

(Primera parte)
En torno a los Espacios Escénicos Independientes (o autogestivos) se tejen los más diversos misterios, mitos, prejuicios o francas falsedades. Tales asertos provienen principalmente de la ignorancia de dos lados de una rara moneda: la de las instituciones y funcionarios culturales, en una cara; y la de los colegas artistas que nunca han administrado y gestionado un espacio cultural, la otra cara. En lo que suelen coincidir ambas visiones es en una extraña percepción de que quienes llevan las riendas de un espacio escénico -gracias a unas matemáticas imposibles-, no sólo no necesitan dinero para sostenerlo en pie, sino que tampoco lo requieren para comer y que, por el contrario, obtienen pingües ganancias. Resulta sorprendente cómo las matemáticas, las sumas y restas, solamente funcionan para unos y otros cuando son a su favor, pero nunca hay la curiosidad de ver y entender por las que pasan los que a viento y marea procuran que un centro cultural palpite, sirva a la sociedad, cree comunidad y reciba en las mejores condiciones que pueda a colegas de otras agrupaciones artísticas.
Así, a nivel nacional, estatal y municipal, entre políticas culturales institucionales que no terminan por asumir que los espacios escénicos independientes son recintos de interés público y grupos artísticos que sienten que le hacen un favor al mismo al presentarse en su escenario, la incomprensión crece. Valdría la pena, por tanto, preguntarse con seriedad: ¿cuánto cuesta levantar y operar un centro cultural o espacio escénico independiente? Y en el caso de éstos últimos, para ser más puntillosos: ¿cuánto cuesta levantar telón cada día de función teatral o dancística? Haciendo un sondeo con colegas de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) de toda la República, los montos por levantar telón cada día van de los 3 a los 7 mil pesos dependiendo de la entidad y de la ciudad donde se ubica, así como el aforo del espacio. En cambio, las taquillas que producen los espacios, las más de las veces, no cubren siquiera los gastos de operación. Es decir, producir cultura escénica no es rentable; como tampoco lo es en los teatros institucionales. Si se hace un análisis de lo que cuesta a los organismos culturales gubernamentales o universitarios levantar telón veremos que es el mismo caso salvo que se cuenta con un presupuesto anual para ello. Que no sea rentable no quiere decir que no sea necesario. Sin embargo, todavía con el tufo de la ideología que hay detrás de la economía naranja, se pide a los espacios escénicos -que son de interés público– que sean autosustentables.
Hace unas semanas, un colega capitalino de un estado norteño de nuestra República, me hizo la solicitud de programarlo en el Centro Cultural Mulato Teatro en Ticumán, Tlaltizapán, Morelos, en el mes de julio aprovechando que pasará por CDMX haciendo breve gira. La conversación comenzó con del elogio desmedido al proyecto del espacio al cuestionamiento de lo poco que se le podía ofrecer en términos de taquilla (70/30), hasta llegar a su franco disgusto porque no aceptamos el favor que nos hacía a pesar de que -según se le explicó- lo más seguro es que la temporada de lluvias obligara a suspender su función en nuestro escenario al aire libre. No es la primera vez que nos pasa. Incluso remató diciendo que “él que venía por lana salió trasquilado”. A lo que yo agregué que su incomprensión de las condiciones de la contraparte nos convertía a todos en una manada pelona. Aunque ustedes no lo crean, lo único que le faltó al personaje fue cuestionar si podíamos pagarle directamente la función, porque ha habido llamadas en las que nos preguntan cuánto pagamos por función como si tuviésemos una caja fuerte con lingotes de oro esperando ser devengados o fuésemos institución pública con presupuesto anual. Lo dicho: incomprensión, desconocimiento, ignorancia.
En el Centro Cultural Mulato Teatro hemos recibido a cerca de 60 agrupaciones teatrales de Morelos, de México y del mundo en poco más de 7 años, siempre a riesgo, siempre con pérdida, siempre pensando en que es una inversión para crear públicos para el disfrute de las artes, para mover conciencias y crear una sociedad más justa, siempre desde la izquierda que es donde la sangre roja fluye a nuestros corazones aunque otros usurpen las izquierdas, feroz y rapazmente, desde la mayor de las imposturas, decepcionantes.
Cada vez que un o unos colegas se preguntan porqué un espacio escénico independiente, autogestivo o autónomo, por ejemplo, cobra un mínimo de renta antes del famoso porcentaje de taquilla: 30 (para el foro) y 70 % para la agrupación visitante; y la compañía se subleva, siempre echo en falta que la educación primaria no hubiese hecho una buena tarea con las matemáticas. No haber recibido clases de civismo también genera que la empatía no sea lo de hoy que, combinado con las fallas aritméticas, hace imposible un diálogo que, de ocurrir sanamente, haría que toda compañía o agrupación sin espacio se convirtiera en fiera defensora de los teatros independientes. Y es cierto, a nadie nos alcanza para financiar una temporada, aunque sea de las breves, las chiquititas. Se comprende, pero los culpables, en todo caso, no son los espacios escénicos o foros culturales. La desaparición de programas importantes como el Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes del gobierno federal, por ejemplo, sólo va a acentuar la crisis y posible desaparición de más espacios escénicos independientes en el país.

Por ello la rara moneda que mencioné al principio no resulta de dos caras sino cúbica (si se me permite la imagen). Pero a ello me abocaré en la próxima entrega. Vale la pena mencionar que durante la primera redacción de esta nota, la Secretaría de Cultura de Morelos anunció la próxima aparición de la Convocatoria Tlalli Red 2025 que “tiene como objetivo fortalecer la programación , operación y sostenibilidad de espacios culturales comunitarios mediante un apoyo económico, destinado a actividades artísticas, equipamiento y fortalecimiento legal y administrativo”. Estaremos atentos a sus Reglas de Operación.

Imagen cortesía del autor

