
La epidemia del tabaco en México: cuando la inequidad fuma con más fuerza
David A Barrera Núñez, Luis Zavala Arciniega, Belén Sáenz de Miera, Fernando Austria Corrales y Luz Myriam Reynales Shigematsu*
Aunque la lucha contra el tabaquismo en México ha sido constante, una de cada siete personas en el país aún fuma, cifra que se ha mantenido estable durante los últimos 15 años. Este estancamiento representa un reto que, además, oculta una realidad preocupante y profundamente desigual. Un análisis interseccional reciente, basado en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, nos obliga a observar los matices y reconocer que la epidemia de tabaco afecta más a algunas personas que a otras.
Para entender mejor esta interseccionalidad, podemos pensar en una receta. Así como no se puede separar el sabor de la harina, el huevo y el azúcar una vez que un pastel está horneado, no podemos entender la salud de la población analizando características como la edad, el sexo y el nivel socioeconómico por separado. La identidad, esa mezcla única de características individuales, juega un papel importante en el estilo de vida y salud actual y futura de las personas. Este estudio analizó cómo la combinación de factores como el sexo, la edad, la urbanidad y el nivel socioeconómico ayuda a explicar quién fuma más en México.
El dato más impactante del estudio revela que el uso de tabaco se concentra en un grupo específico: los hombres jóvenes (25 a 34 años), que viven en ciudades y pertenecientes al nivel socioeconómico bajo. En este grupo, 41.8% reportaron usar tabaco, una cifra que casi triplica el promedio nacional (17.5%) y casi duplica la prevalencia en el grupo de hombres en general (26.8%). Es preocupante que 4 de cada 10 hombres en estas condiciones usen tabaco; una estadística tan alta que implica que estas personas están viviendo el nivel de consumo que teníamos en el país en 1998.
En el caso de las mujeres, el panorama es distinto, pero igualmente revelador de las desigualdades en nuestro país. Aunque en general las mujeres fuman mucho menos que los hombres (9.1%), esto aumenta en un grupo en específico: las mujeres jóvenes (25 a 34 años) que viven en ciudades y tienen un nivel socioeconómico alto. En este grupo, 16.7% usan tabaco, una cifra que prácticamente duplicó la prevalencia general en mujeres. Esto confirma que la epidemia de tabaquismo afecta de manera distinta a hombres y mujeres.

Combatir el tabaquismo en México es una prioridad de salud, pero también un acto de justicia social. Este estudio nos muestra que, a pesar de los avances generales en control de tabaco, existen grupos de la población mexicana que están siendo sistemáticamente dejados atrás. Para hacer frente a la epidemia, el enfoque no puede ser únicamente general, sino que debe dirigirse a las personas más afectadas por el uso del tabaco, poniendo la equidad en el centro de la política pública. Por ejemplo, el sistema de salud puede seleccionar intervenciones específicas como los impuestos al tabaco, que han demostrado reducir su uso precisamente en hombres jóvenes y de menor nivel socioeconómico, o prohibir los saborizantes en cigarros: una medida que disminuye el consumo en mujeres jóvenes. Además, debe ofrecer tratamiento médico especializado a las personas que quieran dejar de fumar, especialmente entre la población que más fuma. De esta manera, es posible aplicar leyes que tomen en cuenta las diferencias de género y logren disminuir el uso de tabaco en nuestro país, asegurando que los servicios de cesación y los beneficios lleguen, de forma prioritaria, a quienes más lo necesitan.
* Especialistas en salud pública. Invitados por el Dr Eduardo C Lazcano Ponce.


