El enemigo dentro de la UAEM 

Con más de 41 mil estudiantes, la mayoría de ellos (unos 30 mil) cursando alguna de las licenciaturas que ofrece la institución, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos es una comunidad profundamente compleja, plural, con fuerte presencia en la mayoría de los municipios del estado. Se trata de un pequeño universo que lo mismo propone mejoras que reproduce (aunque sea de forma involuntaria) los males de la sociedad.  

La UAEM también supone una de las más grandes concentraciones de personas jóvenes y con poder de decisión sobre sus inclinaciones políticas e ideológicas, sus hábitos de consumo, y en gran medida la construcción de sus futuros y el del estado. Así que no falta quienes la han visto, tontamente, como un botín político o un bastión partidista. 

La comunidad universitaria no es ajena a los problemas cotidianos que padece Morelos, temas como la inseguridad, la salud mental, las adicciones, las crisis económicas y políticas también son problemas de los universitarios que a veces los enfrentan con estoicismo y otras los hacen resonar de acuerdo con agendas coyunturales. 

La crisis de inseguridad que aún vive Morelos, aunque su cúspide se dio en 2023 y 2024; fue uno de esos temas en que la UAEM ha sido una caja de resonancia. Por ello, pero más porque requería de urgente atención, la administración de la rectora Viridiana Aydeé León Hernández, inició enfrentando el tema, al principio (cuando aún gobernaban Cuauhtémoc Blanco y su banda) casi en solitario; después con el apoyo de la gobernadora Margarita González Saravia, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Miguel Ángel Urrutia Lozano; y el acalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado.  

En términos generales, la situación ha mejorado, los robos de vehículos y asaltos frecuentes a los estudiantes se han reducido en las unidades académicas de la universidad, algo especialmente notorio en las de Cuernavaca, donde tanto en el Campus Norte como en la zona de las escuelas de Ciencias de la Salud ocurrían delitos con una espantosa frecuencia. Antes de la desaparición de la estudiante Kimberly Joselin, el 20 de febrero pasado, muchos universitarios se habrían atrevido a decir públicamente que la UAEM estaba convirtiéndose rápidamente en un espacio seguro… 

El enemigo parece estar dentro 

Pero se habrían equivocado, no por los enormes esfuerzos y la notoria coordinación entre las autoridades de seguridad y la comunidad universitaria, sino porque el enemigo más peligroso de los universitarios parece estar dentro de la institución, en las aulas, los pasillos, las canchas y otros espacios; el crimen disfrazado de estudiante. 

Hace ya varios meses se investiga el probable involucramiento de estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos con grupos delictivos dedicados al narcomenudeo. Las indagatorias estaban ya en marcha cuando también hace tiempo un estudiante universitario fue asesinado en Cuautla, entre sus pertenencias se encontraron dosis de droga que se supuso eran para su venta. 

En el cúmulo de detenciones de “generadores de violencia”, y delincuentes comunes, hay casos que evidencian vínculos con políticos, autoridades municipales, pero también se reconoce que hay varios relacionados con la comunidad universitaria, o más exactamente, alumnos universitarios que operarían no necesariamente al interior de los campus de la UAEM, pero si en el tejido estrecho que construye el estudiantado en su vida en común. 

Aunque no se trata de un fenómeno nuevo (cualquiera que haya estudiado preparatoria o universidad podía decir quiénes eran los malandros entre sus compañeros, o por lo menos tenía claro qué lugares evitar para no encontrarse con gente peligrosa); lo cierto es que con núcleos criminales apuntalados por narcocorridos y series de televisión o streaming, mucho más cínicos en sus actividades y también profundamente más violentos; las juventudes actuales viven mayores peligros que quienes pasaron por la educación media superior o superior en los noventa, los 2000, o los 2010. 

Todo apunta a que los estudiantes universitarios hoy tendrían que ser mucho más cuidadosos en sus relaciones personales, en su vida cotidiana y, por supuesto, en sus hábitos que a veces pueden resultar en un aumento exponencial de los riesgos. 

Esto no significa, por supuesto, que alguna de las víctimas inocentes que han padecido crímenes cometidos a manos de quienes consideraban amigos, compañeros o por lo menos conocidos, tenga algo de culpa; pero sí que tendríamos que aprender las lecciones que nos dejan todos los casos. La mayoría de ellos, por cierto, pasan por la necesidad de establecer esquemas de autocuidado y cuidado de grupo (relacionarse con gente de bien, salir acompañados, compartir ubicaciones, hacer comunidades, entre otros que ayudan a reducir los riesgos, mucho más en escenarios de riesgo. 

Valdría la pena que en este reforzamiento de la seguridad en la UAEM se consideraran estos nuevos factores de riesgo, pero también el reforzamiento de los protocolos de autoprotección y protección en grupo. Y por supuesto, también que se trabajara en inteligencia criminal al interior de la UAEM para detectar los riesgos potenciales que las conductas de algunos alumnos (que no estudiantes) podrían representar para la comunidad universitaria. 

La desaparición de Kimberly parece apuntar en ese sentido, la posibilidad de que además del detenido el fin de semana hubiera otros alumnos involucrados en el crimen ha encendido las alertas en la comunidad universitaria desde hace días. Esta semana puede ser muy complicada para la UAEM aunque la institución ha demostrado que son muchísimos más los miles de universitarios decentes que las decenas de malandros infiltrados. 

@martinellito / martinellito@outlook.com 

Daniel Martínez Castellanos