GEOPOLÍTICA DEL TERROR: MÉXICO EN EL ESCENARIO NUCLEAR

 

En el 2019, por estas fechas supimos de una enfermedad para la que no había cura, el COVID-19. Era el mes de diciembre, estábamos ocupados con las festividades de fin de año. El gobierno ni los ciudadanos le dimos mucha importancia a la noticia. Además, la enfermedad estaba muy lejos, a miles de kilómetros. Tres meses después la pandemia llegó a nuestro país, nuestro estado, nuestra ciudad y a nuestras casas.

Hoy, mientras nos preparamos para las fiestas de fin de año, nos enteramos de que el conflicto Rusia-Ucrania ha escalado rápidamente y que se están usando armas no convencionales como el misil oreshnik de alcance medio que no puede ser interceptado por los sistemas de defensa actuales.

Igual que en diciembre del 2019, hoy estamos muy ocupados con nuestros problemas internos como las amenazas de un arancel del 25 por ciento o las políticas dictadas por el partido en el poder, una violencia que gana más terreno, los preparativos de las fiestas de Navidad, año nuevo y más. Percibimos muy distante el conflicto Rusia-Ucrania y su escalamiento que amenaza la paz mundial.

Países europeos que viven cercanos al conflicto y que han vivido las experiencias de la guerra, toman muy en serio la amenaza de una guerra global con efectos tan destructivos que no alcanzamos a dimensionar. Por lo cual, esos países reparten manuales con protocolos que preparen a sus poblaciones para una posible conflagración mundial que puede escalar al uso de armas nucleares.

La intención de este análisis no tiene un propósito alarmista, sino de ubicación y reflexión sobre cuáles puedan ser las consecuencias de una conflagración mundial en diferentes áreas del mundo y en particular en México, que nos lleve a asumir una actitud más proactiva.

Para este análisis acudí a estudios como el publicado en Nature Food en 2022 que habla de una hambruna masiva en caso de guerra global; a Investigaciones de la Universidad Rutgers que presenta un modelo del efecto climático en una guerra nuclear haciendo referencia al “invierno nuclear”.

También me apoyé en estudios sobre el impacto de una guerra en la salud humana, la infraestructura energética, la comunicación y el colapso social y económico. Las respuestas de la inteligencia artificial también me dieron elementos para este análisis.

Se considera que algunos lugares debido a su aislamiento geográfico, su baja densidad de población o la falta de interés estratégico o militar, pudieran resentir menos una guerra nuclear. Entre éstos se encuentran Nueva Zelanda, Islandia, Islas del Pacífico, Antártida, Suiza, Bután, Argentina. México por la cercanía con Estados Unidos se ubica en un área de alto impacto.

Un conflicto nuclear entre Rusia y Estados Unidos conduciría a una catástrofe global con efectos devastadores. Presento una síntesis de los posibles escenarios en América del Norte, Europa, Asia, América Latina y México en particular.

América del Norte sufriría ataques directos en Washington, Nueva York y Los Ángeles; Canadá sufriría impactos colaterales por su proximidad y por ser parte de la OTAN. El norte de México podría sufrir efectos radiactivos y una fuerte migración. En Estados Unidos, además de millones de víctimas directas, la economía, la infraestructura de energía, comunicación, transporte y de salud colapsarían de inmediato.

Europa sería un campo de batalla debido a la presencia de bases de la OTAN. Países del Este, como Polonia, Rumanía y los Estados bálticos, serían objetivos prioritarios. Las potencias con armas nucleares como Reino Unido y Francia serían objetivos militares. Las infraestructuras claves como energía, agua, salud etcétera, quedarían devastadas casi en su totalidad.

Asia experimentaría impactos directos por ser epicentro del conflicto con ataques directos sobre ciudades como Moscú y San Petersburgo. China podría tratar de mediar, pero si el conflicto escala, se involucraría en el conflicto, bajo el pretexto de proteger sus intereses. Japón y Corea del Sur como aliados de Estados Unidos serían objetivos de los misiles rusos.

América Latina y México. En esta región los impactos no serían directos, pero se afectaría de manera muy importante la economía por la interrupción del comercio global que sumado a un aumento de refugiados del norte ocasionaría un caos económico y social.

El «invierno nuclear». La energía que utilizamos para nuestras funciones vitales proviene de la energía solar. Las plantas verdes son las únicas fábricas capaces de transformar la energía física (luz) a energía química (azúcares, lípidos, proteínas) a través de la fotosíntesis. Durante un “invierno nuclear” no habría luz para el proceso de fotosíntesis, no se podrían procesar los alimentos y la hambruna sería inevitable.

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José Antonio Gómez Espinoza