Elizabeth Holmes: de genio a villana

 

Fue considerada una revolucionaria de la medicina, una promesa de la innovación destinada a dar un giro al campo médico al proponer una tecnología revolucionaria para detectar enfermedades. Nos referimos a Elizabeth Holmes, que se convirtió en figura prominente en Silicon Valley al fundar y ser CEO de Theranos, una empresa de tecnología médica. Su propuesta era que a partir de una gota de sangre las personas tendrían una radiografía instantánea y certera de más de 200 enfermedades entre las cuales podrían estar la diabetes o múltiples enfermedades infecciosas.

Theranos se convirtió en un unicornio destacado, que en su mayor momento de gloria alcanzó una valoración de 10 mil millones de dólares haciendo de Holmes la multimillonaria más joven del planeta. Apenas alcanzaba los 19 años cuando decidió que Stanford era un estorbo para alcanzar sus sueños, por lo que decidió fundar Theranos en 2003. En poco tiempo tuvo apoyos de capitalistas como Larry Ellison y Rupert Murdoch que abrieron sus carteras; Holmes llegó a reunir unos 700 millones de dólares.

Su propuesta sonaba a magia, proponía un fantástico procedimiento que pondría de cabeza el campo de los diagnósticos de enfermedades; su dispositivo Edison se erigía como una interface de multilectura robusta que prácticamente socavaría el futuro de los grandes laboratorios, ya que cualquier personas podría hacerse de dicho aparato y tener en su casa un laboratorio que con una gota de sangre sería capaz de tener un diagnóstico de múltiples enfermedades. Edison no era el primer dispositivo multilectura de sangre para diagnosticar enfermedades, ya había varios en el mercado, pero sí era el que tendría mayor rango de detección de enfermedades. Por eso Forbes enalteció a Holmes y no faltaron las equiparaciones de que era la nueva Steve Jobs.

Pero conforme el tiempo transcurrió se vio que Theranos era más ruido que realidad; a pesar del estricto control sobre la información que la empresa ponía en marcha, limitando el acceso a su tecnología y datos, empezaron a surgir las sospechas de que su hechizo se resquebrajaba: en 2015 Wall Street Journal señaló que el dispositivo de Theranos no funcionaba como se promocionaba, se falsificaban resultados y ponía en riesgo la salud de los pacientes. Desde ese momento empezó la desgracia de Holmes y su socio-pareja Ramesh «Sunny» Balwani. Holmes pasó a devenir en villana.

Se dio a conocer cómo se retrasaron o negaron diagnósticos y tratamientos correctos a pacientes con enfermedades graves. Lo absurdo fue que algunas personas incluso sufrieron daños por la administración de medicamentos innecesarios o inapropiados derivados de los equivocados diagnósticos. Holmes y Theranos se convirtieron en sinónimo de fraude.

Desde el momento en que empezaron los líos judiciales de Holmes y su socio-pareja Balwani, la empresa se quedó sin gasolina, no tuvo dinero y se disolvió. Fortress Investment Group, la empresa de capital privado que le inyectó a Theranos recursos a finales de 2017, tomó posesión de sus patentes. Por cierto entre los que Theranos se llevó entre las patas estuvo Carlos Slim quien invirtió 30 millones de dólares.

Según estimaciones de John Carreyro, quien dio cuenta pormenorizada de este caso en su libro Mala sangre, las pérdidas de quienes invirtieron en Theranos fue de casi mil millones de dólares. Lo que queda de ese episodio es un ejemplo de ambición y arrogancia de las audaces promesas que emanan de Silicon Valley. La cuestión es que no solo se timó a los capitalistas de riesgo, a médicos, a pacientes, a la FDA, a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, al gobierno al fin de cuentas, sino también evidenció los laxos controles de supervisión de tecnologías descabelladas que prometen maná.

Detrás de esa historia queda un universo de embaucados. Holmes fue la persona más joven en ganar el Premio Horatio Alger, la revista Time la eligió como una de las cien personas más influyentes del mundo, hasta el mismo Obama la nombró embajadora de Estados Unidos para el emprendimiento global, y la Facultad de Medicina de Harvard la invitó a unirse a su prestigioso consejo de miembros. Sin olvidar que infinidad de medios se inclinaron por elevar a Holmes al olimpo de los grandes genios de la tecnología.

Esto lleva a cuestionarse por qué pudo Elizabeth Holmes timar a tantas personas e instituciones. Por un lado estuvo su juventud y carisma, que prometía un radiante futuro para la salud pública, ya que la salud es un terreno suculento para los negocios y de inmediato los inversionistas vieron que eso podría dejar grandes dividendos en el devenir y empezaron a difundir sus prometedores logros. Eso se combinó con que existe una tendencia a la inversión rápida en ideas innovadoras, a veces sin mediar evaluación crítica, del miedo de inversionistas de perderse el tren que parece destinado al éxito; la falta de regulación específica para empresas de tecnología médica también facilitó el embuste, pero también los principales medios de comunicación no investigaron las afirmaciones de Theranos o lo hicieron cuando fue demasiado tarde.

A toro pasado sabemos que su promocionada tecnología sofisticada y de punta era más rudimentaria de lo que se pretendía y las posibilidades de que operara como se anunciaba eran escasas, estaban lejos de la confiabilidad de un glucómetro y el Edison para nada era la herramienta milagrosa promocionada. Y eso se potenciaba porque Theranos operaba en el secretismo, no existían mecanismos de control para evitar su práctica fraudulenta.

Pero este caso no es único en el campo de las nuevas tecnologías, ya que varios timos se han presentado en los últimos años. Empresas como Ozy Media, Outcome Health, Frank,FTX, WeWork o Nikola Motors son otros ejemplos de cómo el apetito por la riqueza expedita y de convertirse en el ganador y comerse todo el pastel termina generando esas estafas. Estos casos reflejan un patrón en el que las startups en Silicon Valley tienden a exagerar sus capacidades o resultados para atraer inversiones. Al final la historia de Theranos y otras no ha servido para frenar estas prácticas de startups tecnológicas.

Holmes y su socio Balwani fueron acusados de fraude electrónico y conspiración. En 2022, Holmes fue condenada por cuatro cargos de fraude electrónico y sentenciada a más de 11 años de prisión y en 2023 ingresó a la prisión federal FMC Bryan en Texas. Holmes deja como legado una historia de ambición desmedida, de engaño y de carencia de escrúpulos y de ética, algo que no es extraño en el mundo empresarial de las nuevas tecnologías (https://shre.ink/gk95).

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Antulio Sánchez