cuidar nuestras zonas arqueológicas y edificios históricos para que sigan en pie y puedan ser admirados por las generaciones futuras.

Ahora bien, ¿cómo se logra mantener en buen estado construcciones que llevan cientos o incluso miles de años en pie? La conservación no es tarea sencilla y requiere el trabajo de muchos especialistas que estudian cada piedra para saber de qué está hecha, qué la está dañando y qué tratamientos pueden aplicarse para reforzar sin alterar su esencia ni su historia.

El problema es que muchos de los productos disponibles para este tipo de trabajos son extranjeros, haciéndolos caros, difíciles de conseguir y, en muchos casos, no funcionan bien bajo las condiciones climáticas tan variadas que tenemos en México.

Por eso, junto con otros investigadores, hemos desarrollado tratamientos que ayuden a consolidar las piedras de nuestras zonas arqueológicas. La mayoría de estas piedras son calcáreas, es decir, tienen un alto contenido de calcio. Esto las hace particularmente vulnerables al ambiente, siendo sensibles a la lluvia ácida, la contaminación, la humedad y el calor, factores que pueden ir debilitando las piedras poco a poco. Entre los daños más comunes están la pérdida de cohesión, el aumento de la porosidad y la fragilidad mecánica.

Aquí es donde entran en juego las nanopartículas, ¡estructuras tan pequeñas que unas 20,000 nanopartículas caben en la punta de un alfiler! Su tamaño es tan pequeño que les permite moverse fácilmente entre los poros de las piedras, rellenar huecos y reforzar la estructura desde adentro.

Eso sí, no cualquier nanopartícula funciona. Un requisito indispensable es que deben ser compatibles con el material de la piedra para que no sean rechazadas ni provoquen daños a largo plazo. En el caso de las piedras calcáreas, las que contienen calcio son las más adecuadas. Y aquí viene lo interesante: el calcio lo podemos obtener de algo tan simple como los cascarones de huevo, un desecho que normalmente tiramos a la basura.

A partir de esos cascarones hemos logrado crear nanopartículas de hidroxiapatita y de hidróxido de calcio. Al aplicarlas en materiales como mármol, caliche y piedra caliza, los resultados han sido muy positivos porque incrementan la dureza en la superficie, reducen la porosidad y mejoran la resistencia frente al deterioro.

Estos tratamientos han demostrado ser efectivos incluso en lugares tan extremos como Campeche, donde la humedad llega al 100% y las temperaturas superan los 40 ºC. Así, la ciencia mexicana demuestra que hasta los desechos cotidianos pueden convertirse en aliados para proteger nuestro patrimonio y mantener viva la memoria de nuestra historia

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  1. Facultad de Ciencias (UNAM) y colaboradora del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Medio Ambiente y Sociedad (CIMMAS)

La Jornada Morelos