

DEL JUSTICIERO AL TIRANO: ARQUETIPOS QUE ALIENTAN LA VIOLENCIA
Para iniciar es oportuno tener un consenso del significado del arquetipo. Una de las definiciones que da la RAE es la de imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forman parte del inconsciente colectivo.
Carl Jung, quien acuñó el concepto de arquetipo, asevera que éstos son patrones simbólicos o modelos inconscientes de comportamiento que existen en el inconsciente colectivo. Estos arquetipos moldean la manera cómo interpretamos el mundo y conducen nuestras respuestas emocionales y conductuales sin pasar por la razón.
Los arquetipos pueden verse en figuras con roles específicos, así, se tienen arquetipos como el Héroe, el Sabio, la Madre Protectora, la Madrecita Tierra o el Guerrero que reflejan aspectos de la experiencia humana y funcionan como modelos que guían y estructuran el comportamiento y la percepción del mundo de las personas.
Estos arquetipos, están presentes de diferentes maneras en la cultura y en la psique colectiva. Se reconocen algunos arquetipos de la violencia que pueden influir en la expresión de la violencia actual. Estos arquetipos se activan como respuesta a miedos, resentimientos o necesidades de poder.
Bajo estas premisas se puede afirmar que los arquetipos influyen en la violencia humana actual de manera no consciente. Un supuesto a considerar es que, al poner al descubierto, al descobijar estos arquetipos ocultos en el inconsciente, es decir, al hacerlos conscientes es posible mitigar su influencia negativa.

En las sociedades modernas, los arquetipos de la violencia se expresan de maneras complejas y a menudo simbólicas y están presentes en las estructuras de poder, en los medios de comunicación, en la cultura de masas y en los sistemas económicos.
Estos arquetipos no solo se manifiestan en actos de violencia física, sino también en las dinámicas sociales, políticas y culturales que reflejan conflictos internos y tensiones colectivas. Se reconocen como arquetipos de la violencia al guerrero, la sombra colectiva, el destructor, el justiciero, el tirano y el de víctima salvador.
El guerrero se expresa en la obsesión de la competencia y la lucha en los diferentes ámbitos de la actividad humana. En la política, se manifiesta en conflictos armados, militarización, discursos de defensa nacional, y en la exaltación de la «fuerza» como medio para resolver problemas.
La Sombra Colectiva: este arquetipo se manifiesta a través de prejuicios, la discriminación y la marginalización. La Sombra contiene miedos, odios y resentimientos reprimidos, que emergen en momentos de crisis social. La Sombra se expresa en el racismo, la xenofobia y la intolerancia, alimentando conflictos y divisiones entre diferentes grupos.
El Destructor: este se manifiesta en las crisis económicas y en los sistemas que, al buscar maximizar el beneficio sin considerar el bienestar común, destruyen comunidades, culturas y el medioambiente. El modelo del neoliberalismo es un ejemplo claro.
El Justiciero: se expresa en la idealización de individuos o movimientos que buscan justicia pero que adoptan métodos extremos para alcanzarla. Se observa en movimientos ideológicos extremos, en actos de terrorismo, y en personajes de ficción que, aunque actúan «por el bien», usan la violencia como medio.
El Tirano: se manifiesta en estructuras de poder autoritarias y en figuras de liderazgo que buscan el control absoluto. Aparece en formas de opresión y abuso de poder, donde los derechos individuales se subordinan al control y la obediencia. Cualquier parecido a la realidad, no es mera coincidencia.
El Víctima-Salvador: se expresa en líderes, instituciones o ideologías que prometen «salvación» pero, al mismo tiempo, mantienen a las personas en un estado de vulnerabilidad o impotencia.
Sin duda hay mucha correspondencia de alguno o algunos arquetipos de violencia que de manera no siempre sutil o subliminal se expresa en nuestra realidad nacional toda vez que se están expresando diferentes patrones de violencia en diferentes niveles y contextos de nuestra sociedad.
Estos arquetipos se expresan en distintos niveles y ámbitos a través de símbolos, narrativas culturales, políticas públicas y dinámicas sociales. Es innegable que la violencia se está empoderando en las diferentes actividades humanas.
Al hacer conscientes estas expresiones arquetípicas del inconsciente, la sociedad puede encontrar la forma de integrar estos impulsos en el espacio más consciente y redirigir la energía de estos arquetipos hacia la colaboración, el entendimiento y la creación de soluciones pacíficas.
Otras preguntas a reflexionar son ¿cómo se construyen los arquetipos en el inconsciente colectivo? ¿Es posible construir en ese inconsciente patrones que abonen a la cultura de paz? Preguntas que intentaré contestar en una siguiente entrega.

