

La venta de plazas en el IEBEM quiere seguir ahí
Tan enraizada y grave es la cultura de la corrupción en la asignación de plazas magisteriales que ni el escandaloso acicate de los gobiernos federal y el estatal al Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos, parece haber detenido los intentos de algunos vivales que con todo cinismo ofrecen a maestras y aspirantes a serlo espacios en el sistema de educación básica a cambio de todo tipo de favores, para lo que usan peligrosamente el nombre de la secretaria de Educación, Karla Aline Herrera Alonso.
Una historia de las que uno no quisiera escuchar
Uno va a almorzar tranquilamente cerca del IEBEM y, desgracia de tener las orejas expuestas, escucha a un maestro de educación física hablar con una joven maestra a la que presume de su amistad con la secretaria de Educación a quien hasta llama en la plática por su nombre “Karla me pidió”, “Karla me dijo”, “Karla nos va a ayudar, yo le diré y me lo debe porque yo la he ayudado”.
Entre paréntesis vale decir que en este espacio conocemos a Karla Aline Herrera Alonso desde hace varios años y la probabilidad de que tenga algún tipo de relación con la calaña de sujeto que habla y habla arruinándonos la deliciosa pancita en la mesa de al lado es prácticamente nula.
Pero la maestra, no tan inocente porque parece dispuesta a cualquier artimaña para hacerse de una plaza del IEBEM, seguramente no conoce a la secretaria de Educación, tampoco sabrá del escandalazo que hubo en el IEBEM y que mantiene bajo revisión antiguos procesos de asignación de plazas, y creerá que el profe ese de educación física (a pesar de su pequeñísimo tamaño en la escala burocrática) realmente puede conseguirle una de esas plazas que no solucionan la vida, pero ayudan un chingo, como decía mi cuate hace años. Si la profa le cree al tipo que (por cierto) la mira con absoluta lujuria, es porque sabe (y aquí hablamos no del conocimiento de lo real sino de lo percibido), que esas prácticas se daban desde siempre y cree (como un acto de fe casi religiosa) que se siguen dando.

El tipo sigue con las promesas, le ofrece, por ejemplo, que se podría transferir la plaza de nivel medio superior de la maestra (siguiendo la charla nos enteramos de que la tenía), para el nivel básico con todo y antigüedad y prestaciones, “vas a ver que está fácil, tú nomás haces lo que te diga, yo hablo con Karla”. Y la mujer creidísima de que eso podía pasar y de hecho pasaría porque aquél era medio su pareja (aunque ahí hay otro chisme de telenovela), y porque entonces el sistema entero está corrompido hasta la médula, aunque ella probablemente no se atrevió a pensarlo así sino solo como un “así son las cosas”.
La aspirante y el corrupto profesor de educación física se van del lugar.
Pero son muchas más historias
Entonces uno llama a sus amigos del sindicato y del IEBEM para comentar minidrama que hemos presenciado y nos cuentan otras historias similares, no con el mismo protagonista, por cierto. De hecho, no son pocos los profes y burócratas de la educación que han empezado a usar el nombre de la secretaria, o de alguien más en el gobierno estatal, para prometer plazas en el IEBEM a cambio de dinero o favores de otra naturaleza, mucho más corpórea, digamos. Los abusos de este tipo son una práctica frecuente desde hace años, pero con el desorden que habita en el IEBEM desde tiempos de Eliacín Salgado de la Paz (2018-2024), se han multiplicado.
Es decir, no se trata de inocentadas de las y los aspirantes a docentes, sino de un sistema que por muchos años ha hecho creer que el ingreso no se funda en capacidades, sino en favores; un esquema para el que el mérito no está en la mente, sino en la cartera, o en alguna otra parte del cuerpo.
No es culpa de la secretaria, Karla Herrera, que algunos vivales usen su nombre. De hecho, es evidente que ella, el gobierno federal y el estatal hicieron lo correcto en el golpe al IEBEM. La gobernadora ordenó el cese fulminante del exdirector, Leandro Vique Salazar y de otros funcionarios señalados por acciones u omisiones en el tráfico de puestos para el sistema educativo estatal. El gobierno federal inició una investigación sobre el presunto manejo irregular de plazas que incluiría no sólo a funcionarios, sino a particulares. Karla Aline Herrera se apersonó en el IEBEM junto a la secretaria de la Contraloría para mostrar que es ella quien, como cabeza de sector, manda en el organismo descentralizado. Hasta el SNTE hizo lo propio al acompañar las denuncias y guardar un diplomático silencio respecto de los probables responsables, mutismo que continuará hasta que haya resultado de las investigaciones.
Pero la corrupción no se erradica con una sola acción y los saberes populares tampoco se diluyen a partir de un símbolo único. Para que las y los aspirantes a maestros sepan que esos que les ofrecen plazas fuera del procedimiento oficial les están mintiendo, para que estén seguros de que el ingreso al sistema educativo estatal es un proceso de mérito profesional y para erradicar de plano cualquier posibilidad de corrupción en el esquema de asignación de plazas serán necesarias muchas más evidencias, mayor contundencia, sanciones a los responsables, denuncias contra quienes las trafican o simulan hacerlo, y por supuesto, mayor conocimiento, inteligencia y honestidad de las y los aspirantes y las y los docentes.
El voto de confianza continúa
Karla Herrera Alonso no ha hecho algo que nos haga dudar de su honestidad y capacidades; el voto de confianza sigue ahí; aunque debe cuidarlo mucho. Acercarse más al magisterio de educación básica, fortalecer la relación con los grupos de influencia, y mostrar que no tolera y está dispuesta a sancionar cualquier forma de corrupción podrían ser formas de que ese voto de confianza de quienes la conocemos se extienda al magisterio morelense. Así podrían diluirse esos perniciosos saberes que hoy tienen todavía los profes.
@martinellito / martinellito@outlook.com

