

Influencia de la ejemplar vida de lucha y dignidad de José Mujica
De enorme notoriedad y alcance fueron la austeridad y coherencia, las dos características que fueron constantes a lo largo de la vida del expresidente uruguayo José Mujica, para sus pares latinoamericanos y personas cercanas. Nacido en 1935, desde su juventud comenzó a militar en la izquierda en su país, llegando a sumarse al Movimiento de liberación nacional – Tupamaros, y más adelante fue casi catorce años preso político por la dictadura cívico-militar (1973-1985) conducida en sucesión por los presidentes Juan María Bordaberry, Alberto Demicheli, Aparicio Méndez, y Gregorio Álvarez.
Buscando complementar a las características que ya tan bien han detallado en LJM respetados colegas sobre el querido Pepe Mujica, el foco de esta columna es un muy breve repaso de su efecto e influencia sobre líderes y personajes de la política latinoamericana y sobre el panorama y continuo proceso social no sólo de Uruguay, sino del continente, del que ha emanado una serie se perspectivas y sentires expresados en la última semana.
Como primer hito transformador, la alternativa política Frente Amplio indudablemente tuvo en Mujica un verdadero motor electoral y político, con lo que tal movimiento se volvió un auténtico fenómeno a partir del año 2004, cuando ganó por primera vez colocando a Tabaré Vázquez en la presidencia, quien fue sucedido por Mujica mismo finalmente como presidente de su ‘paisito’ –como él lo llamaba- desde el 1 de marzo de 2010. Los tres periodos de gobierno de la coalición indudablemente cambiaron la estructura social y económica de Uruguay.
El presidente de la cámara de diputados de Uruguay, Sebastián Valdomir, al recordar recientemente al exdirigente tras su fallecimiento, en una emotiva transmisión de la radiodifusora argentina La 750, aseguró sobre él: “Es difícil definirlo en pocas palabras. (…) Es el creador de un movimiento político que es mi organización (Movimiento de Participación Popular), que arrancó luego de la salida de los presos en la reapertura democrática, allá por 1985, y se terminó de fundar en 1988, el cual se propuso de alguna manera ampliar lo que aquí se llama el campo de la izquierda nacional y popular, y que luego de 10 o 12 años de intenso trabajo a nivel parlamentario aquí como en Argentina atravesamos el cimbronazo de la crisis del 2002.»
“Mujica vivía como pensaba. No era un tipo que tuviera dos lecturas, que [tuviera] ‘algo escondido en el ropero’. Era un dirigente político de enorme trascendencia, pero era un vecino más que vivía con su compañera y que nunca perdió esa cercanía. Agarraba su camioneta y visitaba viejos chacareros que conocía del interior. Nunca perdió esa cercanía con la gente y no tenía ningún empacho en lo que decía. […] Era de la generación setentista que quiso cambiar el mundo y pagó con la cárcel y con muchas derrotas personales y colectivas ese intento de oponerse a esa posición que tenía América del Sur en la Guerra Fría”, aseveró Valdomir.

En su propia entrevista a través de la misma radiodifusora, el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa, en el marco de una constante pugna por parte de la izquierda en su país por revisar el reciente proceso electoral por el que se reeligió el derechista Daniel Noboa y que ha sido señalado por haber estado plagado de irregularidades, ante lo cual aseguró que al día de hoy no se ha abierto una sola urna, recalcó, en vasto contraste sobre Mujica: “Fue un privilegio trabajar con él, porque era sabiduría, era un viejo sabio. Y más que político, fue un filósofo. […] América Latina perdió esa capacidad de asombro. Enfrentamos a una derecha que con sus medios de comunicación te hablan de libertad, derechos humanos, democracia, cuando les conviene y cuando no, callan los más atroces atentados contra esos principios.”
Por su parte, durante la reciente ceremonia fúnebre para Mujica, Luis Inácio Lula da Silva pasó largos minutos de pié frente al ataúd envuelto en la bandera uruguaya y se sentó solidariamente junto a la compañera de vida del líder acaecido, Lucía Topolansky, mientras la multitud asistente cantó “Don José”, himno popular uruguayo, y se cantó también “Gracias a la vida”, de Violeta Parra.
Lula, con los ojos humedecidos, elogió ante periodistas la figura de Mujica: “Una persona como Pepe no muere. Pasó catorce años en la cárcel y salió en libertad sin odio hacia las personas que lo apresaron y lo torturaron. Hay seres humanos superiores y Pepe fue un ser humano superior. […] Conocí a mucha gente en mi vida, pero Pepe era una figura especial, cariñosa, de quien aprendí a respetar y seguir cada paso que daba cuando asumió la presidencia. No podía dejar de despedirme de él y de su esposa.” Lula había visitado por última vez a su amigo cinco meses antes, en diciembre, en su chacra de Rincón del Cerro.
Pablo Cohen, biógrafo y autor del libro Los indomables, y quien, por un año, desde enero de 2024, visitó esa misma chacra para hacer largas entrevistas a Mujica y a Lucía Topolansky, expresó sobre la relación que observaba entre ellos: “Lucía es la estratega de precisión germánica y Pepe era el caudillo romántico.”
Topolansky, quien a su vez fue vicepresidenta, fue acompañada también durante la ceremonia fúnebre de su compañero de vida, por Mauricio Rosencof, quien fue otro de los nueve rehenes de la dictadura y quien escribió, en colaboración con Eleuterio Fernández Huidobro, el libro Memorias del Calabozo, donde se narran las duras vivencias de Mujica y sus ocho camaradas, pasando presos de cuartel en cuartel por todo el Uruguay por más de once años.
Yamandú Orsi, el delfín político de Mujica que fue electo en los últimos comicios en 2024, marcando así el triunfal regreso del Frente Amplio, declaró: “Afecta la pérdida de un amigo, un compañero, pero ver a viejos, niños, jóvenes demostrando ese afecto y esa despedida, es un rebote de sentimientos que reconforta.” […]
“Somos muchos los que tenemos que tomar la posta.” –asegura Orsi; y a ojos de la Patria Grande toda… vaya estafeta que le toca portar.

Mujica en 1985. Imagen: AFP

