

El cambio de administración del gobierno estatal entraña la oportunidad de robustecer la identidad morelense. De lo anterior se ha insistido recientemente en este espacio, pero nuestra memoria histórica no debe ceñirse exclusivamente a las figuras de los generales Morelos y Zapata, sino también, a tantos personajes que a lo largo de poco más de cinco siglos han contribuido a la construcción de un orgulloso pasado.
Tras su toma de posesión, la Presidenta de la República visitó Acapulco a quien la naturaleza y el crimen parecen no dar tregua, al día siguiente recibió en el Campo Marte la salutación de las Fuerzas Armadas y Guardia Nacional, y 48 horas después tuvo una de sus primeras giras en Morelos. La presencia de la presidenta en Jantetelco nos remite a no olvidar la memoria del Teniente General Don Mariano Matamoros, brazo derecho del general Morelos y a quien la lucha de independencia sorprendió como cura de esta localidad.
Matamoros nació en el barrio de la Merced, en la Ciudad de México al igual que tantos morelenses actuales, en una casa que aún se encuentra en pie, el 14 de agosto de 1770. Provino de una familia criolla, numerosa y acomodada. Durante su infancia vivió una temporada en Tlaxcala y se decantó pronto por la vocación religiosa. Tras estudiar en el Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco y en la Real y Pontificia Universidad de México, se ordenó sacerdote en 1796. A lo largo de su carrera eclesiástica atendió vicariatos y curatos en la Ciudad de México, Hidalgo, Querétaro y en 1808 fue designado párroco de San Pedro Jantetelco.
Al estallar la guerra de independencia, pronto trascendió la simpatía del cura de Jantetelco, por la causa insurgente, por lo que las autoridades virreinales ordenaron su captura. Alertado a tiempo, Matamoros huyó hacia Izúcar, localidad poblana que hoy lleva su nombre, y donde se incorporó a las fuerzas del general Morelos. Ahí no solo nació una relación entrañable entre ambos personajes, sino que fue el inició de una de las más distinguidas trayectorias en la historia militar mexicana. No en vano, no pocos expertos, consideran este momento en Izúcar como el nacimiento del Ejército Mexicano. Matamoros inició su carrera castrense organizando cuatro regimientos, a su vocación natural para las armas, se sumó una preparación autodidacta estudiando las “Ordenanzas Militares del Ejército” que rigieron en aquel entonces a las fuerzas españolas.
Con sus tropas concurrió al Sitio de Cuautla donde destacó por su arrojo, de ahí, participó en la toma de Oaxaca una de las victorias más relevantes de Morelos. Entonces el Generalísimo lo comisionó para tomar Chiapas, territorio de la Capitanía General de Guatemala. En junio de 1813, obtuvo un triunfo decisivo al derrotar a los realistas guatemaltecos en la Batalla de la Línea o de la Chincua, librada en Tonalá, esta acción aseguró en definitiva la permanencia de Chiapas a México. En octubre de ese mismo año infligió una grave derrota a los realistas en Agua Quichula, Veracruz.
En diciembre de 1813, acompañó a Morelos en el desastre de las Lomas de Santa María en las goteras de Valladolid. Ahí Ciriaco del Llano e Iturbide diezmaron a los insurgentes iniciándose el declive de Morelos. Los insurgentes derrotados se dirigieron en los primeros días de enero de 1814 a Puruarán donde de nueva cuenta fueron vencidos por del Llano e Iturbide. En ese sitio, Matamoros fue hecho prisionero, trasladado a Pátzcuaro y después a Valladolid. Se le instruyeron procesos eclesiásticos y judiciales, siendo condenado a muerte. Morelos intentó salvarlo ofreciendo sin éxito el canje de 200 prisioneros realistas. El 3 de febrero de 1814 fue fusilado en los portales de Valladolid. Desde 1823 es Benemérito de la Patria, y sus restos descansan en la columna de la independencia. Recientemente se dejó correr la rocambolesca versión de que sus restos corresponden a una mujer, lo cual no prosperó, pues la existencia histórica de Matamoros es irrefutable. Hoy para orgullo de los morelenses, queda Jantetelco como testimonio del punto de partida de una de las gestas más heroicas de la historia de México.

En jornadas más actuales de orgullo morelense, es de destacar que a pesar de todo lo acontecido el año pasado y en lo que va del actual en tantos frentes, el Ingenio Emiliano Zapata de Zacatepec, perteneciente al Grupo Beta San Miguel, obtuvo el valor más alto por tonelada de caña en la zafra 23/24 en todo México ¡enhorabuena!
*Escritor y cronista morelense.

Matamoros (José Obregón, 1865, Palacio Nacional). Cortesía del autor

