

LECCIONES DE LA NATURALEZA PARA UN PAÍS POLARIZADO
El equilibrio es un principio rector de la naturaleza. Esto se hace evidente en los ecosistemas, en la agricultura y en la historia evolutiva de las especies. Pero, cuando hablamos de la sociedad, del poder y de la política, creemos que ese equilibrio no forma parte de una ley natural. Pero, la naturaleza nos enseña que, al perderse el equilibrio de un sistema, nos acercamos al borde del colapso.
Por décadas, se intentó acabar con insectos dañinos mediante aplicaciones masivas de pesticidas. Como respuesta, la naturaleza aplicó su mecanismo evolutivo, la selección natural, generando poblaciones con mutaciones que les permitieron sobrevivir a los pesticidas. Hoy, de acuerdo con la Food and Agriculture Organization (FAO), hay más de 600 especies de insectos y ácaros que presentan resistencia a pesticidas.
Algo similar ocurre con los antibióticos; su uso intensivo, generó bacterias resistentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asevera que las superbacterias causan 1.2 millones de muertes al año. La lógica natural es clara. Los sistemas naturales rechazan el desequilibrio.
Para la gente del campo, este principio no es algo abstracto, es experiencia cotidiana. El ejemplo clásico es la milpa, un sistema agrícola con más de 3,500 años de antigüedad. La milpa en la práctica es un policultivo donde se da una interacción simbiótica; un equilibrio permanente entre maíz, frijol, calabaza, quelites y otras plantas arvenses, así como entre insectos, microorganismos y el suelo vivo.
En la milpa no hay el poder del monocultivo, sino una convivencia equilibrada entre diferentes especies. No hay exterminio, sino regulación; los insectos, algunas malezas y hasta enfermedades como el huitlacoche son parte de la dieta campesina. En la milpa, el equilibrio es una práctica de supervivencia.

Si aceptamos que la biología, y en particular la ecología, funcionan bajo el principio del balance, ¿por qué insistimos en que la sociedad debe funcionar bajo lógicas absolutistas, izquierda o derecha, liberal o conservador? Hegel describió el fenómeno de la dialéctica como una tensión entre fuerzas opuestas que, lejos de anularse, generan una síntesis.
En la política, el equilibrio toma la forma de democracia, donde las visiones de igualdad, libertad, justicia social, responsabilidad individual, Estado y mercado, conviven y se regulan mutuamente.
Las sociedades más estables del planeta, como los países nórdicos, Canadá, Nueva Zelanda, entendieron las bondades de los balances dinámicos entre posiciones opuestas. Estas sociedades aprendieron lo que la biología enseña desde hace millones de años: la diversidad protege, el equilibrio fortalece.
En nuestro país, sin embargo, predomina un discurso que nos divide en dos bandos irreconciliables: “buenos” y “malos”, “liberales” y “conservadores”, “izquierda” y “derecha”. Esta narrativa, más emocional que racional, rompe los equilibrios para una convivencia democrática.
Si en la agricultura, el monocultivo empobrece el suelo y lo vuelve vulnerable a plagas y enfermedades; en las sociedades, el pensamiento único empobrece la vida democrática. Sin contrapesos, sin oposición funcional, sin diversidad de ideas, una sociedad se vuelve frágil, resentida y propicia el autoritarismo.
La historia nos enseña que donde muere la pluralidad, se marchita la libertad. Si queremos un país más justo, dejemos de dividir al país en bandos y empecemos a construir puentes. La democracia florece cuando dejamos de eliminar o descalificar a quien piensa diferente. ¿Usted qué opina?

