

I. La cultura de la paz es fundamental en tanto del combate a los temas que, como las apologías del delito atrapan la psiquis de las generaciones del presente y futuro nacional; así las líneas trazadas desde las instituciones garantes de salvaguardar un entorno propicio para la convivencia humana en sociedad, sobre todo, cuando de la civilización y debida conducta entre conciudadanos se trata.
El devenir cotidiano lleva a reflexionar sobre tópicos que destierren la conformidad o normalidad, con que algunas personas refieren la comisión de delitos y en sus hogares saben bien que tienen a auténticos delincuentes, por aquello de riquezas u ostentaciones materialistas carentes de justificación lógica, acreditable y lícita en su obtención.
Nada más absurdo que pensar en escenarios de búsqueda de quienes por décadas y desde los setenta, están plenamente ubicados e identificados como autores o cómplices en la siembra del cáncer que en calidad de impunidad, corrupción e inseguridad ha carcomido al tejido social, vulnerando la convivencia pacífica e infiltrando la Cosa Pública al grado tal, de una descomposición dejada como herencia de sexenio en sexenio hasta llegar al dos mil dieciocho, sin que se vea por donde de manera propositiva se contribuya con resarcimientos al erario por parte de los causantes de tal cáncer ya con data histórica, menos para que como uno solo, enfrentemos ahora y en Unidad Nacional la diaria y probadamente combatida criminalidad organizada o desorganizada.
II. La prevención es tarea de todos, en todas las materias y roles de nuestras vidas, desde el hogar hasta los centros laborales o de esparcimiento y deportivos.
No es para menos la acumulación de antecedentes que tienen que ver con trágicas experiencias naturales o provocadas por intervención voluntaria o involuntaria del ser humano, el caso es que en éstos días en que se recuerdan lamentables movimientos telúricos, la percepción tiene que abarcar unas y otras modalidades de siniestros, en los que la población está y queda expuesta a resultados dramáticos que se suman a las estadísticas.
Ahora que se tienen programas, proyectos, planes, inversiones público privadas y demás implementos alimentadores de la cultura informativa y la educación para la protección civil, lo que importa es nuestra participación activa y de prevención permanente sobre la materia.

III. Con los días y meses corriendo, pasando por semanas que en número de cuarenta y ocho darán cuenta del año que corre, llegamos a uno más en la cuenta hacía delante, la forma positiva de mirar el entorno, disfrutar las bellezas naturales, dar gracias al Superior por su amor infinito, abrazar a quienes nos abracen, entregar cada respirar en aras de disfrutar al máximo cada instante, es el sinónimo de lo maravilloso, lo importante y lo grandioso, muchos quisieran estar aquí y lamentablemente ya no, así es la vida, corta y hermosa como para desperdiciarla entre el resabio, el odio, el rencor y la ilícita conducta que dibuja a plenitud, al único ser del mal construido en cada cerebro para justificar que en el actuar individual una a uno, los seres humanos construyen y dan existencia a lo más parecido de sus peores demonios.
IV. Las modificaciones de fondo y forma a la Carta Magna, han dotado al país entero y sin excepción alguna de sus habitantes, de la herramienta más asequible y eficaz para transitar a la transformación numerada como Cuarta; dado el tiempo, hace unos días gritamos el tradicional Viva México, hoy con estos pasos agigantados en la democratización de las instituciones como lo es el Poder Judicial, esa expresión de júbilo debe continuar, ampliarse y sobre todo, replicarse por todos los rincones habitables, los sectores vulnerables, quienes menos tienen y los más sedientos de justicia, en la Constitución tienen una respuesta a esa imploración, justicia y ley para quien la pida, para todos y al corto tiempo, paz y tranquilidad que generemos día con día.
1000 PALABRAS. Rendición de cuentas, transparencia, honestidad, dialogo abierto, política de territorio, atención a las y los mexicanos; el punto toral es ese, así de sencillo, el empatar con los gobernados, en un amplio espectro de respeto por los derechos humanos y máxime en tanto la mujer, los infantes y adultos mayores; nadie por encima de ninguna persona que lo mismo vale cuando de las posibilidades naturales son iguales y sin distingo. Esa es la visión de una nueva forma de gobernar, misma que sigue sumando, a la par de la derrota que se cierne en cada ataque irracional y subjetivo con que escupen al cielo.

