El pasado 1 de octubre se vivió uno de los momentos históricos más importantes: la toma de posesión de nuestra nueva presidenta, Claudia Sheinbaum. El discurso que ofreció fue en algunos temas esperanzador, simbólico y mando mensajes positivos con énfasis en la ruta de respeto a las libertades. Entre otras cuestiones, habló de la necesidad de reconocer la presencia de las mujeres en todas las disciplinas y sectores, subrayando la importancia de nombrarlas.

En efecto, hizo hincapié al termino Presidenta, es decir, usar un lenguaje incluyente, para lo cual pidió que se le diga Presidenta con A, como debe ser con la abogada, científica, soldada, doctora, ingeniera, maestra y un largo etcétera, con lo cual estamos totalmente de acuerdo pues es mucho mejor un mensaje que hace explicita y visible, en este caso, la condición femenina. Estamos ciertos que utilizar lenguaje incluyente y no sexista no va a eliminar por sí solo la desigualdad entre mujeres y hombres, pero es una herramienta importante y efectiva para que las mujeres y los grupos de población históricamente excluidos sean visibles y nombrados con perspectiva de género.

En el discurso pronunciado en el Zócalo, la doctora Claudia Sheinbaum expresó sus compromisos en 100 puntos para su plan de gobierno, enfatizando el combate a la corrupción, la justicia social y defensa de los que están en condiciones más vulnerables. Es deseable que el combate a la corrupción sea imparcial y no selectivo. Se observan, además, algunos cambios sustanciales con relación al anterior gobierno: como el cuidado al medio ambiente y la apuesta por la ecología, las energías limpias, la gestión del agua, la tecnología, la ciencia y la cultura, diversidad, sobre todo sexual y de género. Indudablemente, su información como científica le da una visión mucho más moderna de la gestión pública.

Ahora bien, lo expresado por la Presidenta no garantiza, por sí mismo, que las políticas que se implemente incluyan una perspectiva de género ni que aborden las diversas realidades que enfrentan las mujeres del país. Ella ha prometido reformas iniciales para mejorar las condiciones de vida y la seguridad de las mujeres, lo cual es digno de reconocimiento. Pero aquí surge la pregunta: ¿cómo se llevarán a cabo estas medidas sin los recursos suficientes?, por ejemplo, en el caso de los programas sociales en los que será importante tener los recursos económicos que los sustente y políticas claras para su implementación.

En los puntos clave están la igualdad de género, la protección de los derechos humanos y la erradicación de la violencia. En un país donde las mujeres enfrentan violencia estructural y donde la militarización ha exacerbado la crisis en derechos humanos, su promesa de garantizar una sociedad más justa y segura debe traducirse en políticas reales y efectivas, teniendo como reto cambiar de manera estructural las condiciones de vida de millones de mujeres y de las comunidades más marginadas, traduciendo sus derechos en ejercicio efectivo de ellos.

Como hemos señalado, importante es la incorporación de una amplia agenda feminista. Por lo anterior, la Presidenta Sheinbaum anunció el 3 de octubre que enviaría al Senado diversas reformas, algunas de ellas a la Constitución, enfocadas en los derechos de las mujeres, para garantizar la igualdad sustantiva; la perspectiva de género y el derecho a una vida libre de violencia. Entre las reformas están incluir en la Constitución la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad salarial y la paridad en todos los cargos de la Administración Pública Federal, obligación que ya está contemplada en el artículo 41 constitucional, exigiendo la paridad de género en quien ocupa las secretarías de despacho del Poder Ejecutivo Federal, pero según estudio del Instituto Mexicano de Competencia (IMCO), en el resto de altos cargos como subsecretarías y direcciones 7 de cada 10 son asignados a hombres. Resulta esperanzador este tipo de medidas, pero el tiempo mostrará si, además de contemplarse en la Constitución y en la ley, se materializan.

De otro lado, entre los grandes problemas por resolver está el que hay mujeres que buscan a sus seres queridos desaparecidos, mujeres que exigen justicia por las que ya no están, mujeres que se manifiestan en las calles para que se reconozca un sistema de cuidados. También están las mujeres que enfrentan violencia en el ámbito digital y en los espacios públicos. Por ello, se requiere implementar una estrategia de seguridad, y como en otra oportunidad dijimos que, si bien es un hecho que la Guardia Nacional se hará cargo de la seguridad ciudadana con adscripción militar, serán importantes los controles que prevean violaciones a Derechos Humanos y en su caso, aplicar las sanciones correspondientes.

Algo que faltó en sus discursos fue el llamado a un dialogo incluyente, respeto a las diferencias y construcción colectiva a las reformas que se requieren. Es decir, estuvo ausente la convocatoria presidencial para lograr unidad en el país. Por ello destacan las palabras (no pronunciadas), por la presidenta del Congreso, doña Ifigenia Martínez, en la toma de posesión de la actual jefa del Ejecutivo y que se han reproducido en diferentes notas y columnas y que por su importancia también reproducimos: «…Que nuestras diferencias no nos dividan, sino que sean la fuente de propuestas y de soluciones compartidas a los distintos retos que enfrentamos”. «Hoy, más que nunca, necesitamos tender puentes entre todas las fuerzas políticas, dialogar sobre nuestras divergencias y construir, juntas y juntos, un país más justo y solidario. Es tiempo de altura de miras. Es tiempo de construir nuevos horizontes y realidades. Es tiempo de mujeres».

Se debe hacer realidad el que más allá de ideologías se gobierne para todas y todos, que se dejen atrás discursos denostativos, que pueden ser fuertes y vigorosos, pero sin polarización y sin división. Se debe apostar a la unión en la pluralidad y diversidad, en donde se escuche a las minorías y el límite de las mayorías sea el respeto a los Derechos Humanos.

* Especialista en Derechos Humanos

Luis Raul González Pérez