
¡Tantos químicos! o la falsa dicotomía entre lo natural y lo químico
Todo empezó con un reel en Instagram. Daniel del Toro, un influencer gastronómico español, publicó un reel para hacer “ibuprofeno natural”. En los primeros segundos del video dice: “Qué ibuprofeno ni ibuprofeno, ¡antiinflamatorio con tantos químicos! Te enseño a hacer estas pastillas naturales antiinflamatorias que te van a encantar”.
Luego de ver el video, pensé que la narrativa de Dani del Toro era un excelente pretexto para reflexionar sobre varias cosas: 1) la falsa dicotomía entre lo “natural” y lo “químico”, 2) la idea de que “químico” es igual a nocivo y, 3) cómo se disemina el discurso pseudocientífico.
Hablo de “falsa dicotomía” entre natural vs químico porque, en rigor, toda la materia está formada por elementos químicos. Es decir que un cubito de mango, un tornillo de titanio, una rebanada de pizza, un ratón, nuestros brazos; todo está conformado por elementos químicos. Es muy probable que la mayor parte de las personas lo sepan, pero el asunto es que en oraciones como la del influencer la palabra “químico” no está haciendo referencia a la composición de la materia, sino que la coloca en la esfera de lo artificial, de ahí que use “químico” en oposición a “natural”. Un ejemplo que me gusta mucho para pensar esto es cuando una persona usuaria de drogas dice que solo consume natural, “nada de químicos”, y habla de las bondades de plantas como el peyote, la mariguana, la ayahuasca, la salvia divinorum, etc; y de lo nocivas que son le parecen las drogas sintéticas.
Esto me lleva al segundo punto, la idea de que químico/artificial es nocivo, mientras que natural es inocuo e incluso benéfico. Este punto es complicado porque en muchas ocasiones lo natural sí es mucho más deseable, como en la comida. Un producto ultraprocesado como una salchicha, en oposición a un alimento no procesado, fresco, natural, como una porción de carne de puerco. Al ser un producto ultraprocesado, la salchicha tendrá conservadores, aditivos, potenciadores de sabor, colorantes, compuestos derivados del procesamiento que pueden ser nocivos. Sin embargo, no siempre lo natural es mejor. Por ejemplo, algunos hongos del género Amanita tienen toxinas que causan insuficiencia renal y hepática, siendo mortales si no se tratan a tiempo. La cicuta (el veneno que dieron a beber a Sócrates) se extrae de una planta muy bonita de flores blancas llamada Conium maculatum. Las semillas crudas del ricino (Ricinus communis) contienen ricina, una toxina que actúa a nivel celular, potencialmente mortal que no se diluye en grasas (por eso podemos usar el aceite de ricino con seguridad). Y así muchos ejemplos más.
Finalmente, el punto 3: cómo se disemina el discurso pseudocientífico. Cuando Daniel del Toro o cualquier otro influencer, publica su video emitiendo un juicio de valor, está amplificando una narrativa que cuestiona el conocimiento científico. Quizá no pasaría nada si fuese una persona sin alcance mediático, pero tan solo en Instagram tienen la nada despreciable cantidad de 749 mil seguidores, mucho más que instituciones de salud, como el Ministerio de Sanidad de España (450 mil) o la Secretaría de Salud de México (418 mil). Al tener un gran alcance, los contenidos que produzca llegarán a muchas personas y en casos como este, cada vez más irá permeando la idea de lo nociva que es la medicina alopática, ya no solo un fármaco como el ibuprofeno, sino incluso tratamientos de enfermedades graves como el cáncer.

No olvidemos que incluso personas privilegiadas, con acceso a educación, información y recursos han puesto sus manos en la pseudomedicina, como pasó con Steve Jobs. El estado, la academia y la comunidad influencer necesitan trabajar juntas para contener los discursos anticientíficos. Ya no se trata solo de acceso a la información, sino de cómo comunicamos para que las audiencias reflexionen y decidan.
*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante


