Diabetes gestacional: una condición que desaparece tras el parto, pero deja huella en madres e hijos

Marco Antonio Morales Pérez*

Rita Angélica Gómez Díaz**

La diabetes mellitus gestacional (DMG) es una de las complicaciones más comunes del embarazo. Se presenta cuando el cuerpo de la mujer no responde adecuadamente a la insulina, una hormona esencial para mantener estables los niveles de glucosa (azúcar) en sangre. Esto provoca un aumento durante el embarazo, incluso en mujeres sin antecedentes de diabetes.

En México, se estima que aproximadamente 282 mil 931 nacimientos anuales son afectados por elevación de la glucosa durante el embarazo, según datos recientes de la Federación Internacional de Diabetes.

Aunque la DMG suele desaparecer tras el parto, sus repercusiones pueden prolongarse por años, tanto en madre como en el bebé. La detección suele realizarse entre las semanas 24 y 28 de gestación, según los recomendaciones de la Academia Americana de Diabetes (ADA), mediante una prueba de tolerancia a la glucosa.

Entre los factores de riesgo destacan la edad materna avanzada, el sobrepeso u obesidad, antecedentes familiares de diabetes tipo 2 y embarazos previos con DMG. Sin embargo, es importante subrayar que cualquier mujer puede desarrollarla, por lo que las pruebas en el embarazo son clave para una detección oportuna.

Cuando no se identifica ni se trata, la DMG puede desencadenar múltiples complicaciones. En el bebé, aumenta el riesgo de macrosomía (peso excesivo al nacer), parto traumático, parto prematuro y glucosa baja en el recién nacido, entre otros.

Para la madre, las consecuencias incluyen mayor riesgo de hipertensión en el embarazo, partos complicados y una mayor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 en los años posteriores.

Además, los hijos de madres con DMG presentan un riesgo aumentado de obesidad infantil, síndrome metabólico y alteraciones en el metabolismo de la glucosa en etapas tempranas de la vida. Estos efectos reflejan no solo el impacto de la DMG al nacimiento, sino también su influencia metabólica en el futuro.

Afortunadamente, esta condición puede manejarse de manera efectiva en la mayoría de los casos. Una alimentación saludable, la actividad física regular y, en ocasiones, el uso de medicamentos como insulina o metformina, permiten controlar los niveles de glucosa y reducir los riesgos. La clave está en el control prenatal adecuado, el diagnóstico oportuno y el compromiso activo de la paciente con su cuidado.

Vigilar los niveles de glucosa durante el embarazo no es solo una estrategia para evitar complicaciones inmediatas; es una decisión que protege la salud futura de madre e hijo. La salud metabólica comienza antes del nacimiento, por lo que, si estás embarazada, infórmate, acude a tus controles y solicita la prueba de detección. Una intervención a tiempo puede marcar la diferencia para toda la vida.

Referencias:

International Diabetes Federation. IDF Diabetes Atlas, 11ª edición. Bruselas, Bélgica: International Diabetes Federation, 2025. Disponible en: https://diabetesatlas.org/resources/idf-diabetes-atlas-2025/

American Diabetes Association. 2. Diagnosis and Classification of Diabetes: Standards of Care in Diabetes-2025. Diabetes Care. 2025;48(Suppl 1):S27–S49.

*Dr. Marco Antonio Morales Pérez. – Endocrinólogo Pediatra. Maestría en Ciencias Médicas, OOAD Morelos

**Dra. Rita Angélica Gómez Díaz. – Endocrinóloga / Diabetóloga. Unidad de Investigación Médica en Epidemiología Clínica, UMAE Hospital de Especialidades CMN Siglo XXI.

Imagen: tusdudasdesalud.com

La Jornada Morelos