

Terminó el primer año de la LVI Legislatura
Este martes concluyó el primer año de la LVI Legislatura del Congreso del estado de Morelos, con aciertos relevantes, algunos que esperan todavía ser publicados en el periódico oficial Tierra y Libertad; escandalosos errores; omisiones graves; salvadas de último momento.
En términos generales se trata de un año legislativo que igual podría perderse en el olvido dada la pésima comunicación sobre los beneficios de las reformas conseguidas y, en cambio, las enormes sospechas que generaron algunas de las iniciativas.
El desvanecimiento de esta etapa legislativa sería, sin duda, profundamente injusto considerando que, aún sin grandes aspavientos, la LVI Legislatura empezó a cambiarle el rostro al estado a través de reformas jurídicas, destituciones y nombramientos, reestructuras y extinciones que, si bien en su mayoría venían de iniciativas y propuestas de los poderes Ejecutivos federal y estatal, aterrizaron y fueron matizadas, perfeccionadas o reparadas de plano en el pleno del Congreso cuya proclividad a conseguir acuerdos por unanimidad fue ejemplar, aunque para muchos añorantes de la confrontación, extraordinariamente sospechosa.
En el año legislativo que concluye, los diputados reformaron al Poder Ejecutivo local, aprobaron el presupuesto para el estado sin los sobresaltos a los que nos habían acostumbrado las legislaturas anteriores; removieron a un exfiscal general muy cuestionado y nombraron a uno nuevo; aprobaron la reforma judicial local y resolvieron la profunda crisis que vivía el Tribunal Superior de Justicia; reformaron el Poder Legislativo regresando a los 30 diputados que había en el pasado, pero incorporando a cuatro de ellos como de primera minoría; extinguieron el Instituto de la Mujer y también nombraron a la nueva titular de la Comisión de Derechos Humanos. Se trata de asuntos para nada menores por sus implicaciones políticas y porque demostraron en su momento que los coordinadores parlamentarios saben construir acuerdos y consensos de largo aliento.
A lo mejor por esos impactos políticos, y por las deficiencias que ya citábamos en la comunicación institucional, se perdieron de vista muchas de las reformas que tienen un impacto más sobre la sociedad que en la esfera política.

El impacto de la LVI Legislatura en la sociedad
La LVI Legislatura aprobó dos leyes que resultan fundamentales para el ejercicio profesional de los trabajadores de la educación en Morelos, la primera pertinente sólo a los de educación pública (que al final son la mayoría), en que se reconoce la obligación del Instituto de la Educación Básica de pagar la prima de antigüedad para los trabajadores de la educación; y la segunda, para todos los docentes, que protege a los docentes de acusaciones falsas y las garantiza protección jurídica y un debido proceso. También en el terreno educativo, se reformó la ley para que niñas y niños hablantes de lenguas indígenas reciban clases en su lengua originaria y en español.
En materia de protección a la niñez, quizá la más relevante en un estado donde la violencia vicaria y los problemas de guardia y custodia de los menores son un problema recurrente que amenaza la estabilidad familiar y emocional de la niñez, es la reforma que crea el Registro de Personas a Cargo de la Guardia y Custodia de Niñas, Niños y Adolescentes, que ofrecerá herramientas a los juzgadores para proteger y garantizar la seguridad de los menores en diferendos familiares. También se reformaron las leyes para garantizar que niñas, niños y personas con discapacidad intelectual reciban una explicación comprensible de las sentencias que les afectan.
También se aprobaron otras reformas, como la que sanciona la inseminación artificial, la esterilización y el uso de material genético sin consentimiento; una más castiga el acecho en cualquiera de sus formas; otra eleva las penas para quienes maltratan animales y distingue entre maltrato y crueldad animal imponiendo sanciones más severas para éste; una más autoriza permisos laborales con sueldo a mujeres diagnosticadas con dismenorrea grave; otra castiga el uso de inteligencia artificial para denigrar sexualmente a una persona; otra más erradica toda forma de discriminación y cierra la brecha salarial en el servicio público; una más salvaguarda los derechos de quienes son desplazados de sus comunidades por hechos de violencia o amenazas; una más regula y fortalece el papel en la economía de las sociedades cooperativas.
Cada una de estas reformas, por cierto, habría merecido información más clara y abundante sobre su aprobación y alcances por parte del Congreso del estado, o mínimo de sus diputados promotores. Solo Andrea Gordillo Vega y Rafael Reyes Reyes comunicaron bien sus iniciativas durante este año legislativo. Los demás deberán aprender a hacerlo no solo por una cuestión de imagen personal, sino por una obligación social.
Y dado que el Congreso de Morelos se ha vuelto con el tiempo especialista en la opacidad de sus iniciativas, los ciudadanos comunes tenemos que esperar a su publicación en el periódico oficial, Tierra y Libertad, para conocer los impactos de cada reforma, ya aprobadas, por cierto, lo que evita el debate con la sociedad que podría enriquecerlas.
Ojalá y los diputados aprendan que no basta diseñar, promover y aprobar reformas que ellos creen ayudan a la gente; también deben informarse, socializarse y enriquecerse a partir del aporte de la ciudadanía. Lo que hoy ocurre resta al conocimiento de la sociedad y, con ello, también a la legitimidad y aplicabilidad de cada ley.
@martinellito / martinellito@outlook.com

